La erupción del volcán de Fuego en Guatemala de este domingo, la más fuerte desde 1974, es una tragedia cuyo alcance todavía se desconoce. Oficialmente la cifra de fallecidos asciende a 62 personas, pero el hallazgo de más cuerpos podría aumentar el total de muertos. Según las autoridades, en la noche del domingo se contabilizaban 3.100 personas evacuadas y 1,7 millones de ciudadanos afectados por la explosión. De momento se desconoce el número de desaparecidos y el de refugiados, ya que muchos de ellos han buscado acogida en casas de familiares o amigos. Al menos tres aldeas han desaparecido bajo toneladas de ceniza y las columnas de humo y cenizas superan los 6.000 metros de altura.

Una tragedia natural que vuelve a golpear a los más débiles. Personas que viven en humildes casitas y que trabajan de sol a sol para poder comer un plato de frijoles con unas tortitas de maíz. Habiendo conocido al pueblo guatemalteco me imagino lo que tienen que estar pasado en esa bella pero castigada tierra: Ciudadanos anónimos, policías y soldados rasos se estarán jugando la vida en el lugar de la tragedia, sin apenas equipamientos, intentando ayudar a las víctimas, mientras las autoridades nacionales poco harán. La tragedia se produjo al filo de las tres de la tarde del domingo 3 de junio (hora local) cuando una avalancha de lava volcánica, piedras y lodo se precipitó sobre varias comunidades ubicadas en las faldas del cráter, quedando familias completas atrapadas en sus humildes viviendas.

Las fuerzas de la Naturaleza pueden llegar a ser devastadoras para quienes las sufren de cerca, y ya no son solo las víctimas mortales, también las sufrirán durante muchos meses los supervivientes que verán destrozadas sus casitas, sus cosechas, en un país donde parte de la población vive en pobreza y la agricultura es su único medio de sustento.

Ver un volcán en erupción ha de ser un espectáculo fabuloso, pero también una tragedia para quienes lo sufren de cerca. En Guatemala pude contemplar a este majestuoso echar humo por su cráter en septiembre del pasado año (como se puede ver en la fotografía que ilustra este texto) y en aquellos momentos pensaba en lo grandioso que tendría que ser verlo en erupción. Unos pensamientos egoístas que se quedan en la belleza del espectáculo natural sin pensar en las terribles consecuencias que una erupción de tal intensidad entraña. Espero que mis queridos amigos guatemaltecos se encuentre bien. Desde España lanzo un fraternal saludo a Lilian Morales, Óscar y sus niños; a la familia Reynoso: Adelaida, Juan, Manuel, Abigail… y todos los miembros de esas fabulosas familias. Un fuerte abrazo solidario para todos ellos y para todo el pueblo guatemalteco en estos duros momentos para su país.

Pero no hay que olvidar que estos volcanes que tan de actualidad están en diversas partes del mundo en los últimos días (el volcán de Fuego de Guatemala y el volcán Kilauea de Hawai) son los que, junto a terremotos y deslizamientos tectónicos, han formado nuestro planeta; contemplar estas fuerzas hacen que te des cuenta de lo insignificantes que somos los humanos ante los designios de esa Naturaleza que tantas veces maltratamos; que estamos aquí porque ella quiere, porque formamos parte de ella, pero que cuando quiera nos puede quitar de la faz de la tierra de un plumazo, y ni nuestra gran inteligencia ni nuestros adelantos tecnológicos, ni nuestra soberbia podrán evitarlo. Hagamos lo que hagamos ella se sobrepondrá como tantas veces ha hecho a lo largo de la historia, aunque siempre serán los más débiles los primeros en sufrir sus consecuencias y los que se lleven la peor parte.

Fotografía del Volcán de Fuego realizada en septiembre de 2017