Escribo porque quiero

Un lugar donde escribo lo que pienso, sin pensar lo que escribo.

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Hoy habrías cumplido 81 años

Hoy, 3 de mayo, habrías cumplido 81 años. Hace unos meses te dije que no te preocuparas, que el que te visitaran los servicios de cuidados paliativos solo era para que tuvieses un mayor bienestar y ajustarte la medicación para que esos dolores tan insoportable que tenías remitieran y te permitieran poder moverte mejor, pero que esas visitas no significaban que estuvieses en el final de tu vida y que ya verías cómo celebraríamos todos juntos tu 81 cumpleaños. Esa fue una de esas afirmaciones que se hacen más con el corazón que con la cabeza, pues aunque se lo pedía a Dios todos los días para que así fuese, la cruda realidad era distinta y el egoísmo de no querer perderte impedía afrontar abiertamente que el final de tu vida estaba muy cerca.

Hoy habrías cumplido 81 años, pero aunque no has podido llegar a esa edad puedes estar muy satisfecho de haber tenido una vida plena, con muchos momentos felices, pero también con otros muchos muy duros que pusieron a prueba tu fe, tu fortaleza, el amor a tu familia y el sacar fuerzas para luchar por darles un bienestar, unos estudios, aun a costa de muchos sacrificios por tu parte. Y superaste la prueba, y con nota. El resultado fue una familia unida; unos hijos que te hacían sentirte orgulloso de cada uno de ellos; unos nietos con los que disfrutabas y que te ganaban fácilmente con un beso, una carantoña o un abrazo; unas nueras y un yerno que te querían como a un padre, pues eras el único abuelo que quedaba en la familia.

Hoy habrías cumplido 81 años, pero te fuiste como eras, con entereza, sin quejarte por tu suerte, afrontando la realidad, e incluso con la valentía de llamar a algunos familiares y amigos para despedirte unos días antes de entrar en ese sueño que prepara al espíritu para su viaje a otra vida; el día de tu entierro le dije a tu primo Andrés (primo, pero que erais como hermanos): “Tenía razón, era la última vez que hablabais cuando te llamó para despedirse”. Te fuiste en tu casa, rodeado de los tuyos; esperaste hasta tenernos a todos junto a tu lecho para marcharte, para encontrarte con Dios, ese Dios al que tanto amabas, pues aunque en esos momentos supongo que toda tu certeza en la Resurrección en otra vida se tambalearía y te surgirían dudas y miedos, tengo la seguridad  que alcanzaste la vida eterna y que todo el bien que hiciste en esos cerca de 81 años te está siendo recompensado. Tu cuerpo quedó aquí pero tú estas gozando junto al Padre, pues, “para que alguien pueda entrar en el Reino de los cielos, es necesario que nazca de nuevo” (Juan 3:3-5).

Hoy habrías cumplido 81 años, y tu huella sigue viva. Hemos ido mamá y yo a visitarte, pero antes hemos pasado a recoger unas rosas frescas para que el dulce aroma que desprenden te acompañe en este día, y hemos visitado tu lugar de trabajo, ese al que el día 3 de enero te llevé por última vez, pues no querías irte sin dejarlo todo bien cerrado, con esa responsabilidad y buen hacer que siempre te caracterizaba. Tus antiguos compañeros de trabajo te recuerdan con añoranza y mucho cariño, y tu sitio continúa vacío. Fuiste un padre para ellos como bien nos han dicho de nuevo. Al igual que para esa persona que te visitó justo una semana antes de dejarnos y que tiene la pena de que no cumplió su promesa de llevarte a su nieto para que lo conocieras; ahora sé que no fue casualidad su visita, que alguna fuerza invisible le dijo que fuese para que os pudierais despedir y daros ese fuerte abrazo con lágrimas de despedida, y esa es la mayor satisfacción con la que se tiene que quedar, el haber podido verte antes de que te fueras.

Hoy habrías cumplido 81 años y te hemos visitado junto con tus cuñados, Dori e Isidro, que han recordado lo bien que lo pasamos en familia justo hace un año celebrando tu 80 cumpleaños, o la fiesta sorpresa que te organizó mamá por tu 70 cumpleaños y que acudiste pensando que íbamos a una comida de las Cofradías y te encontraste allí con decenas de familiares y amigos… ¡Qué felices lo pasamos y cómo cambian las cosas en tan poco tiempo!

Hoy habrías cumplido 81 años… ¡Feliz cumpleaños, papá! Nunca olvidaré aquel abrazo y siempre te llevaré en mi corazón, pues como decía un escritor francés: “La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo.”


Guatemala, país de contrastes. Epílogo

Epílogo

La tarde del martes 12 de septiembre tomamos el avión de la compañía Iberia (un Airbus A330-300) que nos llevaría de regreso para España. Nuestra última noche en Guatemala la pasamos de nuevo en casa de nuestros amigos Lili y Óscar, que tan fabulosamente nos acogieron los primeros días en ese país junto a sus cuatro niños.

El día 12 de septiembre de 2017 dije adiós a Guatemala y a América, mi primer viaje a ese continente. Dije adiós a ese precioso país que me acogió con los brazos abiertos. Fueron trece días muy intensos, cargados de emociones, aventuras, bellos paisajes que me llevé grabados en la retina y en las tarjetas de memoria de la cámara fotográfica. Viví un intenso terremoto, lluvias tropicales con estremecedores truenos, días de calor, de frío.. pero sobre todo lo que me traje de vuelta para Murcia fue el corazón lleno de amabilidad, de amigos, de buenas personas que te dan lo que tienen, de gentes que dedican su vida a los demás.

Sirvan estos siete relatos que he escrito sobre mi viaje a Guatemala como agradecimiento a todas esas personas (algunas que conocía de antes, otras muchas que conocí durante esos días) por la formidable acogida con la que me recibieron: Mi agradecimiento a Lilian, Óscar, sus maravillosos cuatro niños, Eduardo, Jimena, Samuel, el pequeño Santiago y la abuela doña Lola, por acogernos en su casa, por mostrarme la ciudad de Guatemala, por llevarme a conocer el Océano Pacífico, por las molestias que ocasionamos al ocupar el cuarto de Edu y Sami, por estar Lili pendiente de nosotros todos los días que estuvimos por Guatemala, bien en persona o interesándose a través del celular (como se le llama allí al teléfono móvil).

Mi agradecimiento las hermanas de la Congregación de la Sagrada Familia del Colegio Belga Guatemalteco, donde pasamos nuestra primera noche en la ciudad y donde compartimos con ellas un rato de oración comunitaria.

Mi agradecimiento a mis amigos guatemaltecos de la familia Reynoso: Juan y Lucía, doña Marta, Manuel, Adelaida, Abigaíl, Juan Claudio, Betty, Bianca… y el resto de esa gran familia, donde nos ofrecieron en el asentamiento de San Vicente una suculenta comida y disfrutamos de una lluvia con truenos como nunca había visto.

Mi agradecimiento al padre Toribio Pineda de San Marcos, por su acogida en su casa parroquial, con el que compartimos amenas veladas de tertulias, un excelente vino chileno y con el que sufrimos esos interminables 93 segundos de terremoto.

Mi agradecimiento al licenciado Mario Juárez, una gran persona, y con el que pasamos una agradable tarde de lluvia disfrutando de un espléndido café del Tajumulco.

Mi agradecimiento también a las Hermanas del Colegio La Sagrada Familia de Chiantla, Huehuetenango, que hacen una gran labor educativa: Marta, Carmen María… y muy especialmente mi agradecimiento a la hermana Juana María Mansilla perteneciente a esa congregación, por su calurosa acogida, por sus enseñanzas, por sus amenas charlas, por compartir su ilusión por un mundo mejor, y sobre todo por fomentar proyectos para ayudar a familias necesitadas para que sus hijos puedan recibir estudios y no acaben trabajando desde muy temprana edad, como es lo más común por acá; en nuestro caso concreto por ser intermediaria de la Asociación Amigos de Guatemala de Alguazas en esos proyectos tan solidarios. Mi agradecimiento a las tres familias que la Asociación alguaceña está becando y que nos abrieron sus humildes casas, permitiéndonos conocer un poco sus vidas: Don Santiago y doña Candelaria, la señora doña Dorís y su hija Michelle, y doña Natalia y don Francisco.

Mi agradecimiento a Ricardo, que nos llevó todo un día de excursión por la Sierra de los Cuchumatanes contagiándonos su alegría y sabidurías de la vida, aunque nos dieran chivo viejo por cordero.

Mi agradecimiento a Monseñor Álvaro Ramazzini, por hacer un hueco en su apretada agenda para ir a visitarnos a Chiantla, por esa tarde de charla amena y por todas sus muestras de aprecio, así como sus buenos deseos hacia mi familia; espero que muy pronto podamos volver a encontrarnos en nuestro país.

Mi agradecimiento a todas esas otras personas que conocí esos días pero que mi mala memoria no recuerda sus nombres, perdón.

Mi agradecimiento a mi tío Fernando Bermúdez por insistir en que lo acompañara para que yo conociera este país al que le había dedicado 30 años de su vida y del que es un ferviente enamorado; por mostrarme rincones preciosos de este país tan injustamente maltratado, por contarme su historia y su situación social y política.

Mi agradecimiento a mi esposa Mari Luz, a mis padres, Juan Antonio y Ana María por animarme los tres a hacer este viaje.

Especialmente quiero destacar mi gratitud a mi padre, el que también quedó enamorado de ese bello país en cuanto lo conoció y que visitó cerca de una decena de ocasiones. Quiero darle las gracias en mi nombre y en el de muchos guatemaltecos por la gran labor que ha realizado para ayudar a esas gentes canalizando ayudas a través de la Asociación Amigos de Guatemala de Alguazas de la que es Presidente; por sus horas de desvelo preparando proyectos, documentación, informes de justificación de gastos, etc. sin esperar nada a cambio, tan solo el noble sentimiento de hacer algo por los demás y por querer hacer un poco mejor este mundo. Mi gratitud también hacia mi padre por insistirme en que fuese a Guatemala. Sé que era una ilusión que él tenía porque yo hiciese ese viaje, ya que era el único de la familia que no conocía Guatemala. Mi hermano Eduardo fue el primero de la familia en conocer el país donde estaba dedicando su vida nuestro tío Fernando. Después viajó mi madre en solitario y a partir de ahí mis padres juntos en varias ocasiones. Otro viaje lo hizo mi padre con mi hermana Encarni, por lo que yo era el único que quedaba por conocer ese país del que tanto se hablaba en nuestra familia.

 

Parte del resto de la familia Bermúdez también habían estado en Guatemala en alguna ocasión: Mis tíos Jesús y Encarnita (esa gran y buena persona que era nuestro añorado Jesús Bermúdez, que tristemente nos dejó el 20 de mayo de 2009) viajaron junto a mis padres a la inauguración del Centro Semilla de Esperanza. También mis primos Isidro y Pedro Fernando, éste último en un viaje que hizo a Guatemala junto a Ana, sobrina de Mari Carmen. Mi primo Isidro es otro miembro de la familia que ha viajado a América en varias ocasiones y ha tenido la suerte de subir al volcán más alto de Guatemala, el Tajumulco, con sus 4.222 metros de altura. Espero también poder subirlo yo alguna vez.

Ya para finalizar, y como amante de la fotografía que soy, confieso que en todos los viajes, excursiones, salidas al monte que hago con la cámara de fotos al hombro, siempre hay una imagen que resume esa actividad, una foto por la que dices que ha merecido la pena el esfuerzo de una caminata, una excursión, o en este caso, un viaje al otro lado del Atlántico. Siempre hay una imagen que destaca sobre las demás. Son cerca de 1.200 fotos las que realicé en esos 13 días en Guatemala, muchas de ellas de preciosos paisajes, de monumentos, de personas, y que son difíciles de seleccionar y escoger una sobre otras.

Lo que más sentía atracción para fotografiar en este viaje eran las personas, las gentes de Guatemala, sus costumbres, sus coloridos trajes, sus formas de vida, su situación… Y entre esas gentes, lo que más me impactó fue el ver niños en edad de estar jugando tener que trabajar para poder llevar unos quetzales a sus casas. En España, como en muchos países del llamado “primer mundo”, lo normal es que los niños a esas edades estén disfrutando de su infancia, correteando con sus amigos, estudiando para formarse…, pero aquí no, aquí lo normal es que muchos niños se pongan a trabajar a temprana edad y no vayan a la escuela. Fotografié a algunos de ellos desempeñando esas labores de adulto, no para exhibirlos o hacer una pintoresca foto, sino para denunciar, dentro de mis posibilidades, esa triste situación y mostrar gráficamente lo que está pasando hoy en día en muchos lugares del mundo, en este caso concreto en Guatemala. Unas fotos que poder enseñar a mis sobrinos, a amigos, difundirlas por las redes sociales para que veamos que somos unos privilegiados y unos afortunados al poder tener una vida llena del amor de nuestros padres, del confort de nuestros hogares, de juguetes, de las últimas tecnologías (videojuegos, tablets, ordenadores, móviles…) que somos afortunados de poder ir a la escuela, al instituto, a la universidad.

De esa multitud de fotos que hice, la imagen que puede resumir este viaje a Guatemala, y la que para mi ha merecido la pena toda esta experiencia, la tomé el día que hicimos la excursión por el Lago Atitlán. Después de la agradable travesía en lancha por los pueblos del lago comimos en un restaurante de Panajachel, y ya de vuelta a nuestro hotel para descansar íbamos caminando por la turística Calle Santander cuando los vi a lo lejos. A unos veinte metros por delante de nosotros caminaban dos chavales de unos ocho o nueve años y uno de ellos llevaba cogido por el hombro al otro, en señal de camaradería.

Caminaban alegremente, contándose sus cosas, riendo; se podría decir que se les veía felices. Los dos llevaban en una mano la pequeña caja de madera que tienen los limpiabotas donde guardan el trapo y el tarro de betún y que sirve de apoyo para el pie del cliente mientras limpian sus zapatos. Sus manos demostraban el color oscuro de esa profesión, unas manos que parecía como si llevaran guantes pero que era el color de la piel tintada por tantas horas aplicando crema a cientos de zapatos. Una profesión infantil desaprobada en nuestra sociedad europea pero que constituye el medio de manutención de muchas familias en condición precaria.

En ese momento llevaba la cámara réflex guardada en la mochila, precaución que solía tomar en zonas concurridas para no llamar demasiado la atención, pero también llevaba siempre en el bolsillo del pantalón una pequeña cámara compacta para captar alguna imagen interesante en esos “peligrosos” lugares (lo entrecomillo porque excepto en la Ciudad de Guatemala donde sí sentí la inseguridad y el miedo real de una ciudad inhumana, en el resto del país la sensación era la misma que en cualquier lugar de mi país, guardar unas mínimas precauciones de seguridad pero sin nada destacable) y pasar más desapercibido. Habitualmente Fernan y yo caminamos a un ritmo rápido, por lo que en pocos minutos alcanzamos a los dos niños. Sentí el impulso de fotografiarlos como si de un paparazzi sin escrúpulos se tratase, pero a la misma vez sentí el pudor de que al hacerlo de esa forma violentaría la alegre marcha de los niños, rompiendo ese momento de camaradería y abusando de su intimidad, sin tener yo ningún derecho a ello. Así que me adelanté un poco a mi tío, me puse al lado de los niños y les pedí por favor si no les importaba que los fotografiara. Los chavales se pararon y me dijeron que sin problemas. Se pusieron los dos juntos, en una pose que dentro de la humildad de sus seres, de sus ropas, reflejaban seguridad en sí mismos, en que estaban orgullosos de lo que hacían, reflejaban dignidad, en sus ojos se les veía que afrontaban la vida que les había tocado vivir con entereza, mirándola de frente. Y me puse la cámara en los ojos, sin tener en cuenta ningún parámetro de configuración, ni encuadre, ni fondo… disparé. Disparé una sola vez, sin comprobar el resultado pues quería cuanto antes salir de sus vidas y dejarlos continuar con su marcha hacia donde se dirigiesen, a sus casas o a otro lugar donde proseguir con la digna labor de limpiar los zapatos de otros. Sentía que era un intruso y que me estaba aprovechando de ellos. Metí la mano al bolsillo y le di un billete de cinco quetzales a cada uno, supongo que más que como obra de caridad como penitencia para aplacar mi conciencia. Quiero pensar que ese escaso dinero (menos de un euro para cada uno) les alegraría algo la tarde, que con él se comprarían algo que comer, o se lo darían a sus padres como complemento a lo que ganarían ese día limpiando zapatos. Pero también me quedé con la sensación de que yo expondré su fotografía, habrá a quien le guste, habrá quien me felicite por ella, habrá a quien le remueva las entrañas como me las removió a mí al verlos, pero esos niños continuarán con esa dura vida, sin poder estudiar, sin poder jugar pues tienen que trabajar, y pasarán los años y los más probable es que continúen toda su vida con esa profesión mientras esa imagen inmortalizada de cuando eran niños quedará guardada en el disco duro de un ordenador o en el interior de un libro de un viaje cualquiera de una persona cualquiera que un día se cruzó en sus vidas por unos segundos, y la vida seguirá igual, con miles de niños trabajando en vez de estar jugando o en la escuela y con turistas que se cruzan con ellos fotografiándolos, con el noble fin de denuncia pero con la cruda realidad de que para poco servirá, tan solo para mostrarlos como un trofeo de caza.

Guatemala, país de contrastes. Capítulo VII – Un mundo de ternura

Un mundo de ternura

El viernes 8 de septiembre la ciudad de San Marcos amaneció como un día cualquiera; el pueblo guatemalteco tiene grabado en el subconsciente que forman parte de la Naturaleza, que viven de ella y que ésta se manifiesta de muchas maneras. Para la cultura maya el ser humano es parte de un gran equilibrio ecológico, no tiene ningún derecho a quebrarlo, ya que significaría el fin del hombre sobre la Tierra. Los humanos somos llamados a respetar y defender la Tierra, lo cual significa afirmar el derecho fundamental de todos a la vida. La relación que tienen con el medio en que viven es de equilibrio y armonía. La Naturaleza es un todo, es movimiento y acción, por eso la tierra, las montañas, los árboles, los pájaros, las nubes, el agua, el fuego, los lagos, las lagunas, los ríos, todo tiene vida. Todo lo que está en la Madre Tierra es Sagrado, lo perfecto, lo valioso, lo sublime se deriva de una razón de ser que tiene una función, un lugar que ocupa y una misión que cumplir con profundo respeto. Por ello los terremotos, volcanes, huracanes, forman parte de esa Madre Tierra y lo aceptan como algo natural pues el universo físico es una red dinámica de sucesos interrelacionados. Toda esta sabiduría ecológica la han heredado del “Popol Vuh”, el libro indígena más importante de Amerindia, la “biblia” de las mayas. Así que el terremoto de la noche anterior que para mí fue toda una experiencia que no se me iba de la cabeza, para los habitantes de San Marcos era algo que lo comentaban, decían el susto que pasaron, lo largo que fue, contaban alguna anécdota, pero no les afectaba a su vida cotidiana, continuaban igual que la vida continúa, siguiendo su curso natural.

Fernan y yo nos despedimos del padre Toribio y las personas que tan amablemente nos había recibido, mientras los técnicos que estaban realizando la dirección de las obras de la Catedral habían llegado a comprobar que la estructura de ésta no hubiese sufrido ningún daño importante por el terremoto. Antes de marcharnos definitivamente de San Marcos pasamos a visitar y saludar a la familia que acogió a Fernan y Mari Carmen los primeros días que estuvieron en esta ciudad, recién llegados de la capital allá por 1999. Se trata de la familia de León Gilberto y Blanqui con sus hijos, una familia muy acogedora, solidaria y comprometida con la Iglesia. Tras pasar un rato con ellos emprendimos de nuevo viaje por esas carreteras tan deterioradas, esta vez con rumbo a la población de Chiantla, en el Departamento de Huehuetenango, al noroeste de Guatemala, frontera con México.

Allí nos alojaríamos en la congregación de religiosas de La Sagrada Familia (la misma congregación que nos acogió la primera noche en la ciudad de Guatemala) que tienen un internado donde dan estudios a 43 niñas que vienen de lugares lejanos donde no tiene posibilidad de estudiar, así como a unos 140 hombres y mujeres que al trabajar entre semana en las labores del campo solo pueden estudiar sábados y domingos. La persona con la que había hablado Fernan para que nos acogieran era la hermana Juana María Mansilla, una religiosa a la que conoce desde hace más de 40 años.

Tras varias horas de conducción estresante por esas carreteras por fin llegamos a Chiantla, población que estaba en fiestas por motivo de la feria de la Virgen de Natividad. Unas fiestas muy coloridas con numerosos puestos de comida por las calles, atracciones para niños, y desfiles varios.

Llegamos a medio día al Colegio e Internado para señoritas de La Sagrada Familia, y accedimos a sus instalaciones con el coche. El lugar, dentro de la humildad que se respira en la congregación, es un auténtico paraíso de paz y belleza. Al entrar, una inmensa zona de recreo con grama verde, árboles y coloridas plantas nos daban la bienvenida, todo presidido por un imponente árbol denominado comúnmente como “pito de la India” en el centro. En el fondo se encuentra una pista deportiva donde los fines de semana los jóvenes la utilizan para jugar al baloncesto y pasar un rato de sana y amable convivencia, algo muy necesario en este país donde la violencia está tan estandarizada en la sociedad.

Las hermanas nos recibieron extraordinariamente. La congregación es un lugar sencillo, pero bonito y donde se respira un ambiente de paz y fraternidad, y con unos preciosos gatitos correteando por los jardines.

 

Después de disfrutar de una exquisita comida a base de mazorcas de maíz cocido, frijoles, arroz blanco y tortitas de maíz, la hermana Juan María nos llevó a la zona de hospedería de la congregación. Tras cruzar por el lateral del inmenso recinto al aire libre, en un extremo de la propiedad se encuentra una edificación aledaña compuesta por una especie de claustro abierto por uno de los lados y con un bello jardín en su centro. En dos de los laterales más largos están ubicadas las distintas habitaciones individuales donde nos alojaríamos por tres días, y en el lateral del fondo la zona de aseos y duchas. Nos comenta la hermana que el terremoto había dañado el calentador de agua caliente, por lo que si queríamos ducharnos deberíamos de calentar agua previamente en cubos con un calentador eléctrico portátil que se introduce dentro del barreño y que si no llevas cuidado puedes acabar electrocutado; un utensilio que era la primera vez que veía pero que por allí parece que es de uso habitual. Para unos fornidos españoles eso no era un impedimento y antes de dormir me di una ducha fría que me dejó el cuerpo bien despierto por un buen rato.

Durante la cena la hermana Juana María nos adelantó cual sería el plan para el día siguiente, y que era el principal motivo de nuestro viaje a Guatemala. Iríamos a visitar a tres niños que la Asociación Amigos de Guatemala está becando para que puedan estudiar, ya que son de familias con escasos recursos.

En Guatemala el 45% de la población femenina es analfabeta y de la masculina el 25%. Pocos de los niños que inician sus estudios en edad escolar pueden terminar las educación primaria porque las familias son numerosas y los padres se auxilian con la ayuda de los hijos mayores, o bien para la crianza de los hijos pequeños, o bien para trabajar donde sea, sobre todo los niños en venta ambulante. Solo dos de cada 10 mujeres entre 15 y 19 años tienen estudios completos de primaria. El porcentaje de la población que termina la formación universitaria es muy bajo.

Otro fenómeno muy presente en la sociedad guatemalteca es el machismo, donde el hombre tiene toda la autoridad propiciando un ambiente para la violencia hacia la mujer, abusos sexuales dentro y fuera del ámbito familiar. En Guatemala el embarazo entre niñas adolescentes es otro gran problema social, pues uno de cada cinco niños que nacen en el país son hijos de una madre adolescente, y muchas veces producto de violencia sexual. En este tema la iglesia está haciendo una importante labor de concienciación entre las niñas y jóvenes.

 

El departamento de Huehuetenango, en el que estamos, es uno de los más pobres del país y donde la educación y la salud son áreas muy poco atendidas. La mayoría de la población es nativa y campesina y son muy altos los números de muertes maternas e infantiles. También existe mucho racismo en el país, donde la cultura nativa es vista negativamente por los criollos.

En este contexto social trabajan cientos de religiosos y religiosas (quien me conoce sabe que no soy partidario del uso de este lenguaje sexista para diferenciar entre géneros, pues soy un defensor del género neutro existente en nuestra rica lengua castellana, pero es cierto que en Guatemala, donde existe esa discriminación entre hombre y mujer se hace casi obligatorio su uso, como medida de concienciación de la igualdad que ha de existir entre hombres y mujeres) en América Latina, así que cuando la hermana Juana María llegó a esta localidad en 2016, quiso poner en práctica un programa que ya había realizado anteriormente en la zona de la que venía, Ixchiguan (el pueblo habitado más alto de Guatemala y de Centro América, con 3.200 metros sobre el nivel del mar). Este programa de ayudas consistía en becar a algunos niños cuyas familias fuesen muy humildes para que pudieran recibir unos estudios, ya que para las familias con sus propios medios lo tenían muy difícil, y sin una ayuda externa lo más probable es que no completarán ni tan siquiera los estudios básicos, acabando trabajando a muy temprana edad como infinidad de niños que me encontré durante esos días.

En este pueblo dejó en marcha un proyecto de dar becas de estudios a 18 alumnos a través de la ONG madrileña ADAL (Asociación de Amigos de América Latina) integrada por jóvenes y creada por el gran amigo de mi tío y también de nuestra familia, Manolo Burguillos, una gran persona que viviendo en Madrid creó esta asociación para, por una parte, generar solidaridad donde trabajaba mi tío Fernando, y por otra parte, crear consciencia en esa juventud española de la realidad social de América Latina. Estos jóvenes durante un mes de sus vacaciones veraniegas convivían en las aldeas con los campesinos, hospedándose en sus casas y a cambio les ayudaban con cursos de alfabetización para adultos, talleres de primeros auxilios y diversas actividades con los niños. En España recababan fondos durante el año para financiar proyectos de desarrollo comunitario, siendo éste de becar a niños para que estudien uno de tantos. Así que cuando la hermana se trasladó a esta nueva comunidad, a través de mi tío Fernando sugirió la posibilidad de que la Asociación Amigos de Guatemala de Alguazas hiciese esa misma labor con niños del entorno de Ixchiguan, labor que muy gustosamente la Asociación aceptó, ya que proyectos más grandes hoy por hoy son difícil poner en marcha debido a que los organismos oficiales en España han cerrado las subvenciones de ayudas a causa de la crisis, y este proyecto sí se podía financiar con las cuotas particulares de los socios, colaboraciones de amigos y la venta de lotería en Navidad.

La Asociación Amigos de Guatemala se creó en Alguazas allá por el año 1996. Mis padres, Juan Antonio y Ana María, eran conscientes de las necesidades que habían en Guatemala a través de mi tío Fernando. De hecho, mi madre, Ana María, estuvo en ese país en 1994, en un viaje que fue ella sola a visitar a su hermano y su cuñada y conocer el pais en el que vivían y su situación. El tener mis padres conciencia de la realidad de Guatemala hizo que se plantearan el recabar ayuda para poder ayudar a ese país al que mi tío estaba dedicando su vida, y lo hicieron durante años ayudando a familias concretas o apadrinando algún niño, como fue el caso de Adelaida, a la que ayudaron en sus estudios estando con sus padres exiliados en México. En un viaje a España de Fernando y Mari Carmen comentaron con la familia la idea que tenían de construir un centro de salud en la comunidad que estaban, en la colonia Hamburgo del municipio de Mixco, una población en los suburbios de la ciudad de Guatemala. La idea que tenía era que ese centro albergara clínicas de medicina natural, dentista, psicológica, así como una biblioteca y salas para talleres y clases a niños , pero que por si solos no podían sufragar el coste. Fue entonces cuando a mi padre se le ocurrió el crear una ONG para recabar fondos y poder subvencionar esa obra a través de cuotas de socios, canalización de subvenciones de Ayuntamientos y Comunidad Autónoma de Murcia y otras entidades, ya que por si solos ese proyecto era de mucha envergadura para una financiación doméstica. Así que con ese propósito la ONG Asociación Amigos de Guatemala se fundó en Alguazas con familiares y amigos, presidida por mi padre Juan Antonio, Cristino de Maya como Tesorero, con el fin de «promover dentro y fuera de la Asociación una actitud de responsabilidad, fraternidad y solidaridad con el bien común, sensibilizar a los socios ante las grandes desigualdades que existen en el mundo, especialmente en Guatemala, y conseguir los recursos que permitan que permitan realizar proyectos» (Art. 2 de los Estatutos de la Asociación). El primer proyecto que realizaron fue la construcción de este centro, el Centro Semilla de Esperanza, y a cuya inauguración, el día 13 de Diciembre de 1998, asistieron mis padres, mi añorado tío Jesús y mi tía Encarnita, contando en esa inauguración con la presencia del Nuncio de su Santidad en Guatemala, Monseñor Ramiro Moliner. Para su construcción contaron con una gran ayuda económica por parte Carmen Romero, del Comité Óscar Romero de Cartagena. Los Comités Óscar Romero nacen a partir del 24 de marzo de 1980, fecha en que fue asesinado Monseñor Óscar Romero por su compromiso con los más pobres, y están inspirados en valores de justicia, solidaridad y fraternidad cristiana. Existen Comités en América Latina y Europa. Para la financiación del centro también colaboró la ONG de la Iglesia Católica en España para la ayuda, promoción y desarrollo del Tercer Mundo, Manos Unidas.

En el año 1998 realizaron una campaña para recabar fondo a favor de los damnificados por el huracán Mitch, recaudando unos 26.000 $ que repartieron a partes iguales en Guatemala y Honduras.

En el año 1999 la Asociación inició el Plan de Infraestructuras en el asentamiento de San Vicente, culminando en el año 2000 con la construcción de 59 viviendas. Ese mismo año adquirieron siete máquinas de coser para la Asociación de Mujeres “Tejido Maya”. Dentro de ese proyecto estaba incluida una campaña de sensibilización en España para dar a conocer en colegios, institutos, y al pueblo murciano la situación de que sufrían el pueblo indígena guatemalteco. Con este fin viajaron a nuestro país Juan, Lucía, Manuel y Adelaida, y contaron sus vivencias en numerosos actos organizados por la Asociación Amigos de Guatemala de Alguazas.

Entrevista con el Consejero y Secretario General de la Consejería de Presidencia de la Comunidad Autónoma de Murcia

 

En el año 2001 lograron construir en el asentamiento de San Vicente un salón de usos múltiples y una escuela de estudios primarios, y en 2002 las Asociación colaboró en la financiación de la construcción de un puente para atravesar el río en el camino de acceso al asentamiento, que también lo visitamos días atrás y sobre el que escribí en el Capítulo III de estas vivencias.

Al año siguiente, en 2003, financiaron también la construcción de viviendas, escuelas e iglesia en otro asentamiento de retornados del exilio, en esta ocasión en San Ildefonso.

En 2004 culminaron el proyecto de construcción del Centro de Formación Integral en la parroquia de San Antonio Sacatepequez, en el municipio del mismo nombre en el departamento de San Marcos, donde Mari Carmen atendía las consultas y formaba a promotoras de salud para que desarrollaran esa actividad en sus aldeas.

En 2005 ayudaron a las víctimas del huracán Stan a través del Obispado de San Marcos.

En 2006 la Asociación Amigos de Guatemala de Alguazas financió la construcción del sistema de conducción de agua potable a la comunidad Nueva Valdemar, en el municipio de San Pablo, departamento de San Marcos.

En 2007 se puso en marcha el proyecto de construcción de 29 viviendas y una escuela en esa comunidad de Valdemar.

Entre los años 2008 y 2012, y a petición de la hermana Juana María, se inicia un proyecto en el municipio de Ixchiguan, departamento de San Marcos, para la construcción de una cocina escolar.

Ya en 2014 se pone en marcha estos proyectos que actualmente financia la Asociación para becar a alumnos. En el curso 2016-2017, según me cuenta la hermana Juana María, la beca es de aproximadamente 4.000 quetzales a cada familia, unos 550 €, que ella va entregando conforme lo necesitan y supervisando que realmente se emplea en la educación de los niños, pidiendo justificación de gastos, así como que éstos niños están asistiendo a la escuela y aprovechando sus estudios. ¡Gran labor la que hacen muchos religiosos y religiosas aquí en Guatemala!

Alumnos apadrinados por la Asociación Amigos de Guatemala en 2014

Así que esa mañana de sábado nuestro plan, y principal motivo de nuestro viaje, era visitar a esas tres familias becadas y conocer a los niños que estaban becados por la Asociación. Después del desayuno nos vino a buscar una de las niñas becadas, Alida, en compañía de su madre, doña Natalia, para acompañarnos a visitar a los otros dos niños. El lugar donde viven estas tres familias es la ladera de un monte, a las afueras de Chiantla, denominado Las Tejas. Este lugar está separado del pueblo por el río Selegua, el que se cruza a través de un puente peatonal de madera (hamaca le llaman aquí) y caminando después unos diez minutos por una senda que asciende ladera arriba.

La primera familia que visitamos fue la que más me impresionó de las tres, por las condiciones de extrema pobreza en la que viven (diría que más bien sobreviven) y por la situación del padre, al que le tuvieron que amputar una pierna hace unos ocho años. Según nos cuenta trabajaba en la venta ambulante de helados con un carrito, y un día le picó una culebra en el pie, se le infectó y cuando fue al médico le dijeron que había que cortarla ya que en el hospital de la capital no había camas para tratarlo ¡Así es la triste realidad de este precioso país! Desde entonces vive pidiendo limosna en los semáforos en su silla de ruedas por las calles de Huehuetenango, a donde va dos días por semana en camioneta (estos viejos autobuses de por aquí), algunas veces ayudado por su hijo y otras veces él solo subiendo a pulso en el autobús. Su nombre es don Santiago Nicolás. La madre, doña Candelaria Escobar, se gana la vida lavando ropa en casas ajenas por unos 15 ó 20 quetzales diarios (menos de 2€). Al llegar a la humilde casa, construida con paredes de adobe y techo de chapas, muy  amablemente nos invitan a sentarnos y charlamos un buen rato con ellos. Nos dicen que tienen tres hijos, “nada más” añade el padre: El hijo mayor, José Ricardo, de 15 años, nos cuentan que no quiere estudiar y está trabajando en una tienda vendiendo ropa (después la hermana Juana María nos comentó que no es que no quiera, es que no puede y ha de ayudar económicamente a la familia pues con los pocos ingresos de los padres no les da para vivir).

 

 

El Niño que está becado por la Asociación Amigos de Guatemala es un niño de 13 años llamado Pedro Pablo Juan, y está cursando 6º de primaria (aquí los estudios son Pre-primaria, de 3 a 6 años. Pasan después a Primaria que consta de 6 cursos; terminan este ciclo con unos 12 años y de ahí quién puede seguir estudiando hace el Ciclo Básico, que son tres años. Después se continúa con el Diversificado, que son dos años de Bachillerato, para continuar posteriormente con la universidad, o bien hacen 3 años de un bachillerato específico, para salir con una profesión; puede ser enfermería, perito en computación, perito contador, etc.). Nos cuentan que el niño hace unos dos años estuvo apunto de perder la vida al caer de un árbol, estuvo hospitalizado y se le ha quedado una gran cicatriz que recorre de adelante hacia atrás la parte derecha de la cabeza. El hijo pequeño se llama José Ricardo y está estudiando 5º de Primaria.

 

Con esta familia es con la que más tiempo estamos. A pesar de la humildad con la que viven es agradable estar charlando con ellos, sumado a todas las historias que nos cuenta el patriarca de la familia sentado en su silla de ruedas. Desde historias de cuando el conflicto armado y que lo querían matar por lo que dormía con un machete bajo la cama, pasando por que Candelaria es su segunda esposa ya que Dios según nos dice así lo quiso, hasta contarnos lo que más me impactó: El terreno donde habitan no es de ellos y el propietario de las tierras les ha dicho que cuando los niños terminen los estudios primarios se han de ir ya que tiene esos terrenos vendidos. Según nos cuenta no es cierto, pero que quiere echarlos de allí y no sabe dónde irán si lo cumple.

Por la casa y el pequeño terreno corretean unos pollos, y comentan que de vez en cuando se los roban cuando no están en casa. Como dice el dicho, ¡a perro flaco todo son pulgas! La generosidad con la que nos reciben es tal que nos ofrecen pasar al humilde salón que es toda  la vivienda para invitarnos a una taza de café acompañada por unos deliciosos, dulces y calientes tamalitos hechos a propósito para nosotros. ¡La grandeza del ser humano, cuanto menos tienen más generosos son y ofrecen lo poco de que disponen!

Nos despedimos de ellos, no sin antes darnos repetidamente las gracias por lo que la Asociación está haciendo por su hijo al darle una oportunidad para que estudie, expresando la madre este agradecimiento con lágrimas en los ojos.

Y acompañados por la señora Natalia y su hija Alida nos encaminamos a través de otra senda a visitar a la otra niña becada.

Ésta sale a recibirnos a mitad de la senda, pues según nos dice los sábados y domingos trabaja de 8 de la mañana a 2 de la tarde en una cafetería, y que al jefe le había pedido entrar hoy más tarde para estar un rato con nosotros. Para llegar a su casa hay que hacerlo por una senda que desciende en pronunciada pendiente, a tramos está bastante rota, y al llegar al lateral de la vivienda hay que pasar por el estrecho paso que queda entre una canaleta de agua sucias y una alambrada de espino, quedando un paso de no más de medio metro en pendiente. Según nos responden a mi pregunta, ya que la alambrada se ve reciente, antes había un paso más ancho y cómodo que bajaba al pueblo atravesando un pequeño bosque, pero que hace un mes el propietario, un vecino de Chiantla, valló su terreno alegando que la gente le quitaba las ramas secas de los árboles ¡La otra cara amarga del ser humano, su avaricia y no ser capaz de dar algo que tú no necesitas o te sobra a los demás!

Entramos en la vivienda, otro salón con dos camas, donde nos espera la madre de Evelyn Michelle López, la segunda niña becada. La señora se llama Doris Ortiz y nos cuenta que quedó viuda hace dos años tras la muerte de su marido en un accidente. En un rincón del salón tienen un pequeño altar con una fotografía del padre de familia fallecido y recuerdos varios.

Michelle tiene 16 años, está estudiando 3º de bachillerato y nos dice que le gustaría seguir estudiando para ser maestra de primaria, y que sus planes son estudiar y trabajar para ayudar a su madre. Se ve una niña muy inteligente, extrovertida y espabilada. Nos muestra sus calificaciones de la última evaluación y comenta que ha sacado la segunda mejor nota de su clase. También nos lee una carta dirigida a la Asociación Amigos de Guatemala de Alguazas, donde expresa su agradecimiento por la ayuda que se le está dando para poder estudiar.

 

Esta señora tiene dos niños más, de menor edad que Michelle, que es la mayor: Berni, de 8 años, que estudia 2º de primaria, y otro mayor de 13 años que está en la ciudad de Guatemala cursando 1º de Básico en un internado llamado “Villa de los niños” de una congregación de religiosas coreanas y que, según nos cuenta su madre, está muy triste por estar tan lejos de su familia. Después también nos comentaría la hermana Juana María que la madre lo tuvo que dejar allí por no poder darle estudios; está con una beca de esa congregación y solo le permiten a la madre dos visitas al año, y él solo dispone de 10 días de vacaciones para poder venir a su hogar. A la madre la tienen empleada las hermanas de La Sagrada Familia en el colegio como cocinera.

Al despedirnos, tanto la madre como la hija, nos muestran de nuevo su agradecimiento por la ayuda que se les está dando. Y volvimos a salir de la propiedad por la misma senda estrecha junto a la alambrada de espinos.

Ya por último fuimos con doña Natalia y su hija Alida, nuestras guías, a visitar su casa. De las tres familias ésta es la que más cómodamente vive, dentro de la humildad en la que transcurren sus vidas, ya que a la vivienda se puede acceder con vehículos a través de un camino de tierra, aunque nosotros lo hicimos a pie. Al llegar a la casa uno de los hijos estaba lavando los cacharros en una pila que hay en el exterior.

Pasamos al interior de la vivienda, otro salón con tres camas y una pequeña y vieja televisión en un rincón, y allí nos pusimos a charlar con ellos. Alida López, la tercera niña becada, tiene 14 años, estudia 2º de básica en el Colegio “Fe y Alegría”, un proyecto educativo de los Jesuitas de llevar centros escolares a las áreas más marginadas de América Latina. Nos cuenta que tarda unos 30 minutos en ir caminando a la escuela, y que su ilusión sería estudiar enfermería. Mi tío Fernando le dice que es muy importante que estudie para tener un digno trabajo con el que ganarse la vida, y que también esa profesión le permitirá poder ayudar a los demás.

 

El padre de familia se llama Francisco López y es jornalero en el campo, y su día libre, los domingos, trabaja limpiando y arreglando los jardines del colegio de las Hermanas de la Sagrada Familia. Son cinco hijos, la niña y cuatro varones. El mayor se llama Selvin David, tiene 17 años y está estudiando Bachillerato en computación (informática). Le sigue Béder, de 16 años, y que estudia 3º de Básico en el mismo colegio que su hermana. El niño que estaba fregando fuera y que entra al rato a sentarse en una cama junto a su madre se llama Olander, tiene 12 años y estudia 5º de primaria, también en el mismo colegio. Por último está Francisco, de 6 años y que está en párvulos. Es un niño con una mirada abierta y penetrante, pendiente en cada momento de lo que hacemos, decimos y de las fotografías que yo tomaba.

Una vez más la madre, doña Natalia, nos transmite el agradecimiento de su familia por estar ayudando a uno de sus hijos, y le pide a Alida y Olander que nos acompañen de regreso al pueblo. Durante los cerca de 20 minutos de caminata vamos dialogando con ellos, aunque son algo tímidos y hay que sacarles las palabras con preguntas sobre cuestiones varias.

Ya por la tarde estuvimos un buen rato hablando con la hermana Juana María y nos puso al tanto de los detalles de los tres niños becados, mostrando los apuntes del dinero que se le iba entregando a cada uno de ellos, así como los justificantes que los patojos (como aquí se les dice a los niños) y sus familias le entregaban certificando que el dinero se empleaba en los gastos educativos de los niños.

Sinceramente, uno se queda con la sensación de que es muy poco lo que se está ayudando, en un país donde hay tantas necesidades en la mayoría de la población y los niños son los más vulnerables. Muchos acaban dejando sus estudios primarios y poniéndose a trabajar desde bien jóvenes, y muchas niñas se quedan embarazadas bien jovencitas, con 13 ó 14 años. Pero como bien me dijo la hermana Juana María, con uno solo que se ayude ya habrá merecido la pena, habrá una persona que tendrá una oportunidad de no acabar así. ¡Cuánto mejor si son algunos más! Esta conversación con ella la tuvimos mientras nos mostraba el bello huerto que dispone la congregación, con numerosas plantas de café, mangos, y unas cochineras con tres “coches” (cerditos) uno de ellos algo enfermo y que lo estaban medicando diariamente. Sentados en un banco la hermana Juana María nos dijo que había veces que en ese lugar se sentía demasiado cómoda, demasiado a gusto con la vida que llevaba, algo que le removía lo más profundo de su ser. Esa es la grandeza de estas personas, su compromiso con los demás, con los pobres, con los necesitados, su empatía hacia ellos hace que a menudo se sientan mal por vivir en mejores condiciones que ellos.

Ya por la noche vino a visitarnos desde la ciudad de Huehuetenango una antigua compañera de mi tío Fernando en el equipo interdiocesano de pastoral de Derechos Humanos, Vivian López, junto con su esposo Robin. Una agradable pareja muy comprometida con la realidad de su país, muy humanos y solidarios con la gente necesitada. Ella y su marido trabajan en su oficina de abogados y son también profesores en la facultad de derecho de la universidad en Huehuetenango. Con ellos dos salimos a dar una paseo por Chiantla y cenamos en una pizzería de la localidad.

A la mañana siguiente, domingo, en el colegio tenía Fernando otra actividad programada con motivo de nuestra visita. En el Colegio de la Sagrada Familia los sábados y domingos imparten clases a personas que trabajan entre semana con la finalidad de apoyarles para que consigan una vida más digna para ellas y sus familias. Este programa de estudios está promovido por el IGER (Instituto Guatemalteco de Educación Radiofónica), una institución privada, sin dependencia política o confesional, de carácter no lucrativo. Su cobertura incluye alfabetización, primaria y ciclo básico y se imparten clases en español e idiomas mayas. Estos programas gozan del reconocimiento del Ministerio de Educación, por lo cual los estudiantes obtienen diplomas oficiales después de finalizado cada ciclo de estudios. En el Colegio “La Sagrada Familia” también trabajan como Centro de Promoción de la mujer. Así que la hermana Juana María Mansilla pidió a Fernando que diese una charla a los cerca de los cien chicos y chicas que acudían a clase ese día. La charla trataría sobre las desigualdades del mundo y los problemas de la migración. Fue una charla muy amena e instructiva. Fernan explicó la gran parte de la población mundial se encuentra en el hemisferio sur, el 80%, mientras que en el norte está el 20% de la población. Por contra, el 80% de la riqueza del Planeta Tierra está en manos del 20% de la población, mientras que el otro 80% tiene que conformarse con el 20% restante. ¡Gran paradoja!

En otro punto de la charla Fernando preguntó a los jóvenes asistentes cuántos de ellos tenían algún familiar emigrado en Estados Unidos, que levantasen la mano. Prácticamente todos la levantaron.

Ese es otro gran problema de este país, los jóvenes ven su futuro emigrando a Estados Unidos, muchos de ellos de manera ilegal. La Unicef señala que el 90.5 por ciento de quienes emprenden el viaje busca aumentar sus ingresos económicos mediante un empleo en el extranjero (sobre todo en Estados Unidos), así como para enviar remesas y cumplir con el sueño de construir una vivienda digna, cosa que ven imposible si permanecen en Guatemala. La pobreza, la falta de oportunidades de empleo, la desigualdad y la violencia, empuja a muchos a salir. Tal decisión, sin embargo, conlleva el riesgo de ser deportado o, en el peor de los casos, a ser atracado, violados, capturados por mafias de trata de mujeres, de tráfico de órganos, llegando muchos incluso a morir en el intento. Es por ello que Fernan incidió que esa no es la solución, que tienen que prepararse académicamente y humanamente para cambiar su país, para hacer que, Guatemala en este caso, pero igual otros muchos países del mundo, la política esté al servicio de sus ciudadanos y no de los poderes económicos o del narcotráfico, o de la industria armamentística. Tienen que solucionar su país desde dentro, no huyendo.

Después puso una presentación sobre lo que está sucediendo con los refugiados en el Mediterráneo, el mayor drama humano en la actualidad desde la II Guerra Mundial, que aunque pilla muy lejano a Guatemala la situación es muy simila a la de otras zonas del mundo: El sur emigra hacia el norte, el norte explota al sur. Fernan relató sus vivencias junto a Mari Carmen en el campo de refugiados de Katsikas, en Grecia, donde pasaron un mes colaborando y recabando testimonios con los que después escribió el libro “El grito de los refugiados”, del que ya ha sacado la 4ª edición.

Fue algo más de una hora de interesante conferencia en la que los jóvenes asistentes permanecieron muy interesados y tomando notas.

Al término se abrió un turno de preguntas. Tras esta charla, los alumnos se quedaron en la sala y prosiguieron con sus clases. Me chocó el hecho que, tanto en el alumnado del Colegio de la Sagrada Familia como en prácticamente todos los colegios del país, los alumnos vistieran con uniforme, algo que pensaba que sin tan mal estaba la situación económica de muchas familias era un contrasentido gastarse un dinero en uniformes. Se lo comenté después a la hermana Juana María, y la respuesta que me dio es totalmente coherente: En Guatemala existen 25 etnias, 22 de ellas de origen maya, y luego están los ladinos y criollos. Como he comentado es un país con una gran discriminación hacia los indígenas, y en muchos colegios el que una alumna fuese vestida con su traje indígena era motivo de burlas de otros compañeros con mayores recursos, dándose también la discriminación por la forma de vestir. El uniforme hace que todos sean iguales, y que nadie sobre salga de otros por tener mejores vestimentas.

Para el resto de la mañana de domingo nos habían programado una excursión por la cercana la Sierra de los Cuchumatanes, en compañía de otro gran amigo de mi tío, Ricardo, el que nos llevaría de excursión en su carro por, y nos acompañaría también Carmen María, una profesora del Colegio de la Sagrada Familia que llevaba poco tiempo allí y no conocía mucho la zona. Carmen María fue profesora muchos años en un colegio de la capital de Guatemala, pero por distintas causas decidió dejarlo e irse a dedicar su tiempo con las religiosas de La Sagrada Familia y dar clase a esas niñas con escasos recursos económicos; y por lo que nos comentaba ahora estaba muy feliz en este lugar. El destino de la excursión era conocer el pueblo de Todos Santos, inmerso en la sierra a 2.500 metros de altitud. Durante el trayecto nos cuenta mi tío Fernando que en 1981, en plena Guerra Civil (Conflicto Armado Interno como se le ha llamado en Guatemala tras los acuerdos de paz de 1996) la hermana Juan María lo acompañó a visitar el pequeño pueblo de al que nos dirigíamos, y que al llegar tras dos horas y media de camino les sorprendió encontrar a la entrada del pueblo ver hombres armados que los saludaban amablemente. Cuenta que en la localidad reinaba un ambiente festivo, con personas tocando marimbas en el parque central y la bandera del EGP (Ejercito Guerrillero de los Pobres) ondeaba en el balcón de la municipalidad (ayuntamiento) junto a la de Guatemala. Por las calles había gran número de guerrilleros charlando con la población. Dice que la sensación era que el pueblo de Todos Santos se sentía liberado. Días después, el ejército invadió el pueblo con helicópteros y tanquetas y los guerrilleros tuvieron que huir a las montañas, produciéndose numerosos asesinatos y secuestros por parte de los militares.

Entre estas amenas charlas fuimos ascendiendo por la carretera de montaña, que aunque algo estrecha y con numerosas curvas el firme estaba en buen estado, lo que hacía que el viaje no se hiciese muy pesado. Paramos en un mirador donde se observaba todo el valle de Chiantla y Huehuetenango, tiempo que aprovechamos para hacer algunas fotos.

Este mirador está dedicado al poeta Juan Diéguez Olaverri, y en él hay varios grabados en piedra de los versos sobre los Cuchumatanes que hicieron celebre a este poeta guatemalteco. La historia relata que el poeta visitaba este lugar para inspirarse y escribir sus poemas, tomaba los bellos paisajes como referencia y los plasmaba en sus letras.

¡Oh cielo de mi Patria!
¡Oh caros horizontes!
¡Oh azules, altos montes;
oídme desde allí!
La alma mía os saluda,
cumbres de la alta Sierra,
murallas de esa tierra
donde la luz yo vi!

Del sol desfalleciente
a la última vislumbre,
vuestra elevada cumbre
postrer asilo da:
cual débil esperanza
allí se desvanece:
ya más y más fallece,
y ya por fin se va.

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Continuamos ascendiendo hasta una gran planicie a más de 3.000 metros de altitud donde paramos de nuevo para contemplar el bello espectáculo de esa imponente naturaleza, con unas preciosas flores silvestres de color rojo que delimitaban la carretera y caminos, como si fuesen flechas de fuego que apuntaban al cielo azul.

 

En el camino encontramos a varias personas haciendo “auto stop” y ataviados con los trajes típicos de esa zona, los hombres pantalón y camisa de rallas y las mujeres vistosos cortes (faldas) y huipiles bordados a mano. Aunque nos había advertido que no recogiésemos a nadie en la carretera, pues era una forma muy común de atraco, en esta ocasión sí lo hicimos pues en esta zona rural de montaña la inseguridad no es tanto como en las grandes ciudades o concurridas carreteras. Así que nuestro conductor Ricardo paró en dos ocasiones para que, primero un joven, y después una joven madre con su niño, montasen en la parte trasera del “pick up” para llevarlos hasta la población de Todos Santos. Un gesto de solidaridad en ese país con tanta inseguridad.

Al entrar en la población encontramos prácticamente a todos los vecinos ataviados con sus trajes típicos, unos que salían de la misa dominical, otros que descansaban en la plaza del pueblo, otros comprando o vendiendo en un coqueto mercado, y algún que otro ya algo pasado de “tomar” más de la cuenta.

Entramos a visitar la iglesia donde nos recibió el párroco amablemente y que nos contó que el terremoto de la noche del jueves había causado una enorme grieta en la fachada principal del templo.

Después insistió en que lo acompañáramos hasta su casa, una vivienda aledaña a la iglesia y que estaba decorando con muy buen gusto. El párroco era una persona joven, muy agradable, y con buen gusto para el vino, pues disponía en un mueble tres botellas de vino de Rioja Marqués de Riscal. Una vez que nos despedimos de él fue el tema de conversación y bromas entre nosotros cuatro, sobre todo entre Ricardo y yo, comentando entre risas que bien se podía haber marcado el padre un detalle y habernos “donado” una de esas botellas para la comida. Ya nos puso los dientes largos e intentamos compar algún vino por el pueblo para la comida, pero la tarea fue infructuosa. Tuvimos que conformarnos con unas cervezas Gallo.

Tras dar un paseo por el pueblo, hacer fotos a la población previa solicitud de permiso para fotografiarlas (no siempre, la verdad, muchas fotos fueron «robadas». A la población de Guatemala, como en cualquier parte del mundo, no les gusta que las fotografíes) emprendimos el regreso parando antes en un restaurante de carretera donde según nos comentó la hermana Juana María hacían un estupendo cordero asado (así se le llama allí echo la brasa). La verdad, aquello que nos pusieron dudamos si era cordero o más bien algún viejo choto cansado ya de vivir, nada que ver con el cordero segureño de nuestra tierra y que tanto añoraba en aquellas latitudes transoceánicas.

En esa excursión conocí a otra gran persona, Ricardo, una persona también comprometida con la realidad de su país y con una alegría que contagiaba a los demás. Esto quiero destacarlo ya que su historia personal es dramática y te hace ver el poder que tiene el ser humano para sobreponerse ante las adversidades. Conocía su historia por mi tío Fernando, la había contado en varias ocasiones, y cuando cogí un poco de confianza con él dudaba si sacar el tema o si se sentiría incómodo de hablar de ello. Durante la comida en aquel restaurante llamado “Amparito” me decidí a preguntarle, y con toda naturalidad habló de su tragedia:

Ricardo trabajaba también en la defensa de los pobres y denunciando la explotación que sufren los campesinos en Guatemala por parte de los grandes terratenientes que se apoderan de sus tierras y los expulsan de sus humildes casitas. Un día, estando él fuera de su domicilio, unos sicarios enviados por alguien que le incomodaba la labor que realizaba fueron a su domicilio donde se encontraban su mujer y su hija de unos tres años. Amenazaron a su mujer y en un forcejeo uno de los sicarios golpeó a la niña, causándole la muerte. Esto hizo que dejaran todas sus pertenencias, su familia y se fuesen de Guatemala. Vinieron a España, concretamente a Murcia. Aquí estuvieron algunos años, pero la muerte de la niña pasó factura a la pareja y se separaron. Ricardo estuvo trabajando unos meses en Irlanda, luego se marchó a Canadá, estuvo unos años y después regresó a su país natal donde está inmerso en un proyecto para educar a adultos y del que está buscando financiación. Pretende crear una escuela para padres para que tengan apoyo psicopedagógico para acompañar en la educación de sus hijos, que den educación y orientación sexual, terapia familiar, terapia a madres solteras y terapia a los hijos que sufren las consecuencias de la desintegración familiar. Según refleja en su proyecto “Porque se entiende que la familia es concretamente el ámbito donde podemos prever individuos mental y psicológicamente sanos”. Espero que tenga suerte y que este proyecto pueda pronto ser una realidad.

Ya por la tarde esperamos en la congregación a monseñor Álvaro Ramazzini, obispo de Huehuetenango y buen amigo de mis tíos Fernando y Mari Carmen, y gracias a ellos de mis padres y de toda nuestra familia, el cual vendría a visitarnos y pasar esa tarde con nosotros.

 

Fernando conoció a don Álvaro en el año 1981 cuando era rector del seminario nacional y descubrió a una persona sensible al dolor del pueblo, solidario con los necesitados, comprometida en la defensa y promoción de los derechos humanos. En 1989 nombraron a Álvaro Ramazzini Obispo de San Marcos y realizó un largo viaje por todo el departamento para conocer la realidad de la mayoría del pueblo guatemalteco, ese pueblo empobrecido, carente de servicios de salud y de educación, sin tierras, marginada. Según manifestó don Álvaro, la realidad impactó en su vida, y optó por ser un pastor de todos, pero con preferencia en los más pobres. Esto le ha supuesto estar amenazado de muerte en varias ocasiones, ha sufrido atentados por parte de los sicarios de los grandes terratenientes, pero también ser galardonado con numerosos premios nacionales e internacionales, destacando La Orden “Monseñor Gerardi a los Derechos Humanos” de la iglesia de Guatemala y el premio “Pacem in terris”, premio que también fue concedido en su tiempo a John Kennedy, a Luther King y a la madre Teresa de Calcuta. Fue Presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala y de América Central. En San Marcos trabajaron estrechamente mis tíos con monseñor Álvaro Ramazzini, y en sus numerosos viajes por Europa aprovechaba en ocasiones para visitar Murcia y nuestro pueblo de Alguazas, haciendo alguna escapada para bañarse en las aguas del Mediterráneo en Mazarrón, lugar al que nos dijo que le gustaría regresar pronto. Esperemos que así sea.

Pasamos una agradable tarde en compañía de don Álvaro y las hermanas de la congregación, compartiendo un té y hablando ellos de tiempos pasados, de la triste realidad del país, de proyectos futuros… todo en un ambiente de gran humanidad, de sencillez, de espiritualidad, de fraternidad. Aquello era una isla en medio de tanta injusticia que sufre ese gran país pero que gracias a esas personas que dan su vida por los demás hace que no se pierda la esperanza en un mundo más humano y solidario, en el Reino de Dios que proclamó Jesús de Nazaret. Así es la Iglesia de Guatemala y de América Latina, una iglesia que sigue la enseñanza de Jesús. La Iglesia ha tomado una opción profética en defensa de los pobres, de la justicia y de la ética frente a la escandalosa injusticia de los poderosos. En América Latina hay una separación total de la Iglesia respecto a los poderes políticos, por eso se siente libre para denunciar lo que está mal. Y por eso también es el continente en donde más mártires (obispos, sacerdotes, catequistas, religiosas…), ha habido en los últimos tiempo, por ejemplo Monseñor Óscar Romero o el sacerdote de Santiago Atitlán y del que hablé en el Capítulo IV, Francisco Stanley, beatificado el pasado mes de septiembre.

EL CONTRASTE:

Guatemala tiene una población de 16 millones y medio de habitantes. La mayoría de la población de Guatemala es ladina (mestiza) con el 40%, indígena maya el 39% y blancos o criollos de origen europeo el 20%, principalmente descendientes de alemanes y españoles.

En Guatemala hay más de 1 millón de personas mayores de 15 años que no saben leer ni escribir. Por etnias, el 40% de los indígenas mayores de 15 años es analfabeto, porcentaje dos veces superior al de los no indígenas, el 20%. Ocurre casi lo mismo con la escolaridad promedio, ya que para los indígenas es de tan sólo 3,8 años frente al 6,5 de los no indígenas. Este indicador es aún más bajo en el medio rural, donde la escolaridad promedio es de poco más de 2 años para los niños y de poco más de 1 año para las niñas. Los expertos estiman que por cada 100 niños en Guatemala, menos de 40 continuarán hasta primer curso y sólo 18 completará diversificado. En las escuelas primarias, un promedio de 19% de estudiantes abandonan la escuela cada año. Solamente el 38% de los jóvenes en edad para estudiar la secundaria, se matriculan. Este es el porcentaje más bajo en América Latina.

Guatemala es el país centroamericano en el que más niñas, niños y adolescentes trabajan. Las últimas estadísticas muestran que alrededor de 507.000 niñas y niños guatemaltecos de siete a catorce años trabajan. De este grupo de niños y niñas, un 12% trabaja y estudia; un 8% sólo trabaja; un 62% estudia y un 18% no realiza ninguna actividad. Estos últimos entran en el grupo de la niñez en riesgo, ya que la mayoría de las veces se desconoce qué están haciendo.

Si se analiza el trabajo infantil en Guatemala, parece ser un fenómeno masculino. Por ejemplo, en el grupo de 7 a 14 años, el 66% son varones, pero, en realidad, las niñas laboran en trabajos ocultos y, sobre todo, en quehaceres del hogar y en casas particulares, por lo que muchas veces no aparece como trabajo infantil. Por otra parte, es un trabajo sobre todo rural, de ayuda a las familias, que muchas veces no está remunerado. Otra característica de este fenómeno es que el índice de trabajo infantil es más alto entre la población de niños y niñas indígenas, con un 56%, en comparación al 44% no indígena. (Fuente UNICEF)

 

 

 

 

Guatemala, país de contrastes. Capítulo VI – Los caminos del Señor

Los caminos del Señor

De nuevo conduciendo por la Panamericana, esa gran carretera que vertebra el continente Americano de norte a sur y que por ese tramo que circulamos, entre Sololá y Quetzaltenango, es una autovía de dos carriles que une esa gran ciudad con la capital. Pero como ocurre en muchos aspectos de este país, desde su construcción hace unos diez años no se han efectuado obras de mantenimiento y el carril derecho de la misma está plagado de socavones como consecuencia del gran tráfico pesado que soporta diariamente y de las intensas lluvias, lo que obliga a ir todo el trayecto por el carril izquierdo que está en mejor estado, aunque con la atención en alerta máxima pues de vez en cuando también encontramos desperfectos en ese trazado que obligan a un brusco viraje para esquivar los socavones.

El día amaneció soleado, como es costumbre en esta época del año, pero conforme avanza la mañana las nubes van ganando terreno cubriendo poco a poco el cielo azul. La carretera Interamericana CA-1 asciende desde el altiplano de Sololá hacia las cumbres de Alaska (de Guatemala, no del norte del continente), llegando hasta los 3.000 metros de altitud en el paso de esas montañas. Me comenta Fernan que desde ese alto se observan la cadena de volcanes guatemaltecos, siendo una imagen preciosa para que un aficionado a la fotografía como yo la inmortalice con su cámara. Pero la visita a la Reserva Natural de Atitlán nos llevó unas cuantas horas, por lo que emprendimos el viaje sobre media mañana, y ese tiempo hizo que las nubes cubrieran ya a esa hora las montañas que estábamos atravesando. A nuestro paso por allí lo que encontramos en el alto fue una espesa niebla que impedía ver el paisaje, por lo que sin detenernos emprendimos el vertiginoso descenso de la carretera con las primeras gotas de lluvia que comenzaban a caer. A mitad de bajada la lluvia se convirtió en una fuerte tormenta tropical que nos acompañó durante un buen tramo, provocando algunas retenciones que obligaban a frenar bruscamente. Una vez pasada la ciudad de Quetzaltenango la autovía se convierte en una carretera de doble sentido, donde los baches (hoyos, como allí les dicen) están por todo el firme, y en más de un tramo el asfalto ha desaparecido completamente, siendo un camino de tierra, barro y socavones. Hay lugares en que es tal el estado de deterioro del firme que personas sin trabajo se dedican a rellenar con tierra los hoyos de la carretera a cambio de unas limosnas que les puedan dar los conductores que por allí circulan. Una labor sin mucho sentido práctico ya que a las pocas horas la tierra ha desaparecido a consecuencia del agua y los vehículos. ¡Esa es la realidad de ese país! Aún con ese firme en tal mal estado (nuestra tristemente abandonada carretera entre Alguazas y Campos del Río está en mejores condiciones que aquella) la Panamericana por allí soporta un tráfico intenso de camiones de gran tonelaje, buses (camionetas) «pick-up» con pasajeros en la parte trasera, y adelantándose unos a otros sin la más mínima medida de seguridad vial ni respeto al código de circulación. Si no querías quedar detrás de un viejo camión asfixiándote con su humo negro tenías que conducir como ellos, llegándotela a jugar en algún que otro adelantamiento. Esto unido a que como ya comenté en capítulos anteriores la visibilidad de nuestro auto era algo reducida por la sufrida lámina polarizada del cristal, hizo que esas dos horas y media entre Quetzaltenango y San Marcos me generasen tal estrés que llegué bastante fatigado de conducir en esas condiciones. Para recorrer los 150 kilómetros que separan Sololá de San Marcos empleamos más de 4 horas y media de viaje en coche.

Durante el trayecto atravesamos el municipio de Nahualá, y en un puente de la carretera mi tío Fernando me contó que en ese preciso lugar, hará unos 12 años, estuvo a punto de morir. Me cuenta que una empresa minera canadiense llamada Montana quería abrir una explotación de oro en San Miguel de Ixtahuacán, pero que el pueblo se oponía pues destruirían amplias zonas de bosque, contaminarían las aguas por el uso de cianuro para separar el oro de la tierra, y que para llevar las grandes maquinarias por esa carretera Interamericana tendrían que quitar numerosas pasarelas peatonales, y a saber si las repondrían después. Así que los indígenas Quichés tomaron la carretera ofreciendo una fuerte resistencia al paso de la maquinaria. La Iglesia guatemalteca quiso mediar en el conflicto, y como mi tío trabajaba en la Oficina de Derechos Humanos del Obispado de San Marcos, don Álvaro Ramazzini, obispo de San Marcos, le sugirió que fuese a observar y a ver si podía apaciguar los ánimos, ya que días anteriores un campesino había muerto y varios habían resultado heridos por disparos de la policía. Él llegó a ese punto en compañía de la secretaria de la Oficina de Derechos Humanos del obispado y de un joven reportero del Canal 7 de televisión. Los indígenas, al verlos con facciones criollas, pensaron que eran espías de la compañía minera y los atraparon atándolos de pies y manos mientras otros gritaban que los rociaran de gasolina y prendieran fuego. Cuenta que eran unas 500 o 600 personas enardecidas, y ante el intenso griterío que había no escuchaban sus explicaciones, que no era de la compañía sino que venía de parte de la Iglesia para informarse de la situación y solidarizarse con ellos. La muchedumbre cada vez estaba más exaltada y los golpeaban con rostros enfurecidos ávidos de venganza. La secretaria que lo acompañaba intentaba desesperadamente ponerse en contacto con el obispo para informarle de la situación, pero los minutos pasaban rápidamente. Quiso el azar (o más bien Dios, creo yo) que entre los campesinos había uno que había llegado de San Marcos y lo reconoció. Entre el gentío se intentaba abrir paso hacia él convenciendo a los demás que iban a cometer una injusticia, que ese hombre decía la verdad y que era de la diócesis de San Marcos, que estaba del lado de ellos. Poco a poco llegó hasta los que lo tenían amarrado y tras una hora de forcejeos y discusiones logró que lo liberaran. Me cuenta que fue uno de los perores momentos de su vida, que pensó que era su final y que después de toda una vida dedicándola a servir a los demás, hallaría la muerte fruto de una burda confusión.

En el trayecto, mientras conduzco intentando adelantar a un gran camión con materiales de obra, me sigue contando que un mes después de aquello la gobernadora de Sololá convocó a todos los alcaldes del departamento y a la población a una concentración multitudinaria en el estadio de fútbol para mostrar su rechazo a la explotación minera. Estaba invitado a ese gran encuentro el Cardenal de Guatemala, monseñor Rodolfo Quezada, como representante de la Iglesia, pero una indisposición a última hora le impidió ir, por lo que delegó su presencia en el obispo de San Marcos, monseñor Álvaro Ramazzini, pero éste tampoco podía por tener un compromiso internacional esos días. Así que propone a mi tío para que vaya como coordinador del Programa de Derechos Humanos del Obispado. Me cuenta que desde el escenario se dirigió a unas 30.000 personas que allí estaban concentradas, solidarizándose con ellas y con sus demandas en nombre de la Iglesia guatemalteca; evidentemente, entre aquella concentración humana estaban escuchándole atentamente los que semanas antes habían querido quemarlo vivo por pensar que era un espía de la multinacional minera. ¡Esas paradojas de la vida!

Entre amenas charlas sobre lo humano y lo divino, entre historias de mayas y conquistadores, llegamos a San Marcos a medio día y con el estómago pidiendo sustancias sólidas, pues desde el temprano desayuno no habíamos tomado bocado y el ajetreado viaje había despertado mi apetito, que desafortunadamente para mi sobrepeso sedentario no lo perdí en esos días. Así que fuimos a un hotel-restaurante que conocía mi tío de cuando estaban viviendo en esta ciudad. Era regentado por un español que había emigrado hace bastantes años a Guatemala y que allí se casó con una nativa. Como era oriundo de Asturias, evidentemente el nombre que puso a su negocio hacia honor a sus orígenes, llamándose “Villa Astúr”. Nos saludó cortésmente su propietario al reconocer a Fernando y, aunque el recinto estaba lleno pues tenían comiendo a un equipo de fútbol de la primera división guatemalteca y de cuyo nombre no me acuerdo, nos habilitó una mesa para que pudiéramos disfrutar de una sopa caliente y un plato de paella, algo poco típico en aquellas latitudes lejanas para unos españoles, pero que nos supo a gloria.

Y después de la comida nos dirigimos hacia la catedral de San Marcos donde nos alojaríamos en la casa parroquial que está aledaña a ella, y que muy amablemente nos ofreció el Padre Toribio Pineda. Al llegar, numerosos colaboradores parroquiales saludaron a mi tío Fernando, pues trabajó durante algunos años con ellos.

Pude observar que parte de la Catedral está a medio construir, ya que la antigua catedral, de la que queda una gran nave central, fue construida entre 1950 y 1960, pero en 2004 la feligresía, autoridades católicas y municipales  promovieron la restauración y ampliación de la misma por los deterioros y daños que distintos terremotos habían causado al edificio. Así que procedieron a su ampliación proyectando una gran cúpula que destaca por su gran tamaño. Actualmente esta cúpula se encuentra estructuralmente terminada, pero en el interior faltan los vitrales, pinturas, suelo, decoración interior, etc. pero no cuentan con presupuesto suficiente para su finalización. En esos días me comentaron que hubo una propuesta de financiación por parte del Gobierno de la Nación, pero que algunos diputados querían un tanto por ciento del presupuesto a modo de “comisión” por su voto apoyando la propuesta, ante lo que el obispado se negó tajantemente para no favorecer y promocionar la corrupción tan implantada en esos órganos gubernamentales. Así que de momento las obras van a un ritmo muy lento, invirtiendo poco a poco las ayudas que aportan los feligreses y algún que otro donativo.

A media tarde fuimos a la misa diaria que oficiaba el Padre Toribio en la Catedral. Aunque ya lo sabía por lo que me comentaba esos días de viaje mi tío, me sorprendió el nivel de compromiso social que tiene la Iglesia en Guatemala, siendo la gran oposición que hay en el país a los distintos gobiernos corruptos. En esos días el gran tema político de conversación en Guatemala era que el Presidente de la República, Jimmy Morales, había declarado persona «non grata» a Iván Velásques, titular de la CICIG (Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala) y le había ordenado abandonar el país inmediatamente (noticia). Este hecho hizo que la ONU y la comunidad internacional mostraran su consternación ante ese abuso de poder. Según se comentaban, esta decisión fue porque el Comisionado había denunciado tramas de financiación ilegal de la campaña presidencial de Morales en 2.015 con dinero procedente del narcotráfico, así como el supuesto fraude y lavado de dinero por parte del hijo y del hermano del Presidente. La Fiscalía de Guatemala y la propia CICIG habían solicitado al Congreso la retirada de la inmunidad al Presidente para poder investigarle. Ante todos estos hechos había gran conmoción política en Guatemala esos días, pues Jimmy Morales había llegado al poder gracias a una campaña electoral en la que decía en numerosas ocasiones «Ni corrupto ni ladrón» en referencia a sí mismo para convencer a los descontentos con los políticos tradicionales, en un país que se había convertido en un narcoestado. Esa tarde, en su homilía, el Padre Toribio leyó los comunicados que habían sacado tanto la Conferencia Episcopal de Guatemala (descarga comunicado aquí) como el Obispado de San Marcos (descarga comunicado aquí) mostrando su rechazo y condena ante el enorme fraude fiscal descubierto y su apoyo a la figura del Comisionado de la CICIG. Esta Iglesia comprometida resulta extraña para alguien que viene de Europa, donde frecuentemente la política está separada de la religión ya que tenemos una democracia (mejorable, sin duda, pero crítica con los corruptos y abusos) con una separación real de poderes y una sociedad donde no hay tantas diferencias sociales como en Centroamérica. Este hecho de denuncias por parte de la iglesia en Guatemala ha originado que muchos obispos, sacerdotes, religiosas y catequistas hayan dado su vida por denunciar la represión contra el pueblo y ser fieles a las enseñanzas de Cristo, porque en Centroamérica se descubre el verdadero proyecto de Dios sobre la humanidad y que queda reflejado en la Biblia. La Biblia señala el camino para vivir como hermanos, sin discriminaciones, siendo todos iguales. Este mensaje, en una sociedad violenta y con tantas discriminaciones sobre el pueblo indígena, resulta incómodo y subversivo. El Evangelio es la buena noticia para los pobres, para los que sufren las consecuencias de un sistema opuesto al plan de Dios, pero una mala noticia para quienes han hecho del dinero y el poder su dios a costa de los pobres. Por este motivo han muerto en Guatemala tantos predicadores del mensaje de Jesús de Nazaret, no convenía que les abrieran los ojos al pueblo.

Días después, el 11 de septiembre, estando nosotros aún en Guatemala, el pleno del Congreso de Guatemala votó en contra de retirarle la inmunidad al presidente Jimmy Morales. Para levantar la inmunidad al presidente eran necesarios 105 votos de los 158 diputados del Congreso, pero solo 25 lo hicieron a favor. A fecha 12 de octubre, día de la Hispanidad, cuando escribo estas líneas, leo en las noticias internacionales que la Corte Suprema de Justicia de Guatemala ha rechazado por segunda vez la solicitud de retiro de inmunidad al presidente Jimmy Morales y por lo tanto la celebración de un antejuicio, en este caso por haber recibido cerca de 50.000 Q (unos 6.000 €)  mensuales por parte del ejército durante nueve meses. (enlace noticia).

Después de la misa acompañamos a su casa al Padre Toribio, donde nos alojábamos. Nos preparó una deliciosa cena a base de sopa de brócoli (la primera vez que probaba esa hortaliza elaborada de esa forma y que estaba deliciosa) y unos tamalitos elaborados con masa de maíz y rellenos de carne, todo ello envueltos en hojas de esa misma planta. Como acompañamiento nos sacó un vino chileno procedente de uvas cabernet sauvignon que estaba riquísimo, y que los tres dimos cumplida cuenta. Toda esta cena la disfrutamos en un agradable ambiente de charla sobre la situación política del país que se alargó hasta bien entrada la noche. El padre Toribio Pineda es una persona comprometida por la causa del Reino de Dios, luchador en defensa de los pobres y las injusticias, comprometido con los problemas de San Marcos, una persona culta, de muy buen trato y con una amena charla. Mis padres tuvieron la ocasión de conocerlo aquí en San Marcos, en los viajes que hicieron con motivo de los varios proyectos que colaboraba la Asociación Amigos de Guatemala, y él pudo visitar nuestro país en una ocasión, que aprovechó para devolver la visita en Murcia. Los dos días que pasamos en su compañía fueron muy interesantes e intensos, como después narraré.

Al día siguiente Fernando tenía unas visitas programadas a varios de sus ahijados, algunos de los tantos que tienen él y Mari Carmen en este país que tanto aman. Durante todos los años que han vivido en Guatemala fueron muchas las personas que quisieron que ellos fuesen sus padrinos, bien de Bautismo, Confirmación o Boda. Supongo que como muestra de agradecimiento de los padres, o los propios interesados, hacia unas personas que les han dado su amor y prestado ayuda, queriendo que los lazos de afecto entre ellos quedasen unidos para siempre. Así que lo acompañé a visitar a algunos de esos ahijados y ahijadas que tienen en San Marcos y que tanto cariño se tienen mutuamente. Primero fuimos a un centro de salud en las afueras de San Marcos donde estaba su ahijada Jane con su niño pequeño, que estaba con fiebre, y la madre de ésta, buena amiga de mis tíos. Estuvimos un rato con ellas, se intercambiaron regalos y aunque querían que las acompañáramos a su aldea, por motivos de tiempo tuvimos que declinar la invitación. Nos llevó de vuelta a la ciudad el hermano de la ahijada, que también había venido a saludarnos, en una pequeña “pick up” en la que de nuevo viajé en la parte trasera mientras Fernan y el joven dialogaban en la cabina (interesantes los adhesivos que colocan por aquí los jóvenes en los autos).

Después volvimos a las dependencias parroquiales donde se entrevistó con otra ahijada, Berony, que vino en compañía de sus niños. Me cuenta que Berony quiso bautizarse ya de edad adulta, con 18 años, puesto que ellos la ayudaron a descubrir el mensaje de Jesús, en un país donde las sectas están haciendo estragos y sus padres pertenecían a una de ellas. Después ella se hizo catequista y continúa trabajando en su comunidad.

Fernando, su ahijada Berony y los niños de ella

Bautizo de Berony

Bautizo de Berony

Fernando y Mari Carmen Padrinos de Boda de Abrahán y Maribel

Tras esa visita cogimos de nuevo nuestro auto para aprovechar la mañana despejada, ya que la experiencia nos decía que por las tardes poco podríamos visitar a causa de las lluvias. Fuimos a la zona en la que vivieron Fernan y Mari Carmen durante nueve años, el cantón de Champlollap. Allí visitamos su antigua casa, donde en el patio crece frondosa la higuera que Fernan plantó hace algunos años, y varios vecinos salieron a saludarlo sorprendidos de verlo de nuevo por allí. Me contó que en ese lugar pasaron unos años muy felices. Él trabajaba, como ya he comentado, de Coordinador del Programa de Derechos Humanos del Obispado, y compaginando esa labor los sábados daba clases en la Facultad de Teología de la Universidad Rafael Landívar, y los domingos impartiendo cursos de formación en distintas parroquias de la diócesis. Mari Carmen trabajaba en el programa diocesano de Medicina Natural, atendiendo sobre todo el alto índice de desnutrición infantil mediante campañas de mejoramiento de cuidados de niños en las poblaciones más necesitadas. Todo ello con el apoyo incondicional del que era obispo por aquel entonces de San Marcos, don Álvaro Ramazzini, y de cuya gran figura hablaré en el próximo capítulo. Al estar en su antiguo vecindario aprovechó para visitar a otro de sus ahijados, Gerardo, un niño espabilado pero algo tímido que se alegró mucho de ver a su padrino. Estando allí en el patio de su pequeña y humilde vivienda se corrió la voz entre los vecinos de su visita, y en un momento la calle se llenó de personas que querían saludarlo, preguntaban por Mari Carmen y nos invitaban a pasar a sus moradas, ofreciéndonos todo tipo de presentes, desde un “tecito”, agua, bebidas refrescantes o que nos sentáramos a tomar unos “tamalitos” con ellos.

En la entrada de la que fue su vivienda con la higuera asomando por el alto de la tapia

Fernan y su ahijado Gerardo

Fernan, Gerardo y sus padres y hermano

Gerardo dando a Fernan unos botes de refrescos

Sin duda que es lo más grande que se han traído mis tíos Fernan y Mari Carmen de aquel país: El aprecio y cariño de sus gentes que a pesar de los diez años que llevan viviendo en Alguazas esas personas de Guatemala no los olvidan y añoran. Como dice Fernando en su libro autobiográfico “El canto del Quetzal(Fernando Bermúdez López. Edit. Nueva Utopía, 2012):

“Confesamos que el pueblo latinoamericano ha sido un gran maestro para nosotros, ha sido nuestra mejor universidad. Nos ha enseñado que la lucha por la dignidad humana, por los derechos humanos, por la justicia es una lucha sagrada, Hemos aprendido a no perder la esperanza y  a tener paciencia histórica, pues los procesos son largos. Hemos aprendido que se necesita muy poco para ser felices, que la felicidad no depende del tener sino del ser. Hemos aprendido lo que significa la vida comunitaria en fraternidad, el espíritu de acogida y la gratitud. Hemos aprendido y vivido la crueldad del sistema capitalista neoliberal, responsable del hambre de los pueblos del sur. Hemos aprendido a actuar localmente y a pensar globalmente.”

Todos estos años de servicio a los demás y a ese país, y los cinco que estuvo al frente de la Oficina de Derechos Humanos del Obispado y coordinador del Movimiento Departamental de Derechos Humanos, mediando en múltiples de conflictos entre autoridades y organizaciones sociales, hicieron que en el año 2007 fuese nombrado como “Ciudadano Distinguido 2007”, en un acto presidido por el Gobernador del Departamento de San Marcos, Axer López, en compañía de los Alcaldes de los 29 municipios. Así mismo, el Alcalde de San Marcos, Carlos Barrios, y el honorable Consejo de la municipalidad de la ciudad de San Marcos, le otorgaron a Fernando y Mari Carmen un reconocimiento por el trabajo realizado durante ocho años. Días antes de su marcha para España toda la Pastoral Social en presencia del obispo D. Álvaro Ramazzini también los despidieron entrañablemente en el colegio de las Franciscanas de la Asunción. Sin duda que tuvo que ser muy emotivo para ellos el dejar atrás ese país y su gentes después de tantos años. Según me confesó, no pudieron decir ni tan siquiera un adiós del nudo que tenían en las gargantas.

Así que con esas emociones aún el cuerpo regresamos a la casa parroquial, pasando antes por el Centro Diocesano donde muchas trabajadoras y hermanas saludaron a mi tío, y donde pudimos observar de primera mano los estragos del terremoto que asoló San Marcos en 2014 destruyendo muchas viviendas. En ese lugar se derrumbó la mitad del edificio, donde estaba la biblioteca y algunas oficinas, pero gracias a Dios no hubo que lamentar víctimas personales pues a la hora que fue el seísmo el edificio se encontraba vacío. Si hubo víctimas en otras zonas de la ciudad y aldeas, causando el terremoto la destrucción de numerosas casas de adobe y el fallecimiento de dos personas. (noticia)

Tras esta visita disfrutamos de un almuerzo en compañía de Toribio, su asistenta y un trabajador del obispado, y esperamos a una nueva visita que nos acompañaría esa tarde. Se trataba del Licenciado Mario Juárez, que ya lo había conocido esa mañana desayunando junto a su hijo y nuestro anfitrión en esa ciudad. Como era ya habitual, sobre las cuatro de la tarde comenzó a cerrarse el cielo y en el poco tiempo que tardó en llegar nuestro visitante comenzó a llover.

Vistas desde nuestra habitación en la casa parroquial de San Marcos

Tenía Fernando pensado que Mario nos llevara de visita a algún lugar por las inmediaciones de San Marcos, pero en vista de la tarde lluviosa que hacía cambiamos el plan por tomar un café en una pequeña y coqueta cafetería de la ciudad y disfrutar de una agradable tarde de charla. El café de Guatemala está considerado como uno de los mejores del mundo, y es diferente en cada región, ya que depende de las características del suelo, clima y altura. Aquí lo consumen como bebida de acompañamiento en desayuno, comidas o cenas, puesto que la forma común de hacerlo es al estilo americano, siendo una bebida más ligera, con menor cantidad de cafeína y un sabor más dulce. Según nos cuenta Mario, en Guatemala se están dando cuenta del producto de tan buena calidad que tienen y que tradicionalmente exportaban el de mejor calidad, consumiendo ellos un café sin darle demasiada importancia a los distintos matices de aromas o sabores. Como consecuencia de este cambio la profesión de barista está en auge en Guatemala, por lo que están abriendo cada vez más negocios como éste en el que estamos, denominado Café Florencia, lugares donde ofrecen el café elaborado al estilo italiano, con máquina espresso (poca cantidad de agua y fuerte, servido en taza pequeña) y disponiendo de una amplia carta de distintas formas de acompañarlo, así como cafés de distintas zonas, tanto guatemaltecas como extranjeras. Semanas después, ya en España, en una famosa cafetería multinacional y que hace poco tiempo abrió una sucursal en el centro de Murcia, encontré café de Guatemala de Huehuetenango, lugar donde iríamos al día siguiente.

Retomando el hilo de aquel día, en aquella cafetería Fernan y Mario recordaron antiguas historias de cuando trabajaban juntos en la Oficina de Derechos Humanos, puesto que nuestro acompañante era el abogado del obispado. Recordaron el fuego cruzado de disparos que sufrieron en Ixchiguán a causa de los conflicto territoriales entre dos municipios, pero que según me dijeron el fondo de la cuestión no eran las lindes entre ese municipio y el de Tajumulco, sino el control de zonas por parte de bandas de narcotraficantes, lo que hizo intervenir a la policía. En esas confrontaciones me cuentan que se hizo uso de armamento pesado, más propio de un ejército que de una redada policial, estando ellos en aquel lugar como testigos directos. Recordaron también el día que por un malentendido entre Fernan y Mari Carmen, ésta, al caer la noche y no regresar su esposo, pensó que lo habían secuestrado. Mario la acompañó en todo momento llegando incluso a poner en alerta al Gobernador departamental, el que antes de poner en aviso a la policía volvió a llamarlo por teléfono, justo en el momento que Fernan lo activaba, pues se encontraba en una reunión en la iglesia de Champollap y llevaba el móvil en silencio. Comentan que para Mari Carmen fueron unas horas de terrible angustia y desesperación, pues habían pasado tiempo atrás por situaciones de amenaza que les obligaban a dormir incluso vestidos cerca de la puerta por si venían a por ellos y tenían que salir corriendo. También me contó Mario las amenazas que recibió él y su familia por defender a los más débiles, por su compromiso por los campesinos y por los Derechos Humanos, hechos que le obligaron a replantearse su vida profesional. En otro rato de la tarde nos contó sus proyectos futuros, sus ganas de visitar en alguna ocasión nuestro país, y que era un ferviente seguidor de la emisora española M80 Radio, que le gustaba mucho la música que ponían. En esa cafetería pedimos que la sintonizaran a través de internet y estuvimos escuchando pop/rock de los años 80 y 90 mientras hablábamos. En esas pocas horas de una tarde lluviosa, acompañados por un excelente café de las faldas del volcán Tajumulco, descubrí a una gran persona, comprometida por los más necesitados, servicial, con una gran humanidad y sensibilidad. Espero que el proyecto que nos contó y del que tan ilusionado estaba sea pronto una realidad, y que en otra ocasión dentro de no mucho tiempo podamos volver a encontrarnos. Sin duda que se merece todo lo mejor que la vida le pueda deparar.

Nos despedimos del Licenciado Mario Juárez (allí es común denominar así a los que tienen estudios universitarios) ya entrada la noche, y de nuevo nos dirigimos a la casa parroquial donde nos esperaba el padre Toribio para la cena. De nuevo una amena cena (esta vez ya sin vino pero con una fresca cerveza Cabro) y tras recoger los enseres pasamos a la zona de estar de la casa donde estuvimos un buen rato de charla amena y donde Toribio nos mostró algunos de los libros que había leído y que reflejaban muy bien la situación tan difícil de Guatemala. En esa conversación, en otras anteriores y en otras futuras de días después, pude comprobar la excelente memoria y capacidad intelectual de mi tío Fernando: los nombre de personas que recordaba, las situaciones, fechas de conflictos, de encíclicas papales, de comunicados de obispos, de acciones de distintos políticos y épocas del país durante el Conflicto Armado, de la firma de los Acuerdos de Paz de 1996 y en qué consistían… ¡en definitiva descubrí en mi tío a toda una enciclopedia viviente!

Cerca de las 10:30 de la noche (altas horas en ese país y más para nosotros que normalmente a las 5:30 nos levantábamos) nos retiramos a nuestra habitación a descansar, pues al día siguiente temprano nos marchábamos de San Marcos hacia otro destino, a Huehuetenango, y teníamos varias horas de conducción por esas carreteras tan deterioraras. Así que con pensamiento de aprovechar las horas de sueño nos acostamos, pero sin saber aún que esa sería una de las peores noches de mi vida, de las más largas y de las que menos pude conciliar el sueño.

Dormíamos en un amplio cuarto con dos camas individuales, una pegada a la ventana donde reposaba mi tío, y otra donde dormía yo que estaba pegada a la pared que colindaba al pasillo, encontrándose a los pies de la cama la puerta de entrada. Al poco de acostarnos escuché que la respiración de Fernan indicaba que había encontrado el placentero y reparador sueño, pero yo tenía la costumbre de leer un poco antes de conciliar el sueño. En eso estaba con el iPad cuando de pronto empecé a escuchar un ligero temblor en los cristales de la ventana; por un momento pensé que se había levantado viento en el exterior y que el ruido era producto del golpeteo de éste en las láminas de vidrio, pero poco a poco esa vibración fue a más hasta que noté que la cama se movía. Me incorporé y  llamé a mi tío: “- Fernan, ¿esto es un terremoto?» le dije. Como si de un resorte se tratase se incorporó dando un salto, saliendo del lecho hacia la puerta y me dijo que me pusiera junto a él en el marco del hueco, que ese sería un lugar más seguro donde estar que a expensas del techo que podría caer sobre nosotros. El ruido cada vez era más intenso y se movían las paredes, el suelo, como si estuviésemos en una batidora gigante. La corriente eléctrica se cortó y en la penumbra de la noche se empezaron a escuchar entre los zumbidos que provenían de las entrañas de la tierra el estruendo de cosas que caían a nuestro alrededor. Pensé que eran las placas del techo de un lucernario que había a mitad del pasillo y por el que entraba la luz durante el día, y que de un momento a otro empezaría a derrumbarse el resto del techo sobre nosotros. Notaba como oscilaba la pared a la que estaba sujeto y me mantenía con las piernas abiertas y los pies fuertemente apretados contra el suelo para no caer rodando. En esos momentos en lo único que piensas es en qué momento aumentará la intensidad del terremoto y todo se derrumbará cayendo sobre nosotros. Piensas en salir corriendo, lo valoras en décimas de segundo pero al estar en un tercer piso, con la puerta de la escalera que da al piso inferior cerrada con llave descartas inmediatamente. Piensas en qué lugar ponerte para que en caso que se caiga el techo sufras el menos daño, si corres a meterte bajo una mesa o en si quedarás consciente para pedir auxilio; piensas en si en ese país los servicios de emergencias darán contigo entre los escombros. Te viene a la cabeza que hace unas horas, cuando por la mañana te contaban lo del terremoto de 2014 una parte dentro de ti pensaba que tendría que ser toda una experiencia vivir una demostración de la Naturaleza de esas características (Fernan me había contado en varias ocasiones su experiencia en el terremoto de México de 1985, que le pilló en el metro de esa ciudad y que causó más de 10.000 muertos y muchos más desaparecidos) pero que ahora que la estabas sufriendo ya no te parece tan fascinante, sino todo lo contrario, angustioso. Piensas en tus padres, en tu esposa, en tus amigos, en que estás a miles de kilómetros y cómo se enterarán de lo que te ha ocurrido, si te encontrarán… El terremoto duró 86 segundos, ¡casi un minuto y medio! pero ese tiempo me pareció toda una eternidad, ¡parecía que nunca iba a acabar! y el cerebro trabaja a la velocidad de la luz, te pasan cientos de pensamientos. Cuando por fin terminó, el padre Toribio salió de su cuarto diciendo que nunca había sentido un terremoto tan largo, que había sido tremendo. Con una linterna y la luz de los móviles pudimos comprobar que no había causado muchos daños en la vivienda; algunas grietas en las paredes, pequeños desconchados en el techo y comprobamos que los ruidos que se escuchaban habían sido por los jarrones, plantas, platos y objetos varios que habían caído al suelo,  así como de una pecera que tenía en la casa y cuyas aguas aún estaban agitadas y sus moradores posiblemente pensando que estarían por fin en alta mar.

Unos minutos después, cuando la luz eléctrica volvió a la ciudad, mis piernas aún temblaban del tremendo susto, y le pregunté a mi tío en tono bromista si seguía el terremoto o eran mis piernas las que se movían del nerviosismo. Por las ventanas pudimos ver que en las calles se concentraban numerosos vecinos que habían salido huyendo de las viviendas al recordar lo que vivieron hace tres años. Cuando se pasó el susto y ya comprobamos que no había pasado nada grave,  gracias a la “wi-fi” de la vivienda contacté con los familiares en España para comunicarles lo que había ocurrido, por si al amanecer llegaban noticias del terremoto no se preocupasen, que estábamos bien. En Guatemala este terremoto fue a las 22:51 de la noche, 6:51 de la mañana en España. Ya con la iluminación eléctrica comprobamos que el sitio que elegimos para resguardarnos no fue un buen lugar, pues la vivienda tenía los techos muy altos y encima de la puerta donde nos habíamos colocado existía un gran cristal que daba claridad a la habitación. Si el terremoto hubiese sido de más intensidad y el cristal hubiese caído sobre nuestras cabezas los daños causados podrían haber sido de gran gravedad. ¡Una vez más mi Ángel de la Guarda estuvo esa noche a mi lado!

 

Los medios de comunicación guatemaltecos en seguida se hicieron eco de la noticia. El terremoto tuvo su epicentro en el Océano Pacífico, en las costas de México cerca de la frontera con Guatemala, con una intensidad de 8,1 grados de magnitud y en el país mexicano según las noticias de los días posteriores supimos que causó 98 muertos. Sin duda fue el terremoto de mayor intensidad registrado en el país. Semanas después, estando nosotros ya en España, el 18 de septiembre, justo el día que se cumplían 32 años del terrible terremoto del 85, otro gran terremoto asoló la Ciudad de México causando más de 225 muertos con una intensidad de 7,1 en la escala de Richter. La diferencia entre ellos es que en éste último el epicentro fue en tierra y las ondas sísmicas fueron mucho más destructivas. El que nosotros vivimos, aunque de mayor intensidad, causó menos daños ya que al ser el epicentro en el mar las ondas sísmicas perdieron poder destructivo. Los países ribereños al Pacífico estuvieron varias horas en alerta por riesgo de tsunami, algo que afortunadamente no llegó a ocurrir ya que el epicentro se localizó a más de 70 kilómetros de profundidad. (Noticia)

Con ese gran susto en el cuerpo y tras hablar con la familia y amigos a través del Wassap, nos fuimos a intentar descansar un poco. La cama estaba llena de trozos caídos del techo y las paredes y me costó bastantes horas poder conciliar el sueño. Recuerdo que de nuevo acostado, por la ventana, en el horizonte, se veían de vez en cuando resplandores y pensé que serían relámpagos de alguna nube lejana. Durante la noche y la mañana siguiente se siguieron produciendo algunas réplicas, aunque de mucho menor intensidad, algunas de ellas las sentí como ligeros movimientos que en la altura de aquel edificio daban la sensación que sufrías un pequeño mareo. Al día siguiente era el tema de conversación de toda la ciudad, aunque esta se levantó como si nada hubiese pasado, la gente hacía su vida normal. Tan solo se suspendieron las clases en el departamento de San Marcos. La peor parte se la llevaron en la localidad de Tacaná, donde se derrumbaron varios edificios, entre ellos la casa parroquial. De esas luces de la noche leí en las redes sociales que no fueron relámpagos, sino que expertos en sismología las asociaban con la carga de energía que se libera durante un terremoto. Decía así director del Instituto Geográfico Nacional de España: «Un terremoto se provoca por la ruptura de una falla, tras acumularse tensión tectónica en la zona. La fricción de las rocas puede generar en su superficie corrientes eléctricas por el flujo de iones que genera.» (Leer más)

Horas antes del terremoto había estado viendo que sobre el Océano Atlántico y acechando al Caribe esos días habían tres grandes huracanes activos a la vez, algo insólito en mucho tiempo: Irma, Katia y José. Eso sumado a este terremoto, todo en un mismo día, hace que te des cuenta de lo insignificantes que somos los humanos ante los designios de esa Naturaleza que tantas veces maltratamos, que estamos aquí porque ella quiere, porque formamos parte de ella, pero que cuando quiera nos puede quitar de la faz de la tierra de un plumazo, y ni nuestra gran inteligencia ni nuestros adelantos tecnológicos podrán evitarlo, y ella se sobrepondrá como tantas veces ha hecho a lo largo de la historia.

 

EL CONTRASTE:

Para comentar los contrastes de este capítulo, me he tomado la libertad de copiar lo que mi tío Fernando escribió en su libro “El canto del Quetzal” (Fernando Bermúdez López. Edit. Nueva Utopía, 2012):

“Creemos que no hay región en Centroamérica con los contrastes que caracteriza al departamento de San Marcos. Refleja la realidad global de Centroamérica y concretamente de Guatemala: Minifundios y latifundios, indígenas, mestizos y criollos, migraciones, áreas urbanas y rural. San Marcos se encuentra al suroccidente de Guatemala, haciendo frontera con México. La población estimada es de más de 900.000 habitantes, la mayoría indígenas mayas de la etnia man.

Posee tres grandes comarcas: La región de la Costa del Pacífico, de clima tropical y caluroso. Es zona de latifundios, rica en producción de café, ajonjolí, palma africana, bananos, tabaco, hule, caña de azúcar y ganadería. En las fincas trabajan jornaleros y colonos, viviendo estos en pequeños poblados, hacinados y en condiciones infrahumanas. Otra es la región del Valle, en el centro del departamento, donde se hubica la capital de San Marcos y San Pedro Sacatepéquez, con una altitud de 2.370 metros sobre el nivel del mar. Y la tercera región el Altiplano, la más alta de Centroamérica, en torno a los volcanes Tajumulco (4.210 metros) y Tacaná (4.012 metros). De clima frío. Es la región más pobre y en la que se concentra la mayor parte de la población indígena.

No podemos dejar de hacer referencia a la belleza de este departamento, su exuberante vegetación, la gran biodiversidad, las altas montañas y volcanes que se elevan casi en vertical desde las tierras bajas de la costa, ríos que descienden con sus aguas frías desde las alturas a las tierras calientes del trópico, y sobre todo, sus gentes, de corazón abierto y acogedoras.”

 

Guatemala, país de contrastes. Capítulo V – Un trocito de paraíso

Un trocito de paraíso

Al día siguiente de nuestra visita al lago de Atitlán debíamos proseguir con el viaje hacia San Marcos donde esperaban a mi tío Fernando en esa ciudad donde había vivido durante nueve años. Como era ya una costumbre en nosotros nos levantamos temprano, sobre las 6 de la mañana, y tras el desayuno cargamos las maletas en el coche y nos despedimos del propietario del Grand Hotel, una agradable persona que, según nos contó, su madre era española y que había estado en alguna ocasión en nuestro país.

Pero antes de despedirnos definitivamente de este maravilloso entorno habíamos planeado parar en la Reserva Natural de Atitlán, que nos pillaba de paso ya que está a un par de kilómetros de Panajachel, justo donde la carretera a Sololá comienza a coger altura y aparecen las primeras curvas se encuentra  un cruce a la derecha cuyo camino desciende hacia el Valle de San Buenaventura. Tras poco más de un kilómetro por un firme de piedras adoquinadas llegamos a la entrada de este idílico lugar.

El hecho de animarnos a visitarlo fue porque la tarde anterior, durante la visita a los hoteles, pasamos por la entrada y decidimos asomarnos para ver de qué se trataba. En el bonito acceso ajardinado de entrada habían colocados cuatro grandes paneles informando de la labor de concienciación que, entre otros aspectos, realiza una empresa privada participando activamente en el movimiento ambiental del lago, apoyando al ecosistema para eliminar la contaminación y hacer sostenible el uso de los recursos en la cuenca del lago.

Así que esa mañana, antes de irnos, quisimos visitar esta Reserva Natural para conocer a fondo la labor que hacen, caminar por los senderos que según la información recabada ofrecía el entorno y, dentro de nuestras posibilidades, colaborar con nuestra aportación económica este fabuloso proyecto medioambiental para la conservación del lago.

La información que aparece en su página web dice que la Reserva Natural Atitlán abrió al público en 1995 con el mariposario y los senderos naturales. Pronto le siguieron un centro de visitantes, la colocación de los puentes colgantes, construcción de un auditorio, instalación de los cables (tirolinas) para deportes de aventura y unas casas ecológicas para ofrecer alojamiento a los visitantes de este extraordinario legado natural.

Se deja el vehículo en un amplio aparcamiento de hierba con grandes árboles y entramos a un primer recinto  muy bonito formado por una estructura techada con maderas de bambú y con muchas plantas y flores tropicales, donde estuvimos la tarde anterior resguardados de la lluvia examinando los paneles informativos que allí se encuentran. Según vemos en estos paneles, que están colocados formando dos paredes enfrentadas del recinto y accesibles a cualquier persona que hasta ahí se acerque, el lago está amenazado por muchos factores, casi todos provocados lamentablemente por la acción del hombre. Conforme los iba leyendo mi memoria buscaba la analogía que hay entre los peligros que acechan al lago y lo que nos ha sucedido en Murcia con nuestro Mar Menor, la mayor laguna litoral española, de importancia internacional, un espacio de interesante biodiversidad terrestre y marina, pero que actualmente está sometido a un gran número de amenazas que han supuesto una profunda transformación de sus ecosistemas, rompiendo su delicado equilibrio y haciendo peligrar seriamente su rica biodiversidad.

En el primer panel (aquí se puede descargar) que vemos encontramos información sobre el lago, su origen geológico y datos físicos del mismo. Me llama la atención el hecho que hasta hace 50 años las aguas del lago eran oligotróficas, es decir, aguas con bajo contenido en nutrientes por lo que apenas tienen algas, y consecuentemente, son extraordinariamente cristalinas, pero que en apenas 20 años y a consecuencia de los seres humanos se han degradado notablemente. Otro dato que me llama la atención es que el lago no tiene ríos superficiales por donde desaguar las aguas que le entran, sino que lo hace por corrientes subterráneas hacia el pacífico. El agua del lago se recicla cada 79 años, y ésta proviene principalmente de dos ríos que desembocan en él: El río Quiscap y el río San Francisco.

En el siguiente panel (descarga aquí) explican que en 10.000 años la relación de las actividades humanas con el entorno apenas había causado ningún daño en el lago, pero que en los últimos 50 años el hombre lo ha deteriorado considerablemente, haciéndose los autores una pregunta muy bien intencionada sobre las causas: “¿50 años de arrogancia/negligencia/ignorancia/olvido?”

También destacan en este panel el problema que ha supuesto la introducción de especies acuáticas invasoras, como la carpa herbívora, que fue introducida en el lago en 1999 y que aceleró el deterioro ecológico, debido a que este pez no se come las cianobacterias, todo lo contrario, las alimenta porque al buscar su alimento en el fondo del lago lo remueve levantando con ello el fósforo que allí está depositado.

Otro panel (descarga aquí) muestran las causas de cómo se ha llegado a esta situación, siendo la más destacable la deforestación y dedicación de esas tierras para cultivos, que conlleva que haya un exceso de nutrientes (fertilizantes y plaguicidas) que se arrojan al lago (como ocurre en el Mar Menor) haciendo que haya un aumento considerable de algas y cianobacterias en las sus aguas.

El cuarto panel (descarga aquí) muestra las posibles soluciones para frenar este deterioro, que pasan por, en primer lugar la concienciación de todas las partes implicadas (vecinos, agricultores, empresarios, municipalidades, artesanos, visitantes, y sobre todo el Gobierno Central). Y después el tomar medidas, como son la reducción de contaminantes que llegan al lago, sobre todo de fósforo que alimenta a las cianobacterias, y la reducción de vertidos de aguas negras que envenenan el lago; 10 de los 15 municipios de la ribera desaguan sus aguas en el lago sin ningún tipo de tratamiento. Es decir, lo que los vecinos de esos 10 pueblos tiran (o defecan) en los inodoros va tal cual a las aguas del lago Atitlán, sin ningún tipo de depuración previa.

Después de observar estos paneles pasamos a la recepción de la Reserva a sacar las entradas para visitarla. En un amplio recibidor circular habían colocados en el centro otros paneles informativos sobre otros aspectos de nuestro planeta, desde el origen geológico de Guatemala, astronomía, el origen del café (que es originario de Etiopia donde hace 4.000 años ya lo tomaban los cazadores como estimulante para sus largas caminatas) y los problemas que están creando los monocultivos extensivos de esa planta en muchos países debido a la deforestación que produce para habilitar tierras donde cultivarlo. Un ejemplo es el país vecino de El Salvador donde ya no quedan apenas bosques, prácticamente todo el territorio del pequeño país está ocupado por viviendas y plantaciones de monocultivos: café, caña de azúcar y recientemente la palma africana, lo que hace que estén desapareciendo los cultivos tradicionales de maíz, frijoles, maicillo y arroz.

Al sacar las entradas la chica nos informó que otro gran problema del lago es que en los pueblos ribereños no hay una buena gestión de basuras, y muchos de los residuos sólidos son arrojados a basureros clandestinos y de ahí terminan en los ríos, cuyas aguas arrastran esas basuras hasta el lago. Nos dijo que en la época de fuertes lluvias en la Reserva recogen hasta 90 sacos de basura del río San Francisco (plásticos, ropas, latas, etc.) por lo que pedían a los visitantes que escribiéramos un correo electrónico a las autoridades del Lago, municipales y a la Gobernación del Departamento si veíamos basura en el río. Y efectivamente, por el camino antes de llegar a la Reserva cruzamos un puente sobre el río donde se podían ver restos de basuras en su cauce. Unos parajes preciosos de corrientes de aguas entre rocas rodeadas de exuberante vegetación estaban plagados de basuras que el río había arrastrado. Evidentemente tomé fotografías y las mandé por correo electrónico a las direcciones que nos facilitaron.

La Reserva Natural Atitlán tiene una red de senderos rodeados de una belleza impresionante. Algunos de estos senderos contienen puentes colgantes sobre barrancos y cascada, así que tras las pertinentes indicaciones de la amable recepcionista sobre ellos, iniciamos la andada por esta preciosa Reserva. Nada más comenzar, y tras cruzar el río por un puente donde se veía el río algo más limpio que fuera de la Reserva, el sendero ascendía hasta un pequeño mirador donde se podían observar los monos araña y pizotes (miembros de la familia de los mapaches) que viven allí en libertad. Lamentablemente de estos últimos no pudimos ver ninguno, pero sí había sentado un tímido monito que escondía la cabeza cada vez que observaba que lo quería fotografiar.

Tras un ascenso pronunciado por el sendero lleno de vegetación nos encontramos con el primer puente colgante de los seis que pasaríamos. Es una maravilla el caminar por esos parajes en medio de la naturaleza, con distintas especies de árboles, cafetales a la sombra de éstos, lianas, cañas de bambú… Según me comentaba mi tío Fernando era muy parecido a caminar por la Selva del Petén, donde él estuvo algunos años, con la diferencia que allí había que hacerlo machete en mano para ir abriéndose paso entre la frondosa vegetación y como arma ante el inesperado encuentro con alguna serpiente venenosa. Aquí el camino que ascendía por la montaña estaba limpio de vegetación que hubiese que limpiar, y en caso de haber alguna serpiente posiblemente estaría escondida del paso de asiduos caminantes.

 

Tras cerca de algo más de media hora llegamos a uno de los puentes más largos del recorrido, un fascinante puente colgante que salvaba el cauce del río, y en cuyo centro se podía contemplar la imponente catarata que caía con una altura de más de 20 metros. Seguimos ascendiendo por el sendero hasta un cruce donde indicaba que de continuar ascendiendo se encontraban las tirolinas que ofrece la reserva para tirarse vertiginosamente colgados de un cable, observando a vista de pájaro bosques, cafetales, cataratas, el valle de San Buenaventura, hasta llegar a la punta de la bahía con el lago Atitlán y sus volcanes como telón de fondo. Una experiencia que me hubiese gustado probar pero para evitar que no nos cogieran conduciendo las lluvias de la tarde decidimos dejarla pendiente para otra ocasión; aun así nos pilló una buena, pero eso será en el siguiente capítulo.

Así que tomamos el camino que descendía hacia la derecha cruzando otro imponente puente colgante y emprendimos la bajada por otro sendero que bordea el margen izquierdo del río, con unas espectaculares vistas hacia el lago y el volcán Atitlán al fondo, recorrido durante el cual terminé de llenar la tarjeta de memoria de la cámara fotográfica que había puesto nueva esa mañana.

Al llegar de nuevo al valle pasamos por un vivero donde se encontraban dos señores trabajando. Nos detuvimos para charlar con ellos y nos contaron que todas las especies de árboles que allí cultivan las regalaban para reforestar distintas zonas del lago. Desde los ochentas han sembrado más de 200.000 árboles en el valle de San Buenaventura con especial énfasis en los que proveen alimento y refugio para la vida silvestre, consiguiendo con ello que este hábitat esté atrayendo de nuevo especies nativas, y algunas aves migratorias. La Reserva Natural de Atitlán es una pequeña muestra de cómo sería este lugar hace unos cientos de años, antes de que el hombre lo alterara con su “progreso”.

Cuando terminamos la caminata y antes de marcharnos definitivamente de este paraíso, aún nos quedaba por visitar el mariposario que existe en la Reserva, y hacia allá nos dirigimos. El mariposario es una gran cúpula donde las mariposas viven y se reproducen, un santuario lleno de plantas, flores y con una bonita fuete de agua en el centro. Según vemos en los paneles informativos, el domo geodésico donde se encuentra, una estructura con forma de huevo de mariposa azul, cuenta con 5.625 metros cuadrados de espacio de vuelo, más de 2.000 plantas y cerca de 200 especímenes vivos de cerca de 10 especies nativas de mariposas.

Para entrar en él hay que hacerlo a través de dos puerta que tienen colgadas desde la parte superior hasta el suelo varias tiras recias de plástico, que evitan que puedan escaparse las mariposas y, lo que es más importante, que otros insectos depredadores accedan a su interior y se dieran un banquete con los huevos, las larvas y las mariposas mismas, por lo que se trata de un espacio biológicamente aislado. Allí disfrutamos contemplando estos preciosos y frágiles insectos lepidópteros volando y absorbiendo el néctar de las coloridas flores. Tras un buen rato disfrutando de ellas y fotografiándolas, algunas de las cuales se estaban quietas para posar ante el desconocido fotógrafo, pasamos a otro recinto donde están expuestas distintas especies de crisálidas.

 

En estas instalaciones aseguran que cerca del 85% de los huevos eclosionen con mariposas sanas y listas a continuar el ciclo de vida. Además, de manejar los huevos, las larvas, los gusanos y las crisálidas, usan el laboratorio para investigación. Según cuentan, en los años noventa, los visitantes lugareños comentaban que ya no veían varias especies nativas de mariposas en sus vecindarios. La pérdida en la diversidad mariposas se debe sobre todo a factores como la disminución de la cantidad y variedad de plantas que sostienen el ciclo de vida de las mariposas. Desde entonces cultivaron una variedad de plantas de las que se alimentan las larvas y la mariposa adulta, creando así un oasis de biodiversidad. Esto me hizo recordar que de niño, cuando correteábamos por las sendas y brazales de la huerta alguaceña, era muy frecuente observar una mariposa denominada comúnmente como “chupaleches”, su nombre científico es Iphiclides Podalirius, un lepidóptero, perteneciente a la familia de las Papilionidae. Se trata de una de las mariposas más grandes de Europa, pudiendo alcanzar las hembras una envergadura de entre 55 y 75 mm. y que su población se encuentra distribuida por el sur de Europa y el norte de África. Pero recordé que en los últimos 15 o 20 años no la había vuelto a ver por nuestra tierra, debido que está siendo mermada su población dado el considerable destrozo del medio ambiente que sufre el hábitat donde se alimenta, así como el uso indiscriminado de productos fitosanitarios (insecticidas y herbicidas principalmente). Por esos guiños del destino, unas semanas después de mi regreso a Murcia, dando un paso por la vega del Segura, la volvía a ver después de esos cerca de 20 años, y quiero pensar que lo hizo para decirme que aún sigue por aquí, pero que nos concienciemos que de continuar maltratando su hábitat y matando sus orugas posiblemente desaparezca definitivamente de nuestros campos.

Mariposa «chupaleches” (Iphiclides Podalirius) fotografiada en Alguazas el 23-9-2017

Volviendo a lo acontecido aquel día por tierras guatemaltecas, ya por último un empleado nos dio una explicación sobre las crisálidas, un estado durante el ciclo de la metamorfosis de relativa inactividad aparente, y que allí habían cientos de ellos colgados durante este proceso. También nos informó que podíamos apadrinar una crisálida de mariposa, que te la daban en un tarrito y en unas dos o tres semanas podrías ver todo el proceso de metamorfosis, como iba evolucionando hasta que se convierte en una preciosa mariposa, para soltarla posteriormente en algún jardín de nuestra ciudad, culminando así su ciclo vital. La pega es que de haberla adquirido posiblemente no hubiese aguantado el frío viaje en la bodega del avión y los golpes y zarandeos de la maleta en el trayecto, así que me quedé con las ganas de haberme traído una de ellas para España. Allí en su tierra seguro que le espera una vida mejor.

 

EL CONTRASTE:

Guatemala es considerado el país de la eterna primavera, entre otros aspectos por sus riquezas naturales y en biodiversidad. El país se encuentra en la región mesoamericana, centro de origen de especies como el maíz, frijol común y varias especies de calabazas, entre otras.

El hecho de estar situado entre dos grandes océanos, la diferencia de alturas que van desde el nivel del mar hasta los 4,220 metros de altura en la cumbre del volcán Tajumulco y su condición como parte de un gran puente continental, han generado mucha riqueza biológica que se expresa en una gran variedad de ecosistemas y especies animales y vegetales, muchas de ellas utilizadas por las comunidades locales para su subsistencia.

Lamentablemente, gran parte de esa riqueza natural se ha perdido aceleradamente debido a un cambio en el uso de los suelos y al mal manejo del territorio influenciado por intereses económicos y políticos. El modelo agroindustrial expresado en plantaciones y monocultivos de productos que no son destinados a la alimentación de la población local sino a la exportación, ha dejado su huella en la naturaleza y en las comunidades humanas, ocasionando graves impactos ecológicos y sociales.

La agricultura ha sido importante dentro de esta región desde los tiempos mayas. El maíz es uno de los recursos cuyo cultivo se ha dado desde esta época hasta hoy en día, siendo el alimento guatemalteco por excelencia, pero en la actualidad muchos de esos terrenos de cultivos tradicionales se han cambiado para la producción de caña de azúcar y palma africana, ocasionando que en muchos lugares se hayan destruido bosques y ecosistemas naturales transformándolos en monocultivos, lo que trae un fuerte impacto en la naturaleza, la conectividad de los ecosistemas y las personas.

Por otro lado, un informe publicado 2015 por la Autoridad para el Manejo Sustentable de la Cuenca del Lago de Atitlán, el que está denominado en algunos círculos como el lago más bonito del mundo refiere que se han identificado al menos 288 puntos de contaminación, de los cuales 137 corresponden a basureros no autorizados y 77 a descargas de aguas residuales. El resto son puntos de contaminación variados. Estudios efectuados por organizaciones ambientales coinciden en que el agua del Lago de Atitlán registraba en 1970 entre 16 a 18 metros de claridad, pero que en la actualidad las mediciones apenas perciben cuatro o cinco metros de claridad, lo que evidencia los daños en el manto acuífero.

Otro ejemplo de este deterioro medioambiental: En la maravillosa selva de Petén la falta de cultura ambiental en la población local ha causado deterioro a los recursos naturales, pues ríos y lagunas están contaminados y su caudal disminuye de manera sustancial. La selva de Petén está afectada por el avance de la agroindustria, especies invasoras y falta de administración de los recursos naturales por parte del Estado, pues se han autorizado proyectos que promueven la deforestación y la destrucción de la biodiversidad. Hace 20 años cerca del 60% de la selva de Petén estaba conservada, actualmente solo queda el 25%. A este paso, en 20 años la selva se convertirá en zonas de cultivo y parques temáticos para que los confortables turistas que lleguen en buenos autocares con todas las comodidades y seguridad disfruten de las impresionante ruinas de la ciudad perdida Maya de Tikal.

Guatemala, país de contrastes. Capítulo IV – El gran Lago

El Gran Lago

Después de tres días en la ciudad de Guatemala había que continuar con el itinerario previsto por mi tío Fernando por otras zonas del país. En esos días por la ciudad, y en las salidas de un día fuera de ella, habíamos estado acompañados en todo momento por nuestra anfitriona, Lili, acompañada en muchas ocasiones también por su marido, Oscar, lo que me creaba cierta seguridad en ese país del que tantos sucesos relacionados con la violencia había escuchado: robos, atracos, asesinatos…

Es por ello que el irnos mi tío Fernan y yo solos en un coche de alquiler por esas carreteras me creaba un poco de incertidumbre, más bien fruto del inminente abandono de los que los psicólogos denominan como “zona de confort” que de un riesgo real al que rehuir.

Así que con esa sensación en el estómago ante lo imprevisible recogimos el vehículo de alquiler, un turismo Nissan cuyo modelo no se comercializa en España y el cual elegimos por llevar la caja de cambios manual, aunque como después comprobamos sobre la marcha tenía la amortiguación bastante perjudicada y en cada bache que pillábamos parecía que se iba a desarmar. A ello había que sumar que la lámina polarizada del parabrisas (como comenté en el “Capítulo I” la inmensa mayoría de vehículos en Guatemala llevan todas las lunas tintadas como medida de seguridad) era de baja calidad y estaba muy deteriorada, lo que impedía tener una buena visión en algunas zonas del cristal.  ¡Conducir con el sol de frente, con lluvia o de noche era toda una actividad de riesgo!

El recorrido previsto por Fernan era llegar hasta San Marcos, lugar donde estuvo trabajando varios años como responsable del Programa de Derechos Humanos del Arzobispado, pero haciendo una parada en el lago de Atitlán para que yo lo conociese, ya que nos pillaba de paso.

Para salir de la caótica ciudad de Guatemala nos guiaron Oscar y Lili, y nos despedimos de ellos al tomar la Carretera Panamericana (denominado ese tramo como carretera Interamericana CA-1), ese sistema de carreteras de aproximadamente 48.000 km de largo que vincula a casi todos los países del Continente Americano con un tramo unido de carretera, y que se extiende desde el estado de Alaska (Estados Unidos) en Norteamérica hasta la ciudad de Buenos Aires (Argentina) en Sudamérica. Una vez en la autovía, y tras una parada para fotografiar los tres volcanes que quedaban a nuestra izquierda (Agua, Fuego y Acatenango), conforme se dejaba atrás el tráfico de la gran ciudad la sensación de inseguridad también se alejaba, dejando en su lugar un agradable gusanillo en el estómago propio de estar viviendo algo bonito y novedoso: El estar yo conduciendo por América, por esa gran carretera que recorre el continente de norte a sur, viendo pasar esas impresionantes imágenes de volcanes y con el aire fresco de la mañana que entra por la ventana abierta dándome de lleno en la cara, y una vez alejados los riesgos de que alguien viese en dos turistas europeos los candidatos perfectos para un atraco, hacían de ese momento algo único.

Con esa agradable sensación fuimos haciendo kilómetros por la Interamericana que va a Quetzaltenango (y que de allí continúa hasta la frontera con México) en un continuo ascenso hasta alcanzar el altiplano guatemalteco. Tras unas dos horas por esa carretera y antes del desvío para la localidad de Sololá (cabecera departamental del Departamento homónimo, lugar donde se encuentra el lago de Atitlán) hicimos una parada en un mirador desde el cual se podía observar al fondo del valle el inmenso lago de Atitlán (antiguamente llamada Laguna de Panajachel) una de las principales fuentes económicas del departamento pues es uno de los atractivos turísticos más visitados de Guatemala.

El lago se encuentra en una cadena volcánica llamada «Los Chocoyos» de la cual forman parte los volcanes que lo rodean: el Volcán San Pedro (3.020 m.), Volcán Tolimán (3.158 m.) y el Volcán Atitlán (3.537 m.).

Esta cadena, así como el lago, fueron formados hace unos 84.000 años (geológicamente hace muy poco tiempo, los dinosaurios se extinguieron de la faz de la Tierra hace 65 millones de años) en un evento cataclísmico: una violenta erupción volcánica que duró casi dos semanas, haciendo que el territorio conocido actualmente como Guatemala se cubriera con una nube de cenizas incandescentes que se dispersó hacia los cuatro puntos cardinales en un radio de 6 millones de kilómetros cuadrados. Tan imponente fue esa erupción que se han encontrado restos de cenizas desde Florida (EE.UU.) hasta Ecuador en América del Sur. Este gran volcán dejó un inmenso cráter en el centro, y en su radio exterior los 3 volcanes que hoy se pueden observar, el San Pedro, Tolimán, y junto a este, el volcán Atitlán, que se encuentra relativamente activo y pueden observarse fumarolas en su misma cumbre. La última erupción que se tienen registros del Atitlán fue el 3 de junio de 1853.

El magma de este inmenso cráter, al enfriarse, formó una especie de cubeta que se convirtió en, según muchos, y entre ellos la revista National Geographic, en el lago más bello del mundo.

El lago Atitlán tiene 18 kilómetros de longitud y su superficie se encuentra a 1.560 metros sobre el nivel del mar. De hecho, bajo la cuenca del lago existe una depresión estructural que está limitada por fallas y cuevas. Es el lago más profundo de América Central, con más de 330 metros de profundidad máxima y una profundidad promedio de 220 metros. Las aguas del lago son reconocidas por su majestuosa belleza, por sus aguas limpias, azuladas, con niveles que alcanzan el 99% de pureza en la parte central. Se menciona también que en algunas partes son aguas medicinales, debido a ciertas fuentes sulfurosas que aparecen en sus orillas y a los manantiales de aguas minerales que han surgido hasta la superficie debido a esa actividad volcánica que hay en sus entrañas.

Al cruzar la localidad de Sololá observé que el atuendo con el que se visten las etnias de origen maya en esta zona era distinto al que había observado en otros indígenas durante los pocos días que llevaba en Guatemala, principalmente los que había visto en la Ciudad de Antigua. Entonces mi tío Fernan me contó al respecto que en Guatemala existen 23 etnias descendientes de los mayas, una de las más grandes civilizaciones que la historia ha conocido. No en vano los mayas construyeron en esta estrecha franja la civilización más portentosa de las Américas. La vestimenta indígena es sin lugar a dudas la máxima expresión de los nativos de Guatemala. En ella encontramos una hermosa e interesante mezcla de motivos y colores, confeccionados en tejidos como el henequén (planta que es originaria de Yucatán, México) y el algodón, que son conocidos desde la época maya; el uso de lana y de seda fueron introducidos por los conquistadores españoles. A diferencia de otros países centroamericanos, en Guatemala el legado maya no se refleja solamente en su impresionante patrimonio arquitectónico. También hay un patrimonio humano, de carne y hueso, en el que el universo maya sigue latiendo hoy en día, pues los descendientes de aquella fabulosa civilización exhiben con orgullo su pasado y lo expresan en su vida cotidiana, en sus fiestas, en los bulliciosos mercados y en sus ritos y tradiciones. En Sololá me llamó sobre todo la atención la indumentaria de los hombres; todos con sombrero, con una camisa de manga larga con botones, cuello y ricamente estampada, con pantalones también estampados de colores vivos. Me comenta Fernan que son Quichés, un subgrupo de mayas que son la etnia mayoritaria en Sololá y también en la parte norte del lago Atitlán. Las mujeres visten sus vistosos huipiles (camisa o túnica amplia de algodón, adornada con bordados típicos, que usan principalmente las mujeres indígenas).

Tras la localidad de Sololá descendimos por una carretera de esas que dan un poco de vértigo. Estrecha, con fuerte pendiente y llena de curvas, pero con unas espectaculares vistas al lago, hasta llegar a nuestro destino, Panajachel (su nombre completo San Francisco Panajachel). Panajachel es un “pequeño gran” pueblo que vive por y para el turismo. La carretera que viene de Sololá divide la población en dos: Hacia el interior de la misma encontramos el pueblo tradicional, con su iglesia, comercios que ofrecen múltiples servicios para los residentes y su plaza principal. Y a mitad de ella sale una calle perpendicular que lleva hacia el lago y que es muy pintoresca, pues está llena de comercios enfocados al turismo: Restaurantes, bares, hoteles, agencias de viajes, tiendas de ropa, souvenirs, mercado artesanal y varios puestecitos de venta ambulante de comida.

Nosotros nos quedamos en un hotelito que hay en la carretera principal y que conocía mi tío Fernando de haber estado ya en alguna ocasión junto a su esposa Mari Carmen, y según me contó, también se alojaron en este mismo lugar en una visita que les hizo mi primo Pedro Fernando en compañía de Ana, la sobrina de Mari Carmen, en un viaje que hicieron juntos a Guatemala. Según mi tío era un hotel que estaba muy bien a un precio económico. La verdad, al ver la fachada me dio un aspecto de ser un lugar viejo y destartalado, y buscaba la forma de hacerlo cambiar de opinión, con las características preguntas como: ¿Fernan, y aquél, parece que no está mal, no…?

En ese momento pensé que como mi tío, en sus 30 años en Guatemala, había vivido muy modestamente y que para él todo lo que tuviese una cama y un baño donde poder ducharse estaba muy bien. Pero como ocurre en numerosas ocasiones, la primera impresión no es la que vale, y nunca es recomendable guiarnos por esas primeras sensaciones sin antes conocer un poco más, bien sea un lugar o una persona. Así que, sin hacer caso a mis preguntas subliminales, entramos en la recepción del «Grand Hotel«, un pequeño habitáculo decorado con las típicas pinturas mayas al óleo caracterizadas por colores brillantes, finos detalles y que representan paisajes o motivos de la vida cotidiana. Nos atendió una agradable señorita y tras hacer la inscripción y el correspondiente pago en Quetzales pidió que otra joven, ataviada con el colorido huipil y con la misma amabilidad típica del pueblo guatemalteco, nos acompañara hasta nuestra habitación. Ya por entonces mis primeros prejuicios iban cediendo, y conforme avanzamos la primera sensación de ser un lugar viejo y destartalado cambió radicalmente cuando tras cruzar la zona de aparcamiento, traspasamos una vistosa puerta de forja, abriéndose ante nosotros unos preciosos jardines con los parterres cubiertos de grama, con infinidad de árboles, arbustos y especies florales que delimitaban los caminos de acceso a las dependencias; el centro lo ocupaba una fuente donde se bañaba una especie de cuervo típico de estas latitudes, y todo ello cuidado con exquisito mimo por un trabajador que nos saludó muy cordialmente. Las habitaciones estaban en los laterales de ese bonito jardín, dispuestas en dos alturas y dando a él las entradas de las mismas. Nosotros nos alojamos en una de la parte de abajo. Era una habitación amplia, limpia, con dos camas, y aunque sin tener nada de lujo disponía de todas las comodidades que necesitábamos (wifi incluído, algo habitual en cualquier establecimiento público de Guatemala). ¡Bueno, a decir verdad eché en falta un mini bar! (es broma…. o no).

Después de dejar nuestras pertenencias en la habitación salimos a dar un paseo por la localidad de Panajachel. Visitamos su iglesia, algo que a los dos nos agrada: Contemplar la arquitectura, esa estilo colonial con mezclas de barroco, pasar unos minutos sentados, en silencio, cada uno con sus oraciones o peticiones, en mi caso por la salud de mis padres, y contemplar en un mismo lugar la mezcla de la religión cristiana con los dioses mayas. Según me contó mi tío, es lo más habitual entre la población indígena, encontrar la fusión de la liturgia católica y las más ancestrales creencias mayas, algo que se vive con toda su intensidad en los pueblos ribereños del lago, donde conviven las luces y las sombras de las religiones.

Una vez cumplido el correspondiente turismo religioso, emprendimos camino a la turística calle Santander, la que lleva hasta la ribera del lago. Tras pasar por innumerables puestos de artesanía y comercios hosteleros, tras numerosas negativas a personas que ofrecen desde un lugar para comer hasta una barca para dar un paseo turístico por el lago, por fin llegamos a la orilla de ese imponente lago. ¡Observar ese grandioso lugar produce una mágica sensación de reverencia ante la majestuosidad del escenario que se abre delante de nuestros ojos! y eso que al ser las primeras horas de la tarde las cumbres de los volcanes estaban cubiertas por las densas nubes que llegan desde el Pacífico, y que conforme avanza la tarde van cubriendo todo el cielo, llegando a dejar caer algún que otro aguacero. Así que, anticipándonos a un posible remojón como el que nos cayó el día anterior, decidimos regresar al hotel para dar cuenta de los sabrosos sándwiches que nos había preparado Lili y descansar un poco, posponiendo para el día siguiente a primera hora de la mañana la contemplación detallada del majestuoso lago y sus imponentes guardianes.

Al día siguiente, después de un suculento desayuno (incluido en el precio de la habitación) caminamos a dar un paseo por el lago, sin tener muy claro si aprovecharíamos uno de los ferris que llevan a Santiago de Atitlán y pasar la mañana por ese bonito y turístico pueblo o coger el coche y circular por las curvadas carreteras que lo circundan. Caminando hacia el embarcadero nos salió un señor ofreciéndonos un recorrido turístico en una barca privada por los distintos pueblos ribereños. Era el patrón y piloto de la barca, por lo que el precio que nos pedía era considerablemente más bajo que otros que nos habían ofrecido el mismo servicio la tarde anterior, y que lo más probable es que fuesen a comisión de un patrón o empresa; hicimos cuentas y comprobamos que por un poco más que lo que costaban los dos boletos del ferry con viaje de ida y vuelta a Santiago Atitlán podríamos ir a nuestro aire, en una barca los dos solos y visitando varios pueblos, estando en ellos el tiempo que necesitáramos sin estar sujetos a horarios. Sin duda una acertada decisión y que recomiendo a quienes visiten este fabuloso lugar.

A las ocho de la mañana, con un cielo despejado que nos permitía contemplar el lago con sus imponentes volcanes, embarcamos mi tío Fernan y yo en una confortable lancha en compañía de nuestro patrón y guía a hacer un recorrido por algunos de los pueblos del lago. La población del lago se reparte entre doce pueblos, cada uno con su dialecto, en los que la mayoría de sus nombres proceden de santos apóstoles y en los que se encuentran tres de las más características etnias mayas del Altiplano: Los quiché, cakchiquel, y tz’utuhil. El auténtico corazón del mundo maya tiene en el Lago Atitlán uno de sus mayores referentes. Los municipios que colindan con el lago son: Panajachel (donde nos encontrábamos hospedados), San Antonio Palopó, San Lucas Tolimán, San Juan La Laguna, San Marcos La Laguna, San Pablo La Laguna, Santa Catarina Palopó, Santa Cruz La Laguna y Santiago Atitlán. Por cuestiones de tiempo (y quetzales) nosotros solo visitaríamos tres de ellos: San Juan La Laguna, San Pedro La Laguna y Santiago Atitlán.

Nuestro patrón de lancha puso proa a nuestro primer destino, San Juan La Laguna, en un agradable trayecto por las aguas tranquilas del lago, sin apenas viento, una suave brisa que nos daba de frente, y pudiendo fotografiar los colosos que nos vigilaban, ya que cuando sacaba la cámara fotográfica nuestro amable piloto aminoraba la velocidad de la embarcación.

Al llegar a nuestro destino nos encontramos ante un pedazo de la laguna donde los pescadores y una comunidad de patos autóctonos aún comparten los recursos provenientes del agua, utilizando unos viejos cayuco que no te explicas cómo flotan, mecido por las olas constantes del lago de Atitlán. Algunos pescadores utilizan técnicas tradicionales para la pesca, lanzan el sedal como siempre se ha hecho, a modo de un lazo, lejos, y luego lo sostienen con delicadeza, atentos a cualquier tirón para clavar el pez, técnica que sin ser muy entendido creo que en Murcia se denomina «chambel».

Un pequeño muelle nos acerca a un conjunto de casas que permanecen en descanso sobre el lago dando la sensación de que el tiempo se hubiera detenido en ese lugar.

Tras desembarcar y subir caminando por la calle principal hacia la iglesia, calle en pronunciada pendiente en la que tuve que despertar los músculos de las piernas, observamos distintas galerías de arte y bonitos murales pintados en las paredes. Según compruebo después es uno de los grandes atractivos que presenta este pequeño y acogedor poblado. Visitar el pueblo es como recorrer una galería del arte naif (Primitivista) dado que son muchas las casas que en sus paredes exteriores exhiben pintura mural de este género, y donde se han asentado algunos artistas de este género pictórico. Este estilo de arte, el primitivismo, está vinculado de forma inseparable con la vida de cada día y con el arte folklórico de los Mayas.

“Es importante saber que el surgimiento de esta manifestación artística ha sido estimulado en gran medida, por el incremento del turismo hacia esos municipios a partir de los años 40. Otros factores que han estimulado el auge pictórico son de índole socioeconómica. Santiago Atitlán, San Pedro La Laguna y San Juan La Laguna han sido municipios en los que la población se ha dedicado a la agricultura, la pesca y la elaboración de artesanía. Con el crecimiento de la población, el empobrecimiento de los suelos, el incremento del minifundio y la disminución del potencial pesquero del lago, pintar se ha convertido en una fuente de ingresos que, además les permite canalizar sus inquietudes artísticas” (Berganza, 2004)

Otro rasgo que distingue a San Juan la Laguna de otros poblados es un esmero muy particular en mantener limpias sus calles, lo cual no es muy propio de los pueblos guatemaltecos.

Tras contemplar la parroquia de San Juan Bautista de La Laguna nos dirigimos a una de las varias asociaciones que hay en la localidad, y que nos recomendó visitar nuestro amable barquero.

En San Juan La Laguna hay varias cooperativas (muchas de ellas, gestionadas por mujeres) donde los indígenas zutuhil (un subgrupo de mayas) se han agrupado para hacer su trabajo más rentable y difundir y comercializar mejor sus obras. Fuimos a una de ellas, una Asociación de mujeres tejedoras, Casa Flor Ixcaco, donde encontramos una pequeña exposición sobre el proceso de tintado y confección de las coloridas prendas que hacen las artesanas de la localidad. Disponen también de una coqueta tienda para ofrecer a la venta del visitante una gran variedad de artículos muy bien confeccionados, y a unos precios más económicos que los que encontramos en la Ciudad de Antigua.

De los tres pueblos que visitamos, coincidimos después los dos, tío y sobrino, que San Juan fue el que más nos gustó: Por ser más pequeño y tranquilo que los otros dos, sin mucho bullicio de turistas, y por no tener en su calle principal ni hoteles, ni bancos ni ninguna característica propia de la vida moderna, lo que le hace ser un entorno único para desconectar del mundo.

Terminada esta visita volvimos al muelle donde nuestro “taxi acuático” nos esperaba para llevarnos al siguiente pueblo, San Pedro La Laguna, a los pies del volcán que lleva el mismo nombre del apóstol. En este pueblo cakchiquel (otro subgrupo maya) ya se nota que el turismo corre por sus calles. Es un pueblo mucho más bullicioso que el anterior y, por lo que nos contó nuestro guía, es el lugar preferido para los turistas “hippies”. De hecho, al pasear por sus calles te encuentras numerosos turistas, sobre todo chicas de distintas nacionalidades, que viajan en solitario con la mochila a cuestas.

En Guatemala es sorprendente la cantidad de sectas que existen, y según me comenta mi tío Fernan, es uno de los países con mayor presencia evangélica del continente, ya que estos grupos se dedican a buscar adeptos entre católicos de escasos recursos y representan actualmente al 50 por ciento de la población nacional. Me dice que lo que lleva adeptos a las sectas no es un tema de fe o espiritual, sino de falsas promesas económicas, que corrompen a la gente que pasa hambre prometiéndoles falsamente alimentos, medicinas y un trabajo a cambio de su conversión, pero que nunca llega. También me comenta mi tío que estas sectas reciben a menudo abundante financiación por parte de ricas organizaciones estadounidenses. Casualmente y guiados por la arquitectura de un imponente edificio encontramos la sede de una de ellas en esta población, una construcción reciente en un lugar privilegiado.

Tras un paseo por el pueblo, visitando su iglesia católica, regresamos hasta el muelle para continuar con la excursión.

De nuevo vuelta a la lancha que nos esperaba en el embarcadero de madera y navegamos hasta nuestro tercer destino, Santiago Atitlán. Llegamos tras pasar por un estrecho pasillo del lago que pasa junto a dos colosos: los volcanes Tolimán y San Pedro, y durante el trayecto pudimos observar la imponente columna de nubes que, fiel a la cita de cada tarde, se aproximaban desde el sur provenientes del Océano Pacífico.

Nuestro patrón de lancha nos dijo que aquí si queríamos estuviésemos más tiempo, ya que al ser el pueblo más grande de los que estábamos visitando requeriría de casi un par de horas. Nos recibieron en el muelle varias personas intentado vendernos insistentemente productos típicos, a lo que avanzamos hacia dentro de la población ignorando las múltiples ofertas. En estos pueblos de Guatemala es común encontrar unos triciclos motorizados denominados “tuc-tuc” unas moto-taxis que son una fuente de ingresos para muchos jóvenes emprendedores, pues ofrecen un transporte rápido a cualquier parte del municipio, incluso actuando como improvisados guías turísticos. A pesar de las empinadas cuestas que se presentaban ante nosotros decidimos rehusar las proposiciones turísticas que recibíamos y tuve que poner a trabajar mis sedentarias piernas.

Esta localidad también está poblada por mayas zutuhils y es, después de Pana (abreviatura de Panajachel), el pueblo más turístico y con más infraestructura del lago. Hay bastantes hoteles y restaurantes, pero sobre todo, muchas tiendas dedicadas a la venta de artesanía, desde tejidos, a pintura (hay pequeñas galerías de arte donde se expone la característica pintura naturalista de los artistas locales), máscaras u objetos de jade o madera, así como mercados de alimentación. Otra prenda típica de Santiago es el tocoyal, una cinta enrollada en la cabeza que todavía portan muchas señoras mayores y que tiene que pesar bastante. La señora que ilustra esta parte se dejó muy amablemente que la fotografiara, tras decirme si le daría propina por ello. Una forma muy decente de ganar unos ingresos extras, si quieres fotografiarme tendré que obtener algo a cambio de ti.

Sin embargo, hay dos puntos de especial interés en Santiago. El primero es su iglesia, ubicada al fondo de una bonita plaza. Es del siglo XVI y en su interior hay un montón de santos vestidos con ropa indígena actual. Es especialmente interesante la mezcla de cultura indígena y católica. Nuevamente, algunas personas mayas vestidas con sus huipiles, rezaban arrodilladas.

En esta iglesia estuvo 13 años el Padre Stanley Francis Rother, un misionero americano que se dedicó a defender los derechos de los indígenas y que lo pagó con su vida, cuando fue asesinado por los escuadrones de la muerte en 1981. Mi tío Fernando lo conoció personalmente en una ocasión, y me cuenta que el día que lo asesinaron habían quedado con él para entrevistarse. Cuando llamaron a la parroquia para confirmar la cita de ese día, él y Mari Carmen se enteraron del fatal desenlace. En la torre del campanario hay una pancarta informando de los 18 días que faltan para el 23 de septiembre de 2017, fecha en que será beatificado el padre Apla´s, como aquí lo conocen. Al entrar a la iglesia, a la derecha, encontramos un pequeño altar en su memoria, con una urna de piedra donde según me cuenta mi tío reposa su corazón.

Santiago de Atitlán fue un lugar especialmente activo y plaza fuerte de la guerrilla que defendía los derechos de los indígenas y desgraciadamente, fue uno de los lugares donde el ejército perpetró más asesinatos en serie durante la guerra civil guatemalteca. Mi tío Fernando, días después de nuestro regreso, escribió estas letras con motivo de la canonización de este mártir:

BEATIFICACIÓN DEL PADRE FRANCISCO

El Vaticano proclama Beato al sacerdote Stanley Francis Rohter, misionero estadounidense asesinado en Guatemala por los militares en 1981

Lo conocí circunstancial y fugazmente hace 45 años, y no volvía verlo, aunque sí supe de él. Era una persona normal, un gringo de buena voluntad, con sonrisa abierta y ojos vivaces. Había nacido en Oklahoma, Estados Unidos, en 1935. Trabajó varios años en la granja familiar; y, luego de realizar sus estudios eclesiásticos en San Antonio, Texas, fue ordenado sacerdote en 1963. En 1968, cuando tenía 33 años, se fue como misionero a Guatemala.

Su campo de trabajo fue la parroquia de Santiago Atitlán, uno de los pintorescos y empobrecidos pueblos que rodean el lago de Atitlán. Se llamaba Stanley Francis Rohter, pero los indígenas Tz’utujiles de la zona lo llamaban Padre Francisco.

Pronto aprendió a hablar en castellano; y poco después aprendió el Tz´utujil. Realizaba con gran abnegación sus funciones religiosas, y se esforzaba por lograr la inculturación de la fe cristiana entre los indígenas; promovió la traducción del Evangelio y los textos litúrgicos a su idioma. Además, apoyado por sus amigos estadounidenses, fundó un pequeño hospital, un centro de nutrición, una escuela y una estación de radio. También trabajó para fortalecer las cooperativas agrícolas de los indígenas.

Trató de vivir de una manera sencilla y pobre, como sus parroquianos. No le importaba sentarse en el suelo y compartir las tortillas de maíz con ellos. Supo entrar en su corazón y valorar su cultura, y ellos lo consideraban como uno de los “ancianos” (depositarios de la sabiduría de la comunidad).

Pasaron los años, y hasta Santiago Atitlán llegó la violencia de la insurgencia y contrainsurgencia. El ejército puso un destacamento militar en Santiago, y comenzó el hostigamiento a la Iglesia local. Todo lo que implicara promover el desarrollo y organización de la gente era visto como subversivo por los militares. Así se lo habían enseñado sus instructores estadunidenses en la Escuela de las Américas, Panamá, donde en aquellos años más de 60.000 oficiales de los ejércitos latinoamericanos recibieron formación en las mejores técnicas de secuestro, desaparición, tortura y masacres…

Entre los años 1980 y 1981 muchas fueron asesinadas o secuestradas-desaparecidas en el lago Atitlán, entre ellos no pocos líderes comunitarios y catequistas formados por la Iglesia. No era raro ver a los militares en los alrededores de la Iglesia Católica, haciendo preguntas en actitud amenazante. Al padre Francisco le tocó recoger muchos cadáveres y sostener económicamente a viudas y huérfanos. En algunos casos, logró facilitar la huida de quienes estaban amenazados…

Su nombre aparecía en todas las “listas negras” de los “condenados” a muerte por el ejército, que no podía tolerar su cercanía y solidaridad con las víctimas ni su trabajo de promoción humana. Pero no se dejó amedrentar. Quería proteger a su pueblo con su presencia ante la amenaza de los soldados. “Este es –escribía a finales de 1980- uno de los motivos de por qué me quedo a pesar del daño físico. El pastor no puede huir a la primera señal de peligro. El pueblo me necesita y yo quiero estar aquí”.

Presionado por sus superiores y compañeros, a primeros de 1981 pasó algunas semas con su familia, pero regresó a Santiago Atitlán para la Semana Santa. Era muy consciente del peligro que corría su vida. “No sabemos cuándo o de qué manera el gobierno usará sus fuerzas para reprimir a la Iglesia…”, escribió entonces.

Poco después, el 28 de julio en la madrugada, su casa fue asaltada por los militares. Al parecer, querían llevárselo vivo. El se resistió. Sabía que, si se lo llevaban vivo, lo torturarían y finalmente lo matarían… Dos balazos en la cabeza acabaron con él. Tenía 46 años. Nadie fue procesado por su asesinato.

Sus parroquianos no querían dejar que su cuerpo regresara a Oklahoma. Al menos lograron que se quedara entre ellos el corazón del padre Francisco, que desde entonces fue venerado en la iglesia de la localidad, junto a la sangre recogida en el lugar del asesinato.

El 1 de diciembre de 2016, el papa Francisco reconoció su muerte como martirio. Había sido un testigo de Aquel que derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. Los mártires pueden ser beatificados sin necesidad de que exista un milagro atribuido a su intercesión, y el pasado 23 de septiembre de 2017 tuvo lugar en Oklahoma la ceremonia de su proclamación como Beato.

El padre Francisco fue uno de los 13 sacerdotes muertos en Guatemala durante los años de mayor represión militar. Su nombre se sumaba a la pléyade de sacerdotes, obispos y laicos cristianos que durante las dictaduras derechistas y gobiernos militares de América Latina murieron por ponerse al lado de los pobres. Pasaron demasiados años sin que la Iglesia se moviera, pese a que los pueblos los recordaban y veneraban como santos. El papa Francisco ha iniciado el camino de su reconocimiento como testigos del Jesús liberador, enviado a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos…

Tras esta visita a la iglesia emprendimos la marcha de regreso pasando por uno de los concurridos mercados guatemaltecos, el segundo punto de interés de este pueblo, y donde venden todo tipo de frutas y productos alimenticios, y donde pude ver algunas sobrecogedoras imágenes protagonizadas por los que menos tienen.

 

Al retornar al muelle para embarcarnos de regreso a Panajachel, me fijé que en la orilla del lago había algunas construcciones sumergidas, lo que parecía que eran restos de alguna fuente o estructura de parques. Pregunté por ello a nuestro amable lanchero y contó que el nivel del agua del lago había aumentando considerablemente (algo que me extrañó pues lo normal en Murcia es todo lo contrario, que en lagos y pantanos descienda rápidamente el nivel hídrico) a causa del huracán Micht. Después, buscando documentación para la narración de esta artículo descubro que en efecto, el nivel del agua del lago Atitlán está aumentando pero la causa es bien distinta, es consecuencia de que el manto acuífero del lago tiene ciclos cada cierto tiempo, y que según estudios, el comportamiento del cuerpo de agua puede tener variaciones de hasta 20 metros, subiendo o bajando su nivel por causas aún desconocidas, pero que sin duda relacionas con la actividad volcánica de sus entrañas.

Ya de regreso a nuestro destino inicial, como es normal en esta época del año, el cielo estaba cada vez más nublado, dejando caer algunas finas gotas de agua. Pero lo sorprendente fue que el agua por la que navegábamos estaba muy revuelta a causa del viento que hacía, en algunos momentos con fuertes rachas, y que ocasionaba que nuestra embarcación diera algunos botes más característicos de un mar con aguas revueltas que de un lago de agua dulce. Este fuerte viento estaba causado por el “Xocomil”, que según los mayas, es el viento que recoge los pecados de los habitantes alrededor del lago. Xocomil es una palabra Cakchiquel, una de las lenguas habladas por los nativos de Guatemala. Este nombre está compuesto por las palabras: “Xocom” que significa “recoger”, y por “Il” que significa “pecados”. Leyenda o verdad, desde hace siglos la tradición dice que el espíritu del lago recoge los pecados de todos aquellos turistas y viajeros quienes atraviesan sus aguas, al igual que los de los habitantes de los 12 pueblos de su ribera. ¡Está claro que conmigo el Xocomil se tuvo que ir bien cargado!

El origen de la leyenda dice que antes de que se formara el lago existían tres ríos que se unían en el centro de los tres volcanes. Acostumbraba a bañarse en esas aguas, Citlatzin, la hija del cacique; su cabellera era larga y tan negra como el azabache, rara era su belleza por su piel suave y pálida, diferente a las demás doncellas.

Las aguas se enamoraron de Citlatzin y esperaban ansiosas, la siguiente mañana en que ella llegaba a sumergirse, mientras con su dulce voz las calmaba hasta que los ríos se volvían un remanso. Ellos no ignoraban que esta princesa estaba comprometida con el hijo del Cacique del Norte; no importaba porque la doncella no tenía su corazón puesto en nadie.

Un día después de su baño habitual, Citlatzin decidió dar un paseo por las montañas para recoger flores silvestres y se topo con el hijo del carpintero de la región. Este joven era un plebeyo llamado Tzilmiztli que significaba ‘Puma negro’. Desde que sus miradas se encontraron, no pudieron alejar su corazón uno del otro; para desdicha de las aguas, él rozó la mejilla de ella y se convirtió en su dueño.

Al pasar los meses, la doncella ya no era la misma, ya no cantaba para las aguas cuando se sumergía en los ríos. Estos se dieron cuenta de la transformación de su cuerpo, no lograban imaginar qué estaba sucediendo. Su amada se alejaba de ellos, ya no disfrutaba del suave movimiento del oleaje.

Las aguas pidieron ayuda al viento, éste era testigo del amor y caricia de los jóvenes, les contó todos los detalles. Los ríos se llenaron de celos, con el conspirar de los vientos atrajeron a los amantes a sus márgenes, habían decidido separarlos de por vida.

El viento empujó con fuerza a Tzilmiztil quien cayó dentro de las aguas embravecidas, enredándose en las plantas. Al ver cómo se hundía su amado, Citlatzin se adentró voluntariamente agarrando la mano del príncipe de sus sueños para morir con él.

Las aguas y los vientos lloraron su desdicha formando olas inmensas, era tanta su rabia y dolor por la traición. Desde ese entonces se unieron para vagar todas las tardes protestando y gimiendo como muestra de que no se olvida una herida de amor.

Sea cierta o no la leyenda, la verdad es que impone ver la bravura de esas aguas que en la mañana eran tan apacibles, empujadas por un fuerte viento que rolaba de dirección continuamente. ¡Daba la impresión que el lago estaba cabreado por algún motivo y nos quería fuera de él lo antes posible!

Lo que si es cierto es que todos buscamos un equilibrio en la vida, una seguridad. Unos lo hacen a través de la espiritualidad o religión, otros, a través de supersticiones, creencias o leyendas, y luego están los más locos, que buscan en la escritura su forma de estar en paz consigo mismos, poniendo los sentimientos vividos en palabras escritas para que perduren más allá de su corta existencia.

Así que, retomando lo acontecido ese día y dejándome elucubraciones filosóficas, con ese viento y tras varios golpes secos del casco de madera de nuestra embarcación sobre las duras aguas del lago por fin llegamos a Panajachel, justo en el momento en que varios intrépidos parapentistas aterrizaban en sus inmediaciones bajo las miradas atentas del numeroso público autóctono y foráneo que allí se concentraba.

Tras el espectáculo de los aterrizajes nos acercamos a las inmediaciones de la desembocadura del río San Francisco, donde unas personas se ganan la vida como pueden extrayendo arena de su cauce. Un duro trabajo que te hace acordarte de lo fácil que tenemos nosotros el ir a un almacén de materiales de construcción a comprar un saco de tierra.

Después de toda una mañana de excursiones por esos pueblos y con la energía que nos proporcionó el desayuno ya consumida, tras varias ofertas de los camareros que en la puerta de los restaurantes te ofrecen su amplia carta, decidimos dar cuenta de un menú a base del producto típico del lago: Mojarra frita (típico pescado del lago) acompañado con arroz hervido, ensalada, las indispensables tortitas de maíz y una fría y muy sabrosa Cerveza Cabro, que me hizo acordarme de un buen amigo de Alguazas; no sé si por su afición a la cerveza o por la marca de la misma…

Ya entrada la tarde regresamos a nuestra confortable habitación con vistas al precioso jardín para que, Fernan descansara un poco, y yo poner por escrito las notas de ese día que me ayudan ahora a recordar lo vivido. Tras el descanso decidimos aprovechar la tarde para visitar otras zonas cercanas del lago, llegando a la que sin duda es la zona más lujosa de todo el Lago de Atitlán, el Valle de San Buenaventura. Allí se ubican tres fabulosos hoteles, y nosotros, haciéndonos pasar por unos turistas que estaban buscando un hotel para realizar un viaje familiar en próximos meses, nos metimos a inspeccionarlos.

El primero, y el más alejado de los tres, aunque están pegados uno a otro, es visible desde prácticamente cualquier lugar del lago, ya que son tres altas torres de color verde. Se trata del Hotel La Riviera de Atitlán. Aquí el trato fue correcto pero sin mucha efusividad, siendo sin duda lo mejor de este hotel las vistas que se han de contemplar al lago desde las plantas superiores, pero que esas construcciones desentona totalmente con la arquitectura de la zona y el entorno medioambiental en el que se asienta, algo así como los típicos edificios que podemos encontrar en las masificadas costas del levante español. ¡Espero que el pueblo guatemalteco aprenda de nuestros errores y no sigan construyendo ese tipo de edificios en un entorno tan bonito!

El segundo que visitamos, pegado a este, ya nos dejó una mejor impresión y un motivo para querer regresar algún día a este fantástico lugar. Se trata del Hotel San Buenaventura de Atitlán, un precioso hotel rodeado de bellos jardines, con casas exquisitamente diseñadas que se asemejaban a un antiguo monasterio, y con unas piscinas al lago con vistas de ensueño. La amabilidad del recepcionista fue muy buena, como norma general en los guatemaltecos, y nos permitió entrar a los jardines y a la fantástica playa privada que dispone el recinto sin ningún problema: Una coqueta cala de aguas cristalinas de color verde turquesa y con exuberante vegetación hasta prácticamente la misma orilla de finas piedras.

Y por último, visitamos el Hotel Atitlán. Este sin duda es un hotel que nada tiene que envidiar al mejor de los hoteles de lujo del mundo. Como su publicidad reza “Una ventana al paraíso”. La entrada dispone de fuertes medidas de seguridad con una puerta automática de hierro y guardias armados. Al intentar acceder nos hicieron el alto, les dijimos que queríamos visitar el recinto para pedir información, y previa anotación de la matrícula de nuestro carro nos permitieron entrar sin el más mínimo problema. Al entrar en la recepción, maravillosamente decorada con muebles tallados en madera combinada con azulejos de cerámica, que refleja el elegante estilo colonial español del siglo XVIII, un amable recepcionista nos recibió de una forma exquisita. Nos informó de precios y al pedirle permiso para visitar los exteriores nos comentó que normalmente cobraban un precio para visitarlos, pero que al ser ya media tarde podíamos pasar sin abonar nada. Los jardines, las vistas, la piscina… todo era una delicia para los sentidos, y cuidadosamente mantenidos. Un trabajador nos dijo que eran 15 las personas que diariamente cuidaban los jardines y exteriores del hotel. Lo que más me sorprendió fue que junto al embarcadero, a orilla del lago, había dos helipuertos, y que según me comentó mi tío Fernando era habitual que gentes que venían en avión a la ciudad de Guatemala procedentes de EE. UU. cogían nada más aterrizar un helicóptero hasta el hotel donde se alojaban unos días. O también el caso de otros guatemaltecos que utilizaban ese medio de transporte aéreo para venir a comer al hotel y regresando a sus mansiones en el mismo día.

Al salir a recepción para despedirnos aún este hotel nos deparaba una sorpresa más. El amable recepcionista nos sugirió (posiblemente influenciado por el hecho que yo llevaba una camiseta del Club Senderista ¡¡Despacico, que no llego!! de Alguazas, y el amable señor supuso que éramos una representación de dicho club) que si queríamos podíamos visitar alguna suite y una habitación estándar, para que conociésemos bien el hotel y lo que nos ofrecía para esa futura estancia. Así que encantados con el ofrecimiento acompañamos a un empleado que nos mostró esas dos habitaciones. En primer lugar una habitación estándar, con cama de hierro de forja, muebles de excelente madera, pequeño balcón con vistas al lago y todo el suelo de una preciosa baldosa tradicional. ¡Sin duda un excelente lugar para pasar unos días de descanso! Y como colofón nos mostró una suite. ¡Qué voy a decir, una auténtica maravilla del buen gusto! Amplia cama, decoración similar a la anterior pero con tapices bordados en las paredes, una amplia terraza individual con inmejorables vistas al atardecer que se estaba produciendo en ese momento sobre el lago… ¡Pero lo mejor es que tenía dentro de la habitación una chimenea de leña! que según nos comentó nuestro guía se encendía en las frías noches de invierno que se daban allí.

En definitiva, un hotel con una decoración, trato, jardines, etc. de lujo pero sin caer en excesos estrambóticos. Sin duda que el lugar ideal para ir a celebrar un buen premio de la lotería.

Una tarde turística muy amena y gratificante que fue «in crescendo» en todos los aspectos conforme pasábamos de un establecimiento a otro: En decoración, paisajes, gusto arquitectónico y amabilidad. Con la relajación propia de contemplar estos placeres para los sentido, emprendimos el corto viaje de regreso a nuestro humilde pero también bonito alojamiento, pasando por delante de la Reserva Natural de Atitlán, pero que en vista de lo tarde que era y de que estaba lloviendo, decidimos visitarlo en la mañana siguiente antes de partir hacia San Marcos, y de la que tratará el siguiente capítulo.

 

EL CONTRASTE:

Guatemala posee una de las más grandes riquezas en cuanto a biodiversidad se refiere, a nivel mundial, con una gran cantidad de microclimas y características geológicas que lo hacen único en el mundo. Sumado a ello existe una gran diversidad de culturas y formas de comunicación lingüística que las diferencia de muchas otras. Posee la riqueza cultural en donde existió una de las culturas más antiguas de la humanidad como lo fueron los mayas quienes dentro de su herencia milenaria definieron el Cero como número y generaron un calendario muy exacto para su época, además de la riqueza arquitectónica que dejaron.

Sin embargo, también es un lugar en donde contrasta la pobreza (es una nación en que 49% de los niños menores de cinco años padece de desnutrición, y más de la mitad de la población vive en pobreza y en extrema pobreza) con una riqueza muy grande en cuanto a recursos naturales, que le hace el ser el país líder de Centroamérica con más multimillonarios. 260 guatemaltecos acumulan 56 por ciento de la economía anual del país. Esto se traduce así: El 0.001 por ciento de los 15 millones de guatemaltecos tienen más capital que el resto de la sociedad (Enlace al informe de 2015).

En Guatemala podrían tener una fuente de ingresos muchas familias si potenciaran el turismo ecológico, un turismo respetuoso con el Medio Ambiente que sacara todo el potencial que ese bello país posee, y que tan en auge está en muchas otras zonas del planeta, pero que con la violencia que sufre Guatemala y el atraso en políticas medioambientales hace que muchos posibles turistas rehúsen conocer este precioso país.

 

 

Guatemala, país de contrastes. Capítulo III – Un océano de vivencias

Un océano de vivencias

El primer domingo que pasé en Guatemala fue un día cargado de aventuras. Teníamos previsto visitar el asentamiento de retornados de San Vicente, donde entre los años 1999-2002 la Asociación Amigos de Guatemala de Alguazas financió la construcción de un plan de infraestructuras en dicho asentamiento de la localidad de Guanagazapa, Departamento de Escuintla.

En este asentamiento de retornados del exilio, y con subvenciones de la Comunidad Autónoma de Murcia y distintos ayuntamientos de la región (entre ellos el de nuestro pueblo, Alguazas), se consiguió construir 75 viviendas, una escuela con seis aulas, un salón de usos múltiples, casa de salud, también se logró la introducción y distribución de agua potable y el aplanado de las calles (aquello era un trozo de monte sin ningún servicio). Todo esto fue dirigido para ayudar a 75 familias, unas 311 personas indígenas mayas (de ellas muchas eran jóvenes y niños) que debido al conflicto armado que sufrió el país durante 36 años y el etnocidio que practicaron los gobiernos militares contra las poblaciones mayas campesinas, vivieron refugiados por más de 15 años en el vecino país de México, logrando retornar a su país en Julio de 1998, después de la firma de la paz de 1996. Las pocas pertenencias que tenían las perdieron totalmente debido a la persecución y muerte que algunos de ellos sufrieron durante dicho conflicto, y al retornar a Guatemala del exilio tuvieron que comenzar sus vidas de cero. El Gobierno, tal y como venía reflejado en los Acuerdos de Paz  les dotó de un terreno donde asentarse, pero al no tener medios vivían en chabolas de maderas, plásticos y chapas como único refugio ante las inclemencias.

Esta situación era conocida de primera mano por mi tío Fernando, ya que durante el conflicto armado había estado trabajando en Chiapas (México) con muchos de estos refugiados en la frontera con Guatemala, y cuando finalizó la guerra y pudieron regresar a su país, él también lo hizo, siendo el responsable del Programa de Derechos Humanos del Arzobispado del Departamento de San Marcos. Así que informó de la situación de estas personas a la Asociación Amigos de Guatemala para que, si la Directiva lo consideraba oportuno, continuasen con la labor para la que se había constituido, e iniciasen la elaboración de un proyecto que ayudase estas 311 personas, de forma que pudieran vivir de una forma humilde pero digna, integrándose en la nueva situación de su país. La Directiva lo consideró oportuno y la Asociación se puso en marcha para conseguir las subvenciones necesarias que pudiesen hacer realidad este proyecto.

La Asociación Amigos de Guatemala de Alguazas también financió la construcción de una iglesia en el asentamiento de San Vicente, pero fuera del proyecto de subvenciones oficiales, con colaboraciones de socios, venta de lotería y cenas benéficas.

Así que ese día, puesto que el asentamiento de San Vicente está cerca de la costa del Océano Pacífico, nuestros anfitriones, Lilian y Óscar, se brindaron amablemente a llevarnos hasta él, y ya aprovechar el viaje para que yo viese por vez primera el mayor océano de la Tierra. El domingo 3 de septiembre, la pareja con sus cuatro niños, mi tío Fernando y yo salimos de excursión bien temprano a las playas del Pacífico. Como en el habitáculo cerrado de la “pick up” (como les llaman a los todoterrenos 4×4 con una plataforma abierta atrás) no cabíamos todos, los tres chicos mayores (Edu, Samuel y Jimena) y yo fuimos en la parte trasera. Viajar ahí es algo novedoso para un europeo, pero muy habitual en estos países, viéndose por las carreteras infinidad de camionetas (como nosotros las llamamos) con hombres, niños o mujeres en la parte trasera, y en numerosas ocasiones puestos en pie sin la más mínima medida de seguridad; como digo, algo muy asombroso para un español acostumbrado a que en su país sea obligatorio hasta que los niños lleven colocado un elevador especial en el asiento trasero del vehículo con su correspondiente cinturón de seguridad. Dicho sea de paso, en Guatemala también es habitual ver circular motos sin el correspondiente casco ni por el conductor ni pasajero, incluso por autovías.

Un inciso antes de proseguir: Quiero dejar claro que esto no es una crítica a la sociedad guatemalteca, que mis amigos de ese país no se vayan a ofender por mis palabras, tan solo pongo por escrito las sensaciones que me causaron las costumbres y actuaciones en ese país comparadas con la cultura en la que vivo. Está claro que es un país que hasta hace poco más de 20 años estaba en una guerra fratricida que, entre muchas cosas, supuso un atraso respecto a países de su entorno, poco a poco deberán de ir adaptándose e implantando actuaciones que supongan una seguridad para las personas y el medio ambiente, siempre y cuando sus políticos quieran y se preocupen del bienestar de su pueblo.

Hago mención al medio ambiente porque también es curioso para alguien que cada año ha de llevar su viejo coche a pasar la ITV donde le miden los valores de emisión de CO2 para que los gases de escape no sobrepasen los límites permitidos, el ver viejos carros o camionetas (allí se les llama así a los autobuses) echando al ambiente cantidades insufribles de humo negro, que cuando viajas detrás de uno de ellos has de subir las ventanillas para no acabar intoxicado. Otro aspecto del que deberían concienciarse por el bien de nuestro planeta, aunque comprendo que para mucha de la población guatemalteca su primera preocupación es vivir dignamente.

Retomando la narración de ese día, era toda una experiencia para mi el ir en esa plataforma abierta pudiendo sentir el viento en la cara (que me hacía recordar mis tiempos pasados de motero) y con posibilidad de fotografiar el paisaje sobre la marcha, haciendo una parada durante el mismo para contemplar la majestuosidad de los volcanes que teníamos a la vista: El volcán de Agua y el de Fuego, activo este último y del que sale una imponente columna de humo. El volcán de Fuego tiene una altitud de 3.763 metros sobre el nivel del mar, y su cráter está cubierto de lava. Me comentan mis acompañantes que la última erupción tuvo lugar en el mes de mayo de este año, hace unos cuatro meses ¡Tiene que ser toda una experiencia el poder ver y fotografiar ese grandioso espectáculo de la Naturaleza! aunque también muy peligroso y preocupante para las personas que viven en las poblaciones cercanas. Actualización a 4 de octubre de 2017: El Volcán de Fuego entra de nuevo en erupción estos días.

El viaje al principio era muy divertido, pero cuando llevas una hora sentado en la misma postura sobre una superficie rígida y dura ya no sabes cómo ponerte: se te duermen las piernas ya que con cuatro personas recortadas, el espacio para poder estirar los pies es bastante escaso. Tras cerca de dos horas llegamos a la costa del Océano Pacífico, concretamente a las playas de Monterrico (Taxisco). ¡Es imponente ver ese mar azul turquesa, con esas olas que poco dicen a su nombre! pero lo que más me sorprendió fue la calidez de sus aguas. Esperaba que fuesen aguas frías, como las del Atlántico en el norte de España, pero nada que ver; me metí en el océano hasta las rodillas y puedo asegurar que el agua estaba más caliente que en el Mediterráneo en pleno mes de agosto. Otra característica que me sorprendió fue el color negro de sus arenas, fruto de sus orígenes volcánicos, y el que esos granos de arena diluidos en las agitadas aguas se te metieran por todo el cuerpo mojado, terminando de arena hasta en los mismísimos.

Tras un buen rato en que los chicos se bañaban y, Santiago, el pequeño de la familia jugueteaba en la playa, los adultos nos tomamos unas cervezas bien frescas a la orilla del mar, en un chiringuito donde los pollos corretean entre las mesas y donde las duchas son una tubería colgada del techo en un habitáculo recubierto de plásticos. Todo muy sorprendente para alguien acostumbrado a las comodidades de nuestras playas, donde encuentras lavapiés y duchas cada pocos metros. Y de nuevo recalcar que no es una crítica a este país, sino más bien una crítica a las comodidades a las que estamos acostumbrados, donde nos quejamos cuando no encontramos unos mínimos servicios en una playa cuando en otros países viven sin tantas comodidades y son igual de felices que nosotros, o más.

Después de un rato de playa, cervezas y charla amena, emprendimos la marcha para ir al asentamiento de refugiados de San Vicente, donde teníamos que reunirnos para ver el estado del asentamiento y cambiar impresiones con algunos de sus habitantes, algunos de ellos buenos amigos de la familia. Para llegar hasta allí nuestro conductor, anfitrión y amigo, Oscar, nos tenía planeado una aventura muy bonita y espectacular: Cruzar el coche en un ferry (una barcaza de madera) por los manglares del Canal de Chiquimulilla, cerca de la frontera con El Salvador, un paraje precioso que está protegido como parte de la Reserva Natural Biotopo Monterrico-Hawaii, y donde abundan infinidad de aves migratorias, y según nos dicen, tortugas, caimanes e iguanas. Un protagonista relevante de este canal es el mangle, un árbol que genera formas caprichosas y variadas. En la reserva hay partes que son verdaderos laberintos formados por múltiples canales que solo pueden ser transitados en cayucos o lanchas pequeñas, aunque nosotros navegamos sin salir del canal principal. La travesía duró unos 30 minutos y fue muy bonita, observando y fotografiando todo ese paisaje mientras otras barcas circulaban en sentido contrario al nuestro.

 

La temperatura que hacía allí era la típica de climas tropicales, un día soleado con ese calor cargado de humedad. Al llegar al otro extremo del canal y bajar el coche a tierra, Oscar hizo una parada para refrescarnos, y que yo disfrutara por primera vez del agua de coco, una bebida deliciosa que se obtiene directamente de esa fruta tropical, abriendo el coco un lugareño a golpe de machete, y que tras beberlo utiliza de nuevo las mismas artes para poder comer su delicioso fruto. Sin duda un manjar exquisito que aún estaba mejor gracias a que los cocos estaban almacenados al fresco de una nevera frigorífica. Ello sumado al calor que tenía hizo que me supiese a gloria esa nutritiva bebida.

Después del paseo y refrigerio, de nuevo casi otra hora de viaje en la parte trasera del vehículo por carreteras bacheadas que sumada a la velocidad a la que conduce Oscar era lo más parecido a estar en una montaña rusa. Llegamos a la entrada del camino que conduce al asentamiento donde nos esperaba el bueno de Juan Reynoso, al que seguimos por varios kilómetros circulando por un precioso camino de tierra rodeado de vegetación y con aromas a hierba y tierra mojada, fruto de las recientes lluvias.

Otro inciso: A Guatemala a menudo se la denomina “La tierra de la eterna primavera” a causa de su clima tropical y subtropical que mantienen cierta uniformidad en las temperaturas durante todo el año, aunque existen tres regiones climáticas diferenciadas según su elevación sobre el nivel del mar: la zona templada, la tropical y la de clima frío de montaña. Allí las estaciones no son tan marcadas como en latitudes más al norte o al sur del ecuador. En realidad, las estaciones se reducen a dos: la lluviosa, a la que se le denomina invierno, de mayo a octubre, y la seca, a la que se conoce como verano, de noviembre a abril. Nosotros estuvimos en septiembre, en plena época de lluvias. Lo habitual en esta época es que las mañanas amanezcan totalmente despejadas y conforme avanza el día las nubes ganan terreno hasta que a media tarde caen lluvias, en algunas ocasiones en forma de intensas tormentas tropicales, como bien pudimos comprobar ese día; pero no adelantemos acontecimientos.

Unos kilómetros antes del asentamiento pasamos por un puente sobre el río Asuchillo, y recordé lo que me contó mi madre de la primera vez que vinieron aquí a San Vicente, que tuvieron que vadear el río, ella y mi padre subidos en el coche con el conductor y los demás hombres que los acompañaban cruzando el río caminando, ya que ese puente no estaba aún construido y esa era la única forma para poder cruzarlo. El puente que nosotros cruzamos se construyó hace algunos años, obra que ejecutó el Gobierno de Guatemala con fondos propios y con ayuda de la Asociación Amigos de Guatemala de Alguazas.

Por fin llegamos a San Vicente, donde el recibimiento fue muy caluroso y emocionante. Son muy buenas personas, algunas de las cuales guardo bonitos recuerdos de cuando estuvieron en Murcia en unas jornadas de concienciación que organizó la Asociación. Allí estaban Juan, Lucía, Manuel, Doña Marta (una señora encantadora que allí sigue viviendo con sus 84 años); también estaba Abigail, que la conocimos siendo una niña cuando la Asociación la trajo a España a ver si se podía hacer algo para paliar su ceguera y que ya es toda una mujer, casada y con una preciosa niña; también encontré a Adelaida, la muchachita que vino a España después de muchas cartas intercambiadas con mis padres desde bien niña y que se emocionó mucho al verme, pues pensaba que era otro familiar el que acompañaba a mi tío Fernando y no yo, por lo que se sorprendió mucho al encontrarnos saltándosele las lágrimas de la emoción, pues según me contó guarda muy buenos recuerdos de España y de nuestra familia. También está felizmente casada y con dos niños, y me confesó que estaba ahorrando para volver de nuevo a España con sus niños, que es su gran ilusión poder volver a visitarnos, sobre todo a mis padres Juan Antonio y Ana María. En definitiva muy buenas personas que conocí hará unos 17 años pero que el aprecio y cariño continúan intactos a pesar de la distancia y del tiempo transcurrido.

En el recinto techado pero al aire libre de la humilde casita nos ofrecieron una suculenta comida a base de frijoles, nachos, chicharrones, ensalada, hervido de verduras, pollo cocido, y cómo no, todo acompañado de las tortitas de maíz, indispensables en cualquier comida guatemalteca. Pasamos una agradable comida charlando sobre la situación del país y recordando viejos tiempos, mientras unas gallinas con sus pollitos y patos correteaban entre nosotros.

Tras la comida fui con Manuel a dar un paseo por el asentamiento, donde me enseñó campos de maizales, de piñas, manglares… todo un precioso vergel en ese lugar donde la Naturaleza crece exuberante gracias a la fértil tierra y abundantes lluvias.

De hecho, estando paseando entre los manglares empezaron a escucharse fuertes truenos, cada vez más cerca, y poco a poco las nubes fueron cubriendo el cielo azul, hasta que de repente empezó a caer una intensa tromba de agua que nos caló bastante. Corriendo llegamos al techado de la vivienda y allí nos pusimos al cubierto de esa lluvia torrencial acompañada de fuertes relámpagos que tronaban como si cayesen allí al lado. Cuatro o cinco sonaron aterradores, como si el cielo se fuese abrir sobre nosotros, con una resonancia y un eco como nunca antes había escuchado; pero fue algo muy bonito y espectacular el ver caer esa cantidad de agua por espacio de algo más de una hora, acompañada de esos impresionantes truenos y disfrutando del inmenso aroma que emanaba de esa tierra tan fecunda.

En la espera a que aminorase la tormenta, los patos jugueteaban entre el agua que caía formando pequeños riachuelos, y nosotros continuamos con las amenas charlas cargadas de recuerdos, de proyectos futuros, de risas. Para hacer aún más llevadera la tarde me dieron a probar licha, un fruto de aspecto exterior como un erizo de color rojo; el hijo de Manuel, al ver mi cara de extrañeza sin saber si meterle un bocado o dejarlo en la mesa, me explicó cómo se abría y se extraía el fruto, una pulpa redonda, de color blanco translúcido y con un dulce y agradable sabor.

Vendedor ambulante de licha

Cuando la lluvia apaciguó su intensidad ya estaba oscureciendo, por lo que era hora de emprender el viaje de regreso. Adelaida comentó que tendría que volver a la ciudad de Guatemala en camioneta (uno de esos viejos buses) con sus dos niños, a lo que Oscar se brindó a que viniese con nosotros en el carro para que no llegasen muy tarde a su casa, que él pasaría atrás con nosotros en la parte exterior y dejaría conducir a Lili para que las mujeres fuesen más cómodas y no se mojasen. Menos mal que lo convencimos para que reconsiderase la propuesta y condujese él, no como falta de caballerosidad hacia nuestra anfitriona, ni mucho menos, pero con la lluvia caída, anocheciendo y por esos caminos de tierra era lo más seguro para todos.

Autobuses (camionetas) típicos de Guatemala

Y ahí comenzó la aventura del viaje de regreso: Al salir del asentamiento, bajando una fuerte pendiente nos encontramos con una “pick up” parada pues se le había roto la caja de cambios automática, e interrumpía el paso a los vehículos que entrasen o saliesen del mismo. Nos dijo el conductor, un señor mayor que regresaba a San Vicente, que lo sentía mucho pero que no podía ladear el carro, que no andaba nada y no había sitio donde orillarlo, por lo que deberíamos dar la vuelta y salir por otro camino, mucho más largo y de peor estado. Oscar, esa gran persona dispuesta a ayudar a todo el que lo necesite, se brindó para intentar remolcarlo con su Toyota, tirando con una cadena que llevaba para estas situaciones, pues según comentó viajaba de vez en cuando a la selva del Petén y en más de una ocasión la había tenido que usar. Dio la vuelta a su “pick up” en un estrecho camino haciendo unas cuantas maniobras muy ajustadas, enganchó con la cadena los dos coches y tiró del vehículo averiado por toda la cuesta hacia arriba, usando la gran potencia de la reductora del 4×4 y con nosotros subidos en la plataforma para que con el peso no derrapasen las ruedas sobre la pista mojada. ¡La verdad, parecía una imagen propia de una película de aventuras!: Un rescate bajo la lluvia en medio de una zona boscosa iluminada con los últimos rayos de sol del atardecer que se querían colar entre las nubes, dando a ese cielo grisáceo un color anaranjado con algunos trazos multicolores causados por la refracción en las gotas de agua. ¡Lástima que no pude inmortalizar ese momento! había metido la cámara de fotos y el móvil dentro del coche para que no se mojasen con la lluvia que aún caía y en la subida de los dos vehículos no hubiese sido muy apropiado hacerlos parar para sacar la inmortalizadora de imágenes. Tras varios empujones el potente auto logró superar la pendiente y llevar al carro averiado hasta una amplia zona del asentamiento, frente a las aulas escolares, donde lo dejamos y, después de los correspondientes agradecimientos y despedidas, de nuevo emprendimos el viaje de regreso.

Un viaje que recordaré como uno de los peores de mi vida en coche, pero también de los más intensamente vividos. Calado hasta los huesos, de noche, lloviendo aún con intensidad, las gotas de lluvia sumadas a la velocidad del vehículo parecían alfileres golpeándome en la cara y brazos (como salimos con sol iba en pantalón corto, camiseta y sin tener la precaución de haber cogido el impermeable, aunque lo pensé, pero al final creí que no lo necesitaría sin ser consciente de los cambios atmosféricos de Guatemala). Como he dicho en alguna ocasión, Lili y sus hijos son unas personas muy amables, dispuestas a ayudar, generosas, por lo que al verme en esa situación me dieron la sudadera de uno de los chicos para que me protegiese la cara, ya que argumentaron que al ir él pegado a la pared del habitáculo del coche no le golpeaba tanto la lluvia, y yo la necesitaba más. ¡Como digo, la generosidad de las gentes guatemaltecas! En esa situación salimos a la autovía y, Oscar, le apretaba más al carro para llegar cuanto antes, cosa que no sé qué sería peor, si el frío y los alfilerazos de la velocidad, o el tiempo de ir con las piernas encogidas sobre la dura chapa de la caja del vehículo. A mitad de camino hay un peaje en la autovía y las retenciones para pasarlo nos llevó unos 15 minutos, tiempo que aprovechamos para ponernos de pie y estirar un poco las piernas. Es también impresionante ver en cualquier retención la cantidad de gente que dedican estas colas para vender fruta, zumos, agua, frutos secos, etc. y allí habían decenas de personas caminando cola arriba cola abajo, aguantando la lluvia, para poder ganar unos quetzales con la venta ambulante de esos productos. Tras hacer el respectivo pago, vuelta a pasar frío bajo la lluvia en el exterior del vehículo a 120 kilómetros por hora. Así hasta las proximidades de la ciudad de Guatemala donde por fin dejó de llover, pero aún nos quedaba una última “anécdota” para acabar el día y, que gracias a Dios, quedó solo en eso.

En un momento de la marcha Oscar tuvo que dar un frenazo a causa de una retención inesperada, y el coche que nos seguía al frenar bruscamente para no colisionar con nosotros empezó a derrapar a causa del asfalto mojado. Yo, que iba junto al portón trasero, como si de una película a cámara lenta se tratase, cada vez lo veía más cerca de nosotros y sentía aproximarse el silbido intenso de los neumáticos derrapando sobre la superficie mojada. Cuando creí que el choque era inevitable y nos iba a dar de lleno, me incorporé un poco sobre mi brazo derecho y giré el cuerpo hacia la parte delantera del habitáculo, por si el impacto en los hierros del portón trasero me alcanzaba en la pierna, y en ese justo momento giré la cabeza hacia la izquierda, viendo el morro del coche que nos precedía a escasos cinco centímetros del paragolpes trasero del pick up. Ahí vi también la cara de susto de la pobre mujer que lo conducía, agarrando fuertemente el volante y con los ojos que se le salían de sus cavidades. He de decir que por suerte la señora no dio ningún volantazo, algo que con el estado de la carretera y el tráfico existente en los tres carriles no sé qué hubiese pasado. Mantuvo el coche recto entre la fila de coches de su derecha y la mediana de la izquierda (circulábamos en el carril izquierdo, el más rápido en esos momentos, aunque en Guatemala da igual por el que vayas), quizás a causa del susto, pero que fue lo mejor que pudo hacer. Sin duda que mi Ángel de la Guarda ese día tuvo que emplearse a fondo.

Y así llegamos sanos y salvos a la entrada del condominio (como llaman aquí a los residenciales cercados con altas vallas, barreras para entrar y guardias de seguridad) donde vive la familia que nos aloja, y donde esperaba el esposo de Adelaida para recogerla junto a sus dos hijos. Tras la despedida, al llegar a casa me di una reponedora ducha caliente y Lili nos preparó una sopa para cenar que me supo a gloria, de las mejores que he tomado nunca.

Y de esta forma finalizó este apasionante día por tierras guatemaltecas, dando gracias a Dios por todas las experiencias vividas y por llegar sanos y salvos. Como días después me dijo mi tía Mari Carmen a nuestro regreso a España, eso que para mí fue una gran experiencia era su día a día cuando ellos estaban en Guatemala, y que echa de menos esa sensación de estar viva, el saber qué aventuras te deparará cada nuevo día. Efectivamente, allí, donde no tienes tantas comodidades y seguridad, es donde realmente se vive plenamente cada día.

 

EL CONTRASTE:

Las diferencias climáticas que hay en un pequeño país en una misma época del año. La geografía repercute en el clima de Guatemala. Existen dos cordilleras principales en el país que, en líneas generales, dividen Guatemala en tres áreas geográficas principales: la tierras altas (meseta y zonas montañosas), la región costera del Pacífico, y el departamento de Petén, al norte de las montañas y de características tropicales, Dichas tres regiones de Guatemala difieren en condiciones climáticas debido a las diferencia de altitud que producen contrastes pronunciados entre las tierras bajas – cálidas y húmedas- y las más secas y frescas regiones montañosas.

El clima de la región costera del Pacífico forma parte del área climática tropical. Las llanuras de Petén y las tierras bajas selváticas se caracterizan por su clima tropical húmedo. Junto a la zona tropical y la templada, en Guatemala existe también una región de temperaturas frías situada en las elevaciones superiores a los 2.000 metros de picos y cordilleras. Las temperaturas por el día son más frescas que en la zona templada y al anochecer descienden por debajo de los 0° e incluso llegan a caer heladas y nieve. El Departamento de San Marcos, donde también estuvimos, y que hablaré en otro capítulo, tiene el municipio poblado más alto de Guatemala y Centro América, Ixchiguán, con 3.200 metros sobre el nivel del mar.

Guatemala, país de contrastes. Capítulo II – La Antigua ciudad

La Antigua ciudad

Este viaje mío a Guatemala fue motivado por varias causas. Por un lado mi tío Fernando tenía que regresar al país que dedicó gran parte de su vida a impartir unas charlas y dar a conocer su nuevo libro, ”El grito de los refugiados”. Por otro lado, la ilusión de mi padre, Juan Antonio a que conociera ese país al que tanto tiempo había dedicado a través de la Asociación Amigos de Guatemala de Alguazas, de la que es Presidente. Él ha visitado Guatemala en ocho ocasiones y ha visto y comprobado la realidad social de ese país con tantas posibilidades pero tan maltratado. Mi madre, Ana María, también lo ha conocido en tres ocasiones, la primera de ellas viajando en solitario en un trayecto cargado de anécdotas que aún recuerda en numerosas ocasiones. Mi hermano Eduardo fue el primero de la familia en conocer el país en el que estaba nuestro tío Fernando, y mi hermana Encarni también viajó a Guatemala en compañía de nuestro padre. Por tanto, yo era el único de la familia que no conocía ese país (ni ninguno de América), por lo que mi padre me cedió muy gustosamente su puesto como representante de la Asociación para viajar a supervisar las ayudas que estaban concediendo este año, aunque más motivado por la ilusión de que yo, el único miembro de la familia que no había ido a Guatemala, conociera ese país del que también él había quedado fascinado por sus encantos y por sus gentes (algunas de las cuales siguen siendo hoy en día muy buenos y apreciados amigos) que por la labor a realizar, aunque también ese era un motivo importante.

Soy consciente que esa misma motivación hacia mí la tenía también mi tío Fernando, pues desde un principio todos sus esfuerzos y disposición iban encaminados a que yo conociese al máximo posible Guatemala, tanto en su realidad social, como por qué no, en su faceta turística, pues este es el gran potencial que tiene ese país centroamericano y que si supieran explotarlo (o mejor dicho, si sus gobernantes quisieran) sin duda que sería uno de los mejores destinos turísticos del mundo.

Así que, guiado por este último propósito, mi tío Fernan pidió a nuestra anfitriona Lilian que al día siguiente a nuestra llegada nos llevara a la majestuosa ciudad de La Antigua de Guatemala, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1979.

Catedral de Santiago

Y antes de seguir, un poco de Historia para ponernos en antecedentes:

Después de los descubrimientos de Cristóbal Colón, la Corona Española se interesó en las riquezas que poseía el territorio mesoamericano (región americana que comprende México y gran parte de América Central) y esas tierras sin explorar motivaron a los españoles a una aventura, con el fin de conquistar y asentarse en este nuevo mundo. 20 años después de la llegada de Colón, embarcaciones españolas habían anclado en varios lugares de América, entre ellos, Guatemala y México.

Hernán Cortés, en compañía de un gran grupo de españoles entró a tierras mexicanas, lugar de donde envió a uno de sus capitanes, Pedro de Alvarado, para explorar y conquistar el territorio que se encontraba más hacia el sur. El conquistador llegó a las tierras mayas con un ejército de españoles y aliados guerreros de México.

Pedro de Alvarado pensó en fundar una ciudad como centro de gobierno de los territorios conquistados y dominados por la Corona Española. Iximché era la capital del reino maya kaqchikel, y en 1524 esta ciudad fue elegida para asentar la capital, llamándola “La Villa de Santiago de Guatemala”, en honor al conocido Apóstol Mayor. Los mayas de esta ciudad se levantaron en armas por no estar de acuerdo por los tributos que los españoles les pedían, obligando a los conquistadores a buscar un nuevo lugar para la ciudad.

El 22 de noviembre de 1527, Jorge de Alvarado, hermano del recriminado conquistador, asentó la nueva ciudad en el Valle de Almolonga, a los pies del Volcán de Agua, nombrándola, “Santiago de Guatemala”.

Poco tiempo después, en 1541, debido a una inundación provocada por lluvias torrenciales y al desbordamiento del lago que ocupaba el cráter del Volcán de Agua, la ciudad quedó en ruinas, enterrando a la ciudad con la mayoría de sus habitantes, donde también pereció la primera Gobernadora que ha tenido América: Doña Beatriz de la Cueva, viuda de Don Pedro de Alvarado y que murió 40 horas después de su nombramiento al derrumbarse la capilla en la que se había refugiado junto a sus doncellas cuando la riada de agua, lodo y piedras destruyó la antigua ciudad. Esto obligó a que de nuevo las autoridades decidieran trasladar la ciudad a un lugar más seguro, el Valle de Panchoy, a 6 kilómetros más abajo.

En 1543, la ciudad fue asentada por tercera vez con el nombre de “Santiago de los Caballeros de Guatemala”, popularmente conocida en la actualidad como Antigua Guatemala, convirtiéndose en la tercera ciudad en importancia en América después de México y Lima, de donde irradió la cultura y gozó de bien merecido prestigio. Así se inició al Período Colonial de Guatemala. Durante este período colonial, que duró casi 300 años, Guatemala fue una capitanía general (Capitanía General de Guatemala) que a su vez dependía del Virreinato de la Nueva España.

Restos de Antigua con el volcán de Agua al fondo

 

Pilas de agua en Antigua

Antigua Guatemala es considerada como la primera ciudad planificada de América. Según los historiadores, algunas ciudades de Europa fueron las primeras en utilizar la técnica de empedrado para las calles, por ello mientras Guatemala se encontraba bajo la dependencia de la Corona española y con la colonización, características de construcción europea fueron adoptadas por la entonces capital del Reino de Guatemala.

En un inicio, las calles de Santiago de los Caballeros de Guatemala eran de tierra y en épocas de lluvia se convertían en casi pantanos, por lo que transitar por las mismas se volvía un verdadero reto, tanto para los peatones como para los carruajes impulsados por caballos. Derivado de esa situación, se tuvo la necesidad de implementar el sistema de empedrado de las calles para evitar que las superficies se volvieran intransitables. El estado de las calles empedradas perdura como una característica en Antigua Guatemala, por ello al visitarla se hace evidente la interesante historia que se esconde bajo los pies de quienes caminamos por las calles de esa ciudad colonial.

Los estudios universitarios aparecen en Guatemala desde mediados del Siglo XVI, cuando el primer Obispo de el reino de Guatemala, Licenciado Don Francisco Marroquín, funda el Colegio Universitario de Santo Tomás, en el año de 1562, siendo ésta una de las primeras universidades del nuevo mundo.

Colegio Universitario de Santo Tomás

En 1660 llega a Guatemala, José de Pineda Ibarra, maestro impresor, y con él, la primera imprenta que funcionaría en el Reino de Guatemala, convirtiéndose Antigua en la tercera ciudad de las colonias españolas del continente en establecer su imprenta.

Museo del Libro Antiguo

Los movimientos sísmicos (tan frecuentes en el país pues se encuentra en una zona de fallas que atraviesa Guatemala y forma el límite tectónico entre la placa del Caribe y la placa Norteamericana) ocurridos en diferentes fechas tuvieron importancia en la historia de la arquitectura colonial, especialmente en el siglo XVIII cuando El 1717, un debastante terremoto golpeó la zona y más de 3.000 edificios fueron destruidos. Sin embargo, no fue hasta el terremoto de Santa Marta de 1773 cuando las autoridades decidieron mover la capital una vez más. Fue trasladado a la ubicación actual de la Ciudad de Guatemala dándole un nuevo nombre, Nueva Guatemala de la Asunción. La antigua capital fue renombrada como La Antigua Guatemala.

Ruinas del Convento de Santo Domingo con el volcán Acatenango al fondo

 

La arquitectura de La Antigua Guatemala se enmarca con la belleza natural de los 3 volcanes que la rodean, el volcán de Agua, volcán Acatenango y volcán de Fuego. Su cultura, su gastronomía, su clima, la calidez de sus gentes y las ruinas de innumerables edificios e iglesias que se mantienen tal cual quedaron tras el terremoto, hacen que sea una de las ciudades más visitadas en América. Ello hace que muchas personas, ataviadas con los trajes típicos indígenas (cada etnia tiene sus colores característicos, y hoy en día continúan utilizando esos trajes en los quehaceres diarios), se ganen la vida vendiendo productos típicos guatemaltecos, sobre todo artesanía.

En Guatemala, al igual que en muchos lugares del mundo, no gusta mucho que fotografíes a las personas, algo que se soluciona a menudo dejando unos Quetzales (la actual unidad monetaria) de propina.

Esto me reafirma del poder que tendría el turismo para dar una oportunidad a miles de personas si en todo el país se expandiera lo que se vive en Antigua, ciudad que aprovecha el turismo como una fuente de ingresos para que se beneficien desde el pequeño artesano hasta el más sofisticado restaurante. Hoy en día, y según me dicen, en el país de Guatemala el turismo está principalmente enfocado a grandes tour operadores que venden paquetes turísticos con grandes medidas de seguridad; es decir, llegas al aeropuerto, te recoge un autobús de lujo que te lleva a uno de los grandes y bonitos hoteles que hay en las grandes zonas turísticas; excursiones guiadas por algunas de las zonas más pintorescas, vuelta al lujoso hotel y a los pocos días te dejan de nuevo en la terminal del aeropuerto. También los hay más pudientes que viajan directamente en helicóptero a los hoteles de esas zonas. Una forma respetable de conocer los grandes atractivos turísticos de un país, pero que sin duda te priva de conocer la realidad del mismo, a sus gentes y otros rincones de ese precioso  entorno.

En La Antigua Guatemala, por ejemplo, hay hoteles que nada envidian al mejor Parador de Turismo español. Sirva como ejemplo el Hotel-Museo Casa Santo Domingo, donde he de decir en honor a la verdad, que fieles a la hospitalidad, buen trato y amabilidad del pueblo guatealteco, no nos pusieron ningún impedimento para que dos turistas españoles accediéramos a las instalaciones y poder visitar sus encantadores rincones, sus majestuosos jardines y las ruinas del antiguo monasterio que también resultó completamente destruido en el terremoto de 1773, habiendo realizado los arquitectos un excelente trabajo para fusionar la historia de ese recinto con el establecimiento hotelero.

 

La ciudad colonial contiene numerosas viviendas, ahora convertidas muchas de ellas en hoteles y restaurantes, con preciosos patios que te recuerdan a ciudades españolas, y que de nuevo encontramos las puertas abiertas para entrar a contemplarlas sin ningún problema.

 

También es digna de visitar en la ciudad la Fábrica del Jade, piedra celestial de la cultura maya y que dicha cultura desarrolló impresionantes obras de arte en Jade, verdaderos tesoros encontrados en tumbas de diversos sitios arqueológicos desde el valle de México hasta Costa Rica. Entre dichos tesoros se encontraron collares, pulseras, anillos, tobilleras, figurillas, cráneos con incrustaciones dentales, hasta impresionantes trabajos en mosaico como máscaras funerarias. En sus instalaciones pudimos descubrir números detalles muy interesantes de la piedra preciosa por excelencia de Guatemala, así como escuchar las explicaciones de una guía donde nos contó historias sobre reyes, gobernantes y dioses de esa cultura.

Pero al igual que para un turismo exclusivo, Antigua también es ideal para nosotros, unos turistas que íbamos “a la gorra” de buenas amistades, alojándonos en casas particulares, parroquiales y congregaciones religiosas. Allí hay innumerable cantidad de personas vendiendo por las calles sus productos, comidas, mercadillos artesanales, y grandes tiendas donde encuentras todos los productos más típicos de ese gran país a precios más acordes a nuestros bolsillos. Eso sí, en Guatemala, al igual que en muchos países, el regateo es una práctica grabada en el subconsciente del vendedor, y el quedarte con el primer precio que te dicen no siempre es lo más adecuado. Creo que es preferible regatear un precio y poder comprarle algo a dos personas distintas, que quedarte con el primer precio que te dicen y dar los quetzales a una sola. El regateo lo tienen bien asimilado en su cultura y saben muy bien hasta donde pueden bajar.

Como buenos cristianos también hicimos turismo religioso, visitando las innumerables iglesias que hay en el país y pidiendo en ellas por nuestros seres queridos. Este día entramos en la Iglesia de San Francisco el Grande, que alberga los restos de Pedro de San José Betancur, santo de origen canario que estuvo de misionero en Guatemala, fundando centros de acogida para pobres, indígenas y vagabundos, así como que fue el primer alfabetizador de América. El Santo Hermano Pedro fue un hombre adelantado a su tiempo, tanto en sus métodos para enseñar a leer y escribir a los analfabetos como en el trato dado a los enfermos. El Hermano Pedro fue Beatificado el 22 de junio de 1980.

Iglesia de San Francisco el Grande

 

EL CONTRASTE:

En La Antigua Guatemala, al igual que en el resto del país, te encuentras la triste realidad de un país con grandes recursos naturales, (petróleo, minas de oro, de jade, plantaciones de café, maíz, plátanos, etc.), pero paradójicamente es uno de los países más pobres de América Latina; el 51% de la población total vive en la pobreza, y el 16% en extrema pobreza. Según me cuentan, la riqueza del país está en manos de menos de 20 familias, y los distintos gobiernos que hay y han habido son «presuntamente» corruptos, sobre todo influenciados por estas familias y por los cárteles de la droga, que parece que son los que realmente mandan en el país. Es una pena que un país con ese potencial de recursos naturales y turísticos, con sus gentes tan amables, esté en esa situación de pobreza.

 

 

Guatemala, país de contrastes. Capítulo I – La gran ciudad

La gran ciudad

El jueves 31 de agosto partí hacia Guatemala en compañía de mi tío Fernando Bermúdez, el cual había vivido cerca de 30 años en ese país entregado a ayudar a los demás en distintas facetas religiosas y sociales junto a su esposa Mari Carmen. Llegamos a la capital del país a las 16:30, hora local (0:30 h. en España) tras cerca de 17 horas de viaje desde que salimos a las 7 de la mañana de Alguazas camino de Alicante, donde cogimos un vuelo hacia Madrid, y de allí 11 horas de avión directo hasta Guatemala.

Según dice la Wikipedia, Guatemala (en náhuatl: Quauhtlemallan, “lugar de muchos árboles” oficialmente, República de Guatemala, es un Estado soberano situado en América Central, en su extremo noroccidental, con una amplia cultura autóctona producto de la herencia maya y la influencia castellana durante la época colonial. A pesar de su relativamente pequeña extensión territorial, Guatemala cuenta con una gran variedad climática, producto de su relieve montañoso que va desde el nivel del mar hasta los 4.220 metros sobre ese nivel que alcanza el volcán Tajumulco.​ Esto propicia que en el país existan ecosistemas tan variados que van desde los manglares de los humedales del Pacífico hasta los bosques nublados de alta montaña. Limita al oeste y al norte con México, al este con Belice, el golfo de Honduras (mar Caribe) y la República de Honduras, al sureste con El Salvador, y al sur con el océano Pacífico. El país posee una superficie de 108.889 km². El idioma oficial es el español, aunque existen veintitrés idiomas mayas.

Después de la conquista de América, Guatemala pasó a formar parte del Virreinato de Nueva España en calidad de Capitanía General. Tras su independencia de España el 15 de septiembre de 1821 se constituyó ese mismo año en el Reino de Guatemala, y lo que hoy es Guatemala pasó a formar parte del Primer Imperio Mexicano así como también de la República Federal de Centro América, no siendo hasta 1847 cuando fue establecida la actual república y cuando el país empezó a abrirse con los países vecinos. Tras el triunfo de una reforma liberal en 1871 se establecieron una serie de regímenes dictatoriales y pocos democráticos hasta 1944, año en el que sucedió la Revolución de Guatemala de 1944. Dicha revolución, efectuada por militares, estudiantes y trabajadores, dio lugar a las primeras elecciones libres en ese país, e inauguró un período de diez años de modernización del Estado en beneficio de las mayorías de clase trabajadora. La historiografía posterior ha denominado a dicho período como «los diez años de primavera».  Este periodo perduró hasta el año 1954 año en el que un movimiento de liberación nacional retomó el poder del país y precipitó al país a una guerra civil que comenzó en 1960. La guerra civil, tambien denominada Conflicto Armado,  finalizó el 29 de diciembre de 1996, durante la presidencia de Álvaro Arzú con la firma del Acuerdo de Paz Firme y Duradera entre el Gobierno de Guatemala y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, poniendo fin a una guerra que duró más de 36 años.

El viaje en avión de Madrid-Guatemala no se hizo pesado gracias a los equipamientos de entretenimiento que llevan estos vuelos transoceánicos modernos (nada que ver con los primeros viajes en barco tras el descubrimiento de América en 1492, que tardaban meses para atravesar el Océano Atlántico) y por lo maravilloso que es ver nuestro precioso planeta Tierra a 37.000 pies de altura, unos 11.280 metros: Es impresionante ver desde las alturas la entrada en el Mar Caribe, con sus atolones e islas más grandes, y ese brusco cambio de color del azul intenso del Océano Atlántico al azul claro de las aguas caribeñas. Tras sobrevolar la isla de Cuba, el avión entra a Centro América por Belice y en pocos minutos ya sobrevolamos el espacio aéreo de nuestro país de destino.

Fue a recogernos al aeropuerto Lilian Morales, una buena amiga de mis tíos Fernando y Mari Carmen desde hace años, y nos dio un paseo por la ciudad camino del destino donde pasaría mi primera noche en continente americano, el Colegio Belga que la congregación de las Hermanas de la Sagrada Familia tiene en la capital de Guatemala, y que mi tío conoce de cuando vivían aquí. Allí nos dan alojamiento en la zona donde conviven las hermanas de la congregación. Este es un colegio exclusivo de chicas, y ahí está como alumna Jimena, la hija de Lili (como la llamamos cariñosamente).

Colegio Belga de Guatemala

Nos cuenta que todos los días se levantan a las 4 de la mañana, para estar como muy tarde a las 4:30 montados en el carro (coche aquí son los cochinos de cuatro patas) y evitarse parte del intenso tráfico que se forma a partir de las 5. Las clases comienzan a las 7 de la mañana, por lo que los chicos se levantan 3 horas antes de esa hora para que su madre los pueda llevar a tiempo. Un día la acompañamos a llevar a los chicos al cole, dejando antes a Eduardo y Samuel en su colegio sobre las 6, hora en que abren las puertas para que entren y no queden solos en la calle, y de allí a dejar a la niña en el suyo.

Durante el trayecto del aeropuerto al Colegio Belga visitamos un mirador donde se puede ver el impresionante volcán de Agua (conocido como Hunahpú por los mayas) que tiene una altitud de 3.760 metros sobre el nivel del mar.

En el recorrido Lili nos fue relatando la situación caótica de la ciudad de Guatemala y los grandes atascos que se forman a todas horas, tanto en el centro de la ciudad como para entrar y salir de la misma. La ciudad de Guatemala, cuyo nombre oficial es Nueva Guatemala de la Asunción, es la capital y sede de los poderes gubernamentales de la República de Guatemala, así como sede del Parlamento Centroamericano. La ciudad se encuentra localizada en el área sur-centro del país, y considerando su área metropolitana la población está cercana a los 5 millones de habitantes (la población total del país es de 16,5 millones), lo que la convierte en la aglomeración urbana más poblada y extensa de América Central. Por lo que nos cuenta, aparte del tráfico el gran problema que tiene la ciudad, y el resto del país, es la alta delincuencia que sufre, fruto de las denominadas maras (pandillas callejeras de jóvenes)​ provenientes de la exclusión y pobreza extrema que existe en varios distritos de la ciudad, donde los niños provenientes de familias desestructuradas son fáciles de captar por pandillas violentas.

Sin bajarnos del coche (con su significado en España) me enseñan alguna de esas zonas que mi tío conocen muy bien, pues él y Mari Carmen trabajaron durante algunos años atendiendo a personas de esos lugares donde sobreviven como pueden, muchos incluso recogiendo diferentes objetos de los basureros que proliferan en barrancos para luego vender (chatarras, papeles, latas, revistas, restos de comida…) ¡Paradojas del ser humano, sobrevivir unos con lo que otros desechan!

Realmente asusta lo que nos cuenta Lili (después lo haría también su marido, Oscar) sobre atracos, robos e incluso asesinatos en la ciudad a plena luz del día. Según las Naciones Unidas, Guatemala tiene unos de los niveles más altos de criminalidad en Latinoamérica y aproximadamente hay 40 homicidios en la capital cada semana. Me pone los pelos de punta el recordar, por ejemplo, la dramática noticia que corrió por todo el mundo de la muerte 40 niñas calcinadas en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción de San José Pinula, Guatemala, donde muchas sufrían abusos sexuales y que según los comentarios que nos hacen, el incendio fue provocado.

Como medida de seguridad, prácticamente todos los vehículos llevan las lunas polarizadas (tintadas de color negro) incluso las de puertas delanteras y el parabrisas frontal, algo prohibido en España. De esta forma se evita que los delincuentes elijan a sus víctimas potenciales, personas que viajan solas y mujeres, pues no saben quién puede ir dentro de un carro. El “modus operandi” que con más frecuencia utilizan es dos personas en motocicleta, se paran junto a un coche en un semáforo y pistola en mano les obligan a abrir y darles todo lo que lleven de valor, siendo muy común la rotura del cristal como forma intimidatoria. Por este motivo, nos cuentan nuestros anfitriones, la mayoría de las personas en Guatemala tienen un arma y normalmente la llevan encima, e incluso a mano dentro de los vehículos por si han de usarla; algo sorprendente para un europeo pero de lo más cotidiano en este país.

Otra forma de financiarse que tienen estas pandillas de delincuentes es mediante la extorsión a comerciantes, empresarios, tenderos e incluso conductores de autobuses (camionetas, como aquí les llaman); uno de los días en los que estuve en Guatemala leí en la prensa nacional el caso de un conductor de autobús al que tirotearon durante un atraco, hiriendo en la pierna a una pasajera y no alcanzando al chófer gracias a que una bala impactó en el teléfono móvil (celular le llaman) que llevaba junto a la luna delantera. Es por ello que en todas las empresas y comercios, por muy pequeños que sean, tienen en la puerta un guardia de seguridad privado fuertemente armado. La verdad, impone ver a esos guardias en la puerta de una tienda de barrio con una escopeta entre los brazos y un cinturón de cartuchos alrededor de la cintura.

Artículo publicado en el diario Prensa Libre

Vigilante de seguridad privada en la puerta de un comercio

Me cuenta mi tío Fernan que en muchas de estas extorsiones la cantidad de dinero que piden a los comerciantes es de casi todo lo que ganan, y que a algunos de ellos, al no poder pagar ese «impuesto», llegan a amenazar de muerte a sus familiares, teniendo que cerrar el negocio e irse toda la familia a rehacer sus vidas en otra ciudad, o incluso en algún caso a tener que abandonar el país, como el de un guatemalteco al que él está ayudando aquí en Murcia para que le concedan asilo político por ese lamentable motivo.

Uno de esos días en la ciudad fuimos a la colonia Hamburgo, perteneciente a Mixco, una de las localidades aledañas a la ciudad de Guatemala. En ella estuvieron viviendo algunos años Fernando y Mari Carmen, y allí la Asociación Amigos de Guatemala de Alguazas financió (con colaboraciones particulares, organización de cenas, venta de lotería y subvenciones de distintos ayuntamientos murcianos y de la CARM) la construcción del centro “Semilla de Esperanza”, un edificio inaugurado por el Nuncio de su Santidad en Guatemala el día 13 de Diciembre de 1998, hace ya 19 años, y que que cuenta con una biblioteca, una sala destinada a talleres y tres clínicas: una dental, otra psicología y una de medicina natural. Visitamos el centro así como la antigua casa donde hace algunos años vivían mis tíos. Esta colonia también ha blindado la entrada a las calles con una gran puerta de hierro y guardia de seguridad las 24 horas, iniciativa privada de los vecinos ante las olas de violencia y robos que sufrían.

Inauguración centro Semilla de Esperanza, 1998

 

Centro Semilla de Esperanza, septiembre 2017

 

Placa conmemorativa en el interior del centro

 

Niños en centro Semilla de Esperanza, septiembre 2017

 

Calles de la colonia Hamburgo, Mixco

La clase media en Guatemala, como pueden ser nuestros anfitriones, Oscar y Lili, viven en condominios (urbanizaciones de aquí en España) con fuertes medidas de seguridad. Son espacios abiertos muy bonitos, con muchas zonas verdes, donde se respira un poco de paz y tranquilidad; una isla para descansar del estrés de violencia atascos y humos que supone la gran ciudad. Allí hay servicio privado de recogida de basuras, algo también sorprendente para un español, donde la organización de este servicio es de competencia municipal.

La familia la componen junto con los cuatro niños: Eduardo, el mayor, Jimena, la princesa de la casa, Samuel y el pequeño Oscar Santiago. Convivían esos días con ellos la abuela paterna, doña Lola.

En su bonita y cómoda casa nos dieron alojamiento durante las tres siguientes noches de nuestra estancia en Guatemala, en un ambiente familiar cargado de valores, respeto, buen humor y educación. En este país las costumbres diarias las encuentro más en consonancia con los ciclos vitales que en nuestra sociedad: Levantarse bien temprano, desayuno abundante a base de frijoles, el alimento esencial de la dieta guatemalteca junto con las tortitas de maíz, huevos, bien a la plancha o revueltos, plátano frito, fruta del tiempo, y todo ello acompañado con café, licuados o infusiones varias. Almuerzo y cenas suaves y a las 9 o 10 de la noche como muy tarde ya durmiendo.

El sábado 2 de septiembre recibían el sacramento de la Confirmación los tres hijos mayores, y aprovechando que estábamos en su casa quisieron que mi tío Fernando fuese el padrino de Confirmación de los tres; de Jimena lo es también de bautizo. La ceremonia religiosa, en la que se confirmaron unos 80 jóvenes, fue en la iglesia de San Antonio María Claret, en el municipio de Mixco, una de las tantas localidades que forman los suburbios de la ciudad de Guatemala. Tras el acto religioso fuimos con toda la familia a tomarnos unas ricas cervezas Gallo (marca de cerveza guatemalteca) en un local de las proximidades, donde las servían de manera muy original en bacinillas (orinales); ¡espero que no hubiesen sido usados con anterioridad para la función que fueron diseñados!

Fue una velada muy amena cargada de risas y en un ambiente muy bueno que hacía que me sintiera como uno más de esa maravillosa familia.

Tras la pequeña celebración fui con Oscar a dejar al hermano de Lili en uno de los distritos de la ciudad donde vive, y al regreso me mostró algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad, como son la Catedral Metropolitana, construida entre 1782 y 1815, siendo terminadas las torres en el año 1867; tiene elementos propios del neoclásico y ha resistido, aunque con daños de consideración, los numerosos terremotos que sufre el país de vez en cuando, gracias al espesor de sus paredes y columnas de más de un metro de grosor.

El Palacio Nacional de la Cultura, antigua sede del gobierno guatemalteco, y que actualmente está dedicado para diversas actividades artísticas y exposiciones temporales, además de alojar colecciones de pintura y escultura. Su construcción se realizó entre enero de 1939 y noviembre de 1943. También vimos el exterior del Palacio Legislativo, actual sede del Congreso de la República de Guatemala.

EL CONTRASTE:

La ciudad de Guatemala tiene también varios distritos nuevos donde los edificios, avenidas, centros comerciales, clínicas privadas, universidades etc. nada tienen que envidiarle a la mejor ciudad europea, siendo mayoritariamente para la clase rica del país, turistas o extranjeros que aquí residen, como por ejemplo la Zona 10 de la ciudad.

Otra característica que hace que Guatemala sea un país de contrastes, es la amabilidad, acogida y bondad que hay en gran parte de los guatemaltecos, que contrasta con el clima de corrupción política y violencia que asola este bello país, más a causa de los grandes poderes económicos y del narcotráfico que de sus buenas gentes. En este país me he sentido muy bien acogido por sus gentes, he conocido a grandes amigos y he visto «in situ» la labor de grandes personas que dedican su vida a ayudar a los demás, y que narraré en próximos capítulos de este apasionante viaje por Guatemala.

25 de Julio, festividad de Santiago Apóstol, Patrón de España

Hoy 25 de Julio se celebra la fiesta de Santiago Apóstol. En nuestro país tiene especial importancia porque Santiago es patrono de España, aunque no sea fiesta laboral en todo el territorio nacional.

Es indudable que, en la realidad de la España actual y ya desde hace muchos siglos, la fe cristiana ha tenido y sigue teniendo una gran relevancia hasta configurar en buena parte la manera de ser, de vivir y de comportarse de los españoles, tanto individual como colectivamente. La fe cristiana se ha convertido en cultura. No hay más que observar el lenguaje, las costumbres, las fiestas, los nombres de los lugares, los edificios que marcan las rutas importantes desde la época romana y desde la Edad Media.

Un factor importantísimo en nuestras raíces cristianas es el Apóstol Santiago. Según una antigua tradición, con escaso fundamento por cierto, estuvo en Hispania predicando aún en vida y que a su muerte en Jerusalén sus discípulos trasladaron su cuerpo a Galicia para darle sepultura. Pero lo que ya no es sólo tradición, sino historia, desde el descubrimiento del que se supone su sepulcro, hacia el año 813, es que Santiago ha marcado la religiosidad y la cultura de Europa, y muy especialmente de España. El Camino de Santiago, la ruta religiosa y cultural más importante de España y de Europa, con los monumentos levantados en el camino (iglesias, catedrales, hospitales, puentes, cementerios) y los documentos literarios y musicales que nacieron en este camino y en su meta, Santiago de Compostela, son clara prueba de las raíces de la España actual. El Camino de Santiago es todo un monumento lineal y ha sido declarado Primer Itinerario Cultural Europeo  por el Consejo de Europa (1987), y Patrimonio de la Humanidad  por la Unesco (1993). Es por tanto la Historia viva de Europa forjada a base de fe y sentimientos.

No se trata de volver a determinadas formas de la Edad Media, ni darle a la Iglesia Católica la importancia y el poder que tuvo en tiempos pasados, ni mucho menos, pero tampoco es bueno para las sociedades prescindir de sus raíces y olvidar su Historia.

 

Inicio del Camino en Roncesvalles, Julio 2006

 

Camino de Santiago por los campos de Castilla (Burgos)

 

Lo que lleva andado el peregrino y lo que falta hasta la meta

 

Entrando a Santiago de Compostela Mari Luz y un servidor, julio de 2.006

 

Por las calles de Santiago de Compostela caminando hacia la Catedral

 

El «coscorrón» en el Pórtico de la Gloria, Catedral de Santiago de Compostela. Julio 2006

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