Un mundo de ternura

El viernes 8 de septiembre la ciudad de San Marcos amaneció como un día cualquiera; el pueblo guatemalteco tiene grabado en el subconsciente que forman parte de la Naturaleza, que viven de ella y que ésta se manifiesta de muchas maneras. Para la cultura maya el ser humano es parte de un gran equilibrio ecológico, no tiene ningún derecho a quebrarlo, ya que significaría el fin del hombre sobre la Tierra. Los humanos somos llamados a respetar y defender la Tierra, lo cual significa afirmar el derecho fundamental de todos a la vida. La relación que tienen con el medio en que viven es de equilibrio y armonía. La Naturaleza es un todo, es movimiento y acción, por eso la tierra, las montañas, los árboles, los pájaros, las nubes, el agua, el fuego, los lagos, las lagunas, los ríos, todo tiene vida. Todo lo que está en la Madre Tierra es Sagrado, lo perfecto, lo valioso, lo sublime se deriva de una razón de ser que tiene una función, un lugar que ocupa y una misión que cumplir con profundo respeto. Por ello los terremotos, volcanes, huracanes, forman parte de esa Madre Tierra y lo aceptan como algo natural pues el universo físico es una red dinámica de sucesos interrelacionados. Toda esta sabiduría ecológica la han heredado del “Popol Vuh”, el libro indígena más importante de Amerindia, la “biblia” de las mayas. Así que el terremoto de la noche anterior que para mí fue toda una experiencia que no se me iba de la cabeza, para los habitantes de San Marcos era algo que lo comentaban, decían el susto que pasaron, lo largo que fue, contaban alguna anécdota, pero no les afectaba a su vida cotidiana, continuaban igual que la vida continúa, siguiendo su curso natural.

Fernan y yo nos despedimos del padre Toribio y las personas que tan amablemente nos había recibido, mientras los técnicos que estaban realizando la dirección de las obras de la Catedral habían llegado a comprobar que la estructura de ésta no hubiese sufrido ningún daño importante por el terremoto. Antes de marcharnos definitivamente de San Marcos pasamos a visitar y saludar a la familia que acogió a Fernan y Mari Carmen los primeros días que estuvieron en esta ciudad, recién llegados de la capital allá por 1999. Se trata de la familia de León Gilberto y Blanqui con sus hijos, una familia muy acogedora, solidaria y comprometida con la Iglesia. Tras pasar un rato con ellos emprendimos de nuevo viaje por esas carreteras tan deterioradas, esta vez con rumbo a la población de Chiantla, en el Departamento de Huehuetenango, al noroeste de Guatemala, frontera con México.

Allí nos alojaríamos en la congregación de religiosas de La Sagrada Familia (la misma congregación que nos acogió la primera noche en la ciudad de Guatemala) que tienen un internado donde dan estudios a 43 niñas que vienen de lugares lejanos donde no tiene posibilidad de estudiar, así como a unos 140 hombres y mujeres que al trabajar entre semana en las labores del campo solo pueden estudiar sábados y domingos. La persona con la que había hablado Fernan para que nos acogieran era la hermana Juana María Mansilla, una religiosa a la que conoce desde hace más de 40 años.

Tras varias horas de conducción estresante por esas carreteras por fin llegamos a Chiantla, población que estaba en fiestas por motivo de la feria de la Virgen de Natividad. Unas fiestas muy coloridas con numerosos puestos de comida por las calles, atracciones para niños, y desfiles varios.

Llegamos a medio día al Colegio e Internado para señoritas de La Sagrada Familia, y accedimos a sus instalaciones con el coche. El lugar, dentro de la humildad que se respira en la congregación, es un auténtico paraíso de paz y belleza. Al entrar, una inmensa zona de recreo con grama verde, árboles y coloridas plantas nos daban la bienvenida, todo presidido por un imponente árbol denominado comúnmente como “pito de la India” en el centro. En el fondo se encuentra una pista deportiva donde los fines de semana los jóvenes la utilizan para jugar al baloncesto y pasar un rato de sana y amable convivencia, algo muy necesario en este país donde la violencia está tan estandarizada en la sociedad.

Las hermanas nos recibieron extraordinariamente. La congregación es un lugar sencillo, pero bonito y donde se respira un ambiente de paz y fraternidad, y con unos preciosos gatitos correteando por los jardines.

 

Después de disfrutar de una exquisita comida a base de mazorcas de maíz cocido, frijoles, arroz blanco y tortitas de maíz, la hermana Juan María nos llevó a la zona de hospedería de la congregación. Tras cruzar por el lateral del inmenso recinto al aire libre, en un extremo de la propiedad se encuentra una edificación aledaña compuesta por una especie de claustro abierto por uno de los lados y con un bello jardín en su centro. En dos de los laterales más largos están ubicadas las distintas habitaciones individuales donde nos alojaríamos por tres días, y en el lateral del fondo la zona de aseos y duchas. Nos comenta la hermana que el terremoto había dañado el calentador de agua caliente, por lo que si queríamos ducharnos deberíamos de calentar agua previamente en cubos con un calentador eléctrico portátil que se introduce dentro del barreño y que si no llevas cuidado puedes acabar electrocutado; un utensilio que era la primera vez que veía pero que por allí parece que es de uso habitual. Para unos fornidos españoles eso no era un impedimento y antes de dormir me di una ducha fría que me dejó el cuerpo bien despierto por un buen rato.

Durante la cena la hermana Juana María nos adelantó cual sería el plan para el día siguiente, y que era el principal motivo de nuestro viaje a Guatemala. Iríamos a visitar a tres niños que la Asociación Amigos de Guatemala está becando para que puedan estudiar, ya que son de familias con escasos recursos.

En Guatemala el 45% de la población femenina es analfabeta y de la masculina el 25%. Pocos de los niños que inician sus estudios en edad escolar pueden terminar las educación primaria porque las familias son numerosas y los padres se auxilian con la ayuda de los hijos mayores, o bien para la crianza de los hijos pequeños, o bien para trabajar donde sea, sobre todo los niños en venta ambulante. Solo dos de cada 10 mujeres entre 15 y 19 años tienen estudios completos de primaria. El porcentaje de la población que termina la formación universitaria es muy bajo.

Otro fenómeno muy presente en la sociedad guatemalteca es el machismo, donde el hombre tiene toda la autoridad propiciando un ambiente para la violencia hacia la mujer, abusos sexuales dentro y fuera del ámbito familiar. En Guatemala el embarazo entre niñas adolescentes es otro gran problema social, pues uno de cada cinco niños que nacen en el país son hijos de una madre adolescente, y muchas veces producto de violencia sexual. En este tema la iglesia está haciendo una importante labor de concienciación entre las niñas y jóvenes.

 

El departamento de Huehuetenango, en el que estamos, es uno de los más pobres del país y donde la educación y la salud son áreas muy poco atendidas. La mayoría de la población es nativa y campesina y son muy altos los números de muertes maternas e infantiles. También existe mucho racismo en el país, donde la cultura nativa es vista negativamente por los criollos.

En este contexto social trabajan cientos de religiosos y religiosas (quien me conoce sabe que no soy partidario del uso de este lenguaje sexista para diferenciar entre géneros, pues soy un defensor del género neutro existente en nuestra rica lengua castellana, pero es cierto que en Guatemala, donde existe esa discriminación entre hombre y mujer se hace casi obligatorio su uso, como medida de concienciación de la igualdad que ha de existir entre hombres y mujeres) en América Latina, así que cuando la hermana Juana María llegó a esta localidad en 2016, quiso poner en práctica un programa que ya había realizado anteriormente en la zona de la que venía, Ixchiguan (el pueblo habitado más alto de Guatemala y de Centro América, con 3.200 metros sobre el nivel del mar). Este programa de ayudas consistía en becar a algunos niños cuyas familias fuesen muy humildes para que pudieran recibir unos estudios, ya que para las familias con sus propios medios lo tenían muy difícil, y sin una ayuda externa lo más probable es que no completarán ni tan siquiera los estudios básicos, acabando trabajando a muy temprana edad como infinidad de niños que me encontré durante esos días.

En este pueblo dejó en marcha un proyecto de dar becas de estudios a 18 alumnos a través de la ONG madrileña ADAL (Asociación de Amigos de América Latina) integrada por jóvenes y creada por el gran amigo de mi tío y también de nuestra familia, Manolo Burguillos, una gran persona que viviendo en Madrid creó esta asociación para, por una parte, generar solidaridad donde trabajaba mi tío Fernando, y por otra parte, crear consciencia en esa juventud española de la realidad social de América Latina. Estos jóvenes durante un mes de sus vacaciones veraniegas convivían en las aldeas con los campesinos, hospedándose en sus casas y a cambio les ayudaban con cursos de alfabetización para adultos, talleres de primeros auxilios y diversas actividades con los niños. En España recababan fondos durante el año para financiar proyectos de desarrollo comunitario, siendo éste de becar a niños para que estudien uno de tantos. Así que cuando la hermana se trasladó a esta nueva comunidad, a través de mi tío Fernando sugirió la posibilidad de que la Asociación Amigos de Guatemala de Alguazas hiciese esa misma labor con niños del entorno de Ixchiguan, labor que muy gustosamente la Asociación aceptó, ya que proyectos más grandes hoy por hoy son difícil poner en marcha debido a que los organismos oficiales en España han cerrado las subvenciones de ayudas a causa de la crisis, y este proyecto sí se podía financiar con las cuotas particulares de los socios, colaboraciones de amigos y la venta de lotería en Navidad.

La Asociación Amigos de Guatemala se creó en Alguazas allá por el año 1996. Mis padres, Juan Antonio y Ana María, eran conscientes de las necesidades que habían en Guatemala a través de mi tío Fernando. De hecho, mi madre, Ana María, estuvo en ese país en 1994, en un viaje que fue ella sola a visitar a su hermano y su cuñada y conocer el pais en el que vivían y su situación. El tener mis padres conciencia de la realidad de Guatemala hizo que se plantearan el recabar ayuda para poder ayudar a ese país al que mi tío estaba dedicando su vida, y lo hicieron durante años ayudando a familias concretas o apadrinando algún niño, como fue el caso de Adelaida, a la que ayudaron en sus estudios estando con sus padres exiliados en México. En un viaje a España de Fernando y Mari Carmen comentaron con la familia la idea que tenían de construir un centro de salud en la comunidad que estaban, en la colonia Hamburgo del municipio de Mixco, una población en los suburbios de la ciudad de Guatemala. La idea que tenía era que ese centro albergara clínicas de medicina natural, dentista, psicológica, así como una biblioteca y salas para talleres y clases a niños , pero que por si solos no podían sufragar el coste. Fue entonces cuando a mi padre se le ocurrió el crear una ONG para recabar fondos y poder subvencionar esa obra a través de cuotas de socios, canalización de subvenciones de Ayuntamientos y Comunidad Autónoma de Murcia y otras entidades, ya que por si solos ese proyecto era de mucha envergadura para una financiación doméstica. Así que con ese propósito la ONG Asociación Amigos de Guatemala se fundó en Alguazas con familiares y amigos, presidida por mi padre Juan Antonio, Cristino de Maya como Tesorero, con el fin de «promover dentro y fuera de la Asociación una actitud de responsabilidad, fraternidad y solidaridad con el bien común, sensibilizar a los socios ante las grandes desigualdades que existen en el mundo, especialmente en Guatemala, y conseguir los recursos que permitan que permitan realizar proyectos» (Art. 2 de los Estatutos de la Asociación). El primer proyecto que realizaron fue la construcción de este centro, el Centro Semilla de Esperanza, y a cuya inauguración, el día 13 de Diciembre de 1998, asistieron mis padres, mi añorado tío Jesús y mi tía Encarnita, contando en esa inauguración con la presencia del Nuncio de su Santidad en Guatemala, Monseñor Ramiro Moliner. Para su construcción contaron con una gran ayuda económica por parte Carmen Romero, del Comité Óscar Romero de Cartagena. Los Comités Óscar Romero nacen a partir del 24 de marzo de 1980, fecha en que fue asesinado Monseñor Óscar Romero por su compromiso con los más pobres, y están inspirados en valores de justicia, solidaridad y fraternidad cristiana. Existen Comités en América Latina y Europa. Para la financiación del centro también colaboró la ONG de la Iglesia Católica en España para la ayuda, promoción y desarrollo del Tercer Mundo, Manos Unidas.

En el año 1998 realizaron una campaña para recabar fondo a favor de los damnificados por el huracán Mitch, recaudando unos 26.000 $ que repartieron a partes iguales en Guatemala y Honduras.

En el año 1999 la Asociación inició el Plan de Infraestructuras en el asentamiento de San Vicente, culminando en el año 2000 con la construcción de 59 viviendas. Ese mismo año adquirieron siete máquinas de coser para la Asociación de Mujeres “Tejido Maya”. Dentro de ese proyecto estaba incluida una campaña de sensibilización en España para dar a conocer en colegios, institutos, y al pueblo murciano la situación de que sufrían el pueblo indígena guatemalteco. Con este fin viajaron a nuestro país Juan, Lucía, Manuel y Adelaida, y contaron sus vivencias en numerosos actos organizados por la Asociación Amigos de Guatemala de Alguazas.

Entrevista con el Consejero y Secretario General de la Consejería de Presidencia de la Comunidad Autónoma de Murcia

 

En el año 2001 lograron construir en el asentamiento de San Vicente un salón de usos múltiples y una escuela de estudios primarios, y en 2002 las Asociación colaboró en la financiación de la construcción de un puente para atravesar el río en el camino de acceso al asentamiento, que también lo visitamos días atrás y sobre el que escribí en el Capítulo III de estas vivencias.

Al año siguiente, en 2003, financiaron también la construcción de viviendas, escuelas e iglesia en otro asentamiento de retornados del exilio, en esta ocasión en San Ildefonso.

En 2004 culminaron el proyecto de construcción del Centro de Formación Integral en la parroquia de San Antonio Sacatepequez, en el municipio del mismo nombre en el departamento de San Marcos, donde Mari Carmen atendía las consultas y formaba a promotoras de salud para que desarrollaran esa actividad en sus aldeas.

En 2005 ayudaron a las víctimas del huracán Stan a través del Obispado de San Marcos.

En 2006 la Asociación Amigos de Guatemala de Alguazas financió la construcción del sistema de conducción de agua potable a la comunidad Nueva Valdemar, en el municipio de San Pablo, departamento de San Marcos.

En 2007 se puso en marcha el proyecto de construcción de 29 viviendas y una escuela en esa comunidad de Valdemar.

Entre los años 2008 y 2012, y a petición de la hermana Juana María, se inicia un proyecto en el municipio de Ixchiguan, departamento de San Marcos, para la construcción de una cocina escolar.

Ya en 2014 se pone en marcha estos proyectos que actualmente financia la Asociación para becar a alumnos. En el curso 2016-2017, según me cuenta la hermana Juana María, la beca es de aproximadamente 4.000 quetzales a cada familia, unos 550 €, que ella va entregando conforme lo necesitan y supervisando que realmente se emplea en la educación de los niños, pidiendo justificación de gastos, así como que éstos niños están asistiendo a la escuela y aprovechando sus estudios. ¡Gran labor la que hacen muchos religiosos y religiosas aquí en Guatemala!

Alumnos apadrinados por la Asociación Amigos de Guatemala en 2014

Así que esa mañana de sábado nuestro plan, y principal motivo de nuestro viaje, era visitar a esas tres familias becadas y conocer a los niños que estaban becados por la Asociación. Después del desayuno nos vino a buscar una de las niñas becadas, Alida, en compañía de su madre, doña Natalia, para acompañarnos a visitar a los otros dos niños. El lugar donde viven estas tres familias es la ladera de un monte, a las afueras de Chiantla, denominado Las Tejas. Este lugar está separado del pueblo por el río Selegua, el que se cruza a través de un puente peatonal de madera (hamaca le llaman aquí) y caminando después unos diez minutos por una senda que asciende ladera arriba.

La primera familia que visitamos fue la que más me impresionó de las tres, por las condiciones de extrema pobreza en la que viven (diría que más bien sobreviven) y por la situación del padre, al que le tuvieron que amputar una pierna hace unos ocho años. Según nos cuenta trabajaba en la venta ambulante de helados con un carrito, y un día le picó una culebra en el pie, se le infectó y cuando fue al médico le dijeron que había que cortarla ya que en el hospital de la capital no había camas para tratarlo ¡Así es la triste realidad de este precioso país! Desde entonces vive pidiendo limosna en los semáforos en su silla de ruedas por las calles de Huehuetenango, a donde va dos días por semana en camioneta (estos viejos autobuses de por aquí), algunas veces ayudado por su hijo y otras veces él solo subiendo a pulso en el autobús. Su nombre es don Santiago Nicolás. La madre, doña Candelaria Escobar, se gana la vida lavando ropa en casas ajenas por unos 15 ó 20 quetzales diarios (menos de 2€). Al llegar a la humilde casa, construida con paredes de adobe y techo de chapas, muy  amablemente nos invitan a sentarnos y charlamos un buen rato con ellos. Nos dicen que tienen tres hijos, “nada más” añade el padre: El hijo mayor, José Ricardo, de 15 años, nos cuentan que no quiere estudiar y está trabajando en una tienda vendiendo ropa (después la hermana Juana María nos comentó que no es que no quiera, es que no puede y ha de ayudar económicamente a la familia pues con los pocos ingresos de los padres no les da para vivir).

 

 

El Niño que está becado por la Asociación Amigos de Guatemala es un niño de 13 años llamado Pedro Pablo Juan, y está cursando 6º de primaria (aquí los estudios son Pre-primaria, de 3 a 6 años. Pasan después a Primaria que consta de 6 cursos; terminan este ciclo con unos 12 años y de ahí quién puede seguir estudiando hace el Ciclo Básico, que son tres años. Después se continúa con el Diversificado, que son dos años de Bachillerato, para continuar posteriormente con la universidad, o bien hacen 3 años de un bachillerato específico, para salir con una profesión; puede ser enfermería, perito en computación, perito contador, etc.). Nos cuentan que el niño hace unos dos años estuvo apunto de perder la vida al caer de un árbol, estuvo hospitalizado y se le ha quedado una gran cicatriz que recorre de adelante hacia atrás la parte derecha de la cabeza. El hijo pequeño se llama José Ricardo y está estudiando 5º de Primaria.

 

Con esta familia es con la que más tiempo estamos. A pesar de la humildad con la que viven es agradable estar charlando con ellos, sumado a todas las historias que nos cuenta el patriarca de la familia sentado en su silla de ruedas. Desde historias de cuando el conflicto armado y que lo querían matar por lo que dormía con un machete bajo la cama, pasando por que Candelaria es su segunda esposa ya que Dios según nos dice así lo quiso, hasta contarnos lo que más me impactó: El terreno donde habitan no es de ellos y el propietario de las tierras les ha dicho que cuando los niños terminen los estudios primarios se han de ir ya que tiene esos terrenos vendidos. Según nos cuenta no es cierto, pero que quiere echarlos de allí y no sabe dónde irán si lo cumple.

Por la casa y el pequeño terreno corretean unos pollos, y comentan que de vez en cuando se los roban cuando no están en casa. Como dice el dicho, ¡a perro flaco todo son pulgas! La generosidad con la que nos reciben es tal que nos ofrecen pasar al humilde salón que es toda  la vivienda para invitarnos a una taza de café acompañada por unos deliciosos, dulces y calientes tamalitos hechos a propósito para nosotros. ¡La grandeza del ser humano, cuanto menos tienen más generosos son y ofrecen lo poco de que disponen!

Nos despedimos de ellos, no sin antes darnos repetidamente las gracias por lo que la Asociación está haciendo por su hijo al darle una oportunidad para que estudie, expresando la madre este agradecimiento con lágrimas en los ojos.

Y acompañados por la señora Natalia y su hija Alida nos encaminamos a través de otra senda a visitar a la otra niña becada.

Ésta sale a recibirnos a mitad de la senda, pues según nos dice los sábados y domingos trabaja de 8 de la mañana a 2 de la tarde en una cafetería, y que al jefe le había pedido entrar hoy más tarde para estar un rato con nosotros. Para llegar a su casa hay que hacerlo por una senda que desciende en pronunciada pendiente, a tramos está bastante rota, y al llegar al lateral de la vivienda hay que pasar por el estrecho paso que queda entre una canaleta de agua sucias y una alambrada de espino, quedando un paso de no más de medio metro en pendiente. Según nos responden a mi pregunta, ya que la alambrada se ve reciente, antes había un paso más ancho y cómodo que bajaba al pueblo atravesando un pequeño bosque, pero que hace un mes el propietario, un vecino de Chiantla, valló su terreno alegando que la gente le quitaba las ramas secas de los árboles ¡La otra cara amarga del ser humano, su avaricia y no ser capaz de dar algo que tú no necesitas o te sobra a los demás!

Entramos en la vivienda, otro salón con dos camas, donde nos espera la madre de Evelyn Michelle López, la segunda niña becada. La señora se llama Doris Ortiz y nos cuenta que quedó viuda hace dos años tras la muerte de su marido en un accidente. En un rincón del salón tienen un pequeño altar con una fotografía del padre de familia fallecido y recuerdos varios.

Michelle tiene 16 años, está estudiando 3º de bachillerato y nos dice que le gustaría seguir estudiando para ser maestra de primaria, y que sus planes son estudiar y trabajar para ayudar a su madre. Se ve una niña muy inteligente, extrovertida y espabilada. Nos muestra sus calificaciones de la última evaluación y comenta que ha sacado la segunda mejor nota de su clase. También nos lee una carta dirigida a la Asociación Amigos de Guatemala de Alguazas, donde expresa su agradecimiento por la ayuda que se le está dando para poder estudiar.

 

Esta señora tiene dos niños más, de menor edad que Michelle, que es la mayor: Berni, de 8 años, que estudia 2º de primaria, y otro mayor de 13 años que está en la ciudad de Guatemala cursando 1º de Básico en un internado llamado “Villa de los niños” de una congregación de religiosas coreanas y que, según nos cuenta su madre, está muy triste por estar tan lejos de su familia. Después también nos comentaría la hermana Juana María que la madre lo tuvo que dejar allí por no poder darle estudios; está con una beca de esa congregación y solo le permiten a la madre dos visitas al año, y él solo dispone de 10 días de vacaciones para poder venir a su hogar. A la madre la tienen empleada las hermanas de La Sagrada Familia en el colegio como cocinera.

Al despedirnos, tanto la madre como la hija, nos muestran de nuevo su agradecimiento por la ayuda que se les está dando. Y volvimos a salir de la propiedad por la misma senda estrecha junto a la alambrada de espinos.

Ya por último fuimos con doña Natalia y su hija Alida, nuestras guías, a visitar su casa. De las tres familias ésta es la que más cómodamente vive, dentro de la humildad en la que transcurren sus vidas, ya que a la vivienda se puede acceder con vehículos a través de un camino de tierra, aunque nosotros lo hicimos a pie. Al llegar a la casa uno de los hijos estaba lavando los cacharros en una pila que hay en el exterior.

Pasamos al interior de la vivienda, otro salón con tres camas y una pequeña y vieja televisión en un rincón, y allí nos pusimos a charlar con ellos. Alida López, la tercera niña becada, tiene 14 años, estudia 2º de básica en el Colegio “Fe y Alegría”, un proyecto educativo de los Jesuitas de llevar centros escolares a las áreas más marginadas de América Latina. Nos cuenta que tarda unos 30 minutos en ir caminando a la escuela, y que su ilusión sería estudiar enfermería. Mi tío Fernando le dice que es muy importante que estudie para tener un digno trabajo con el que ganarse la vida, y que también esa profesión le permitirá poder ayudar a los demás.

 

El padre de familia se llama Francisco López y es jornalero en el campo, y su día libre, los domingos, trabaja limpiando y arreglando los jardines del colegio de las Hermanas de la Sagrada Familia. Son cinco hijos, la niña y cuatro varones. El mayor se llama Selvin David, tiene 17 años y está estudiando Bachillerato en computación (informática). Le sigue Béder, de 16 años, y que estudia 3º de Básico en el mismo colegio que su hermana. El niño que estaba fregando fuera y que entra al rato a sentarse en una cama junto a su madre se llama Olander, tiene 12 años y estudia 5º de primaria, también en el mismo colegio. Por último está Francisco, de 6 años y que está en párvulos. Es un niño con una mirada abierta y penetrante, pendiente en cada momento de lo que hacemos, decimos y de las fotografías que yo tomaba.

Una vez más la madre, doña Natalia, nos transmite el agradecimiento de su familia por estar ayudando a uno de sus hijos, y le pide a Alida y Olander que nos acompañen de regreso al pueblo. Durante los cerca de 20 minutos de caminata vamos dialogando con ellos, aunque son algo tímidos y hay que sacarles las palabras con preguntas sobre cuestiones varias.

Ya por la tarde estuvimos un buen rato hablando con la hermana Juana María y nos puso al tanto de los detalles de los tres niños becados, mostrando los apuntes del dinero que se le iba entregando a cada uno de ellos, así como los justificantes que los patojos (como aquí se les dice a los niños) y sus familias le entregaban certificando que el dinero se empleaba en los gastos educativos de los niños.

Sinceramente, uno se queda con la sensación de que es muy poco lo que se está ayudando, en un país donde hay tantas necesidades en la mayoría de la población y los niños son los más vulnerables. Muchos acaban dejando sus estudios primarios y poniéndose a trabajar desde bien jóvenes, y muchas niñas se quedan embarazadas bien jovencitas, con 13 ó 14 años. Pero como bien me dijo la hermana Juana María, con uno solo que se ayude ya habrá merecido la pena, habrá una persona que tendrá una oportunidad de no acabar así. ¡Cuánto mejor si son algunos más! Esta conversación con ella la tuvimos mientras nos mostraba el bello huerto que dispone la congregación, con numerosas plantas de café, mangos, y unas cochineras con tres “coches” (cerditos) uno de ellos algo enfermo y que lo estaban medicando diariamente. Sentados en un banco la hermana Juana María nos dijo que había veces que en ese lugar se sentía demasiado cómoda, demasiado a gusto con la vida que llevaba, algo que le removía lo más profundo de su ser. Esa es la grandeza de estas personas, su compromiso con los demás, con los pobres, con los necesitados, su empatía hacia ellos hace que a menudo se sientan mal por vivir en mejores condiciones que ellos.

Ya por la noche vino a visitarnos desde la ciudad de Huehuetenango una antigua compañera de mi tío Fernando en el equipo interdiocesano de pastoral de Derechos Humanos, Vivian López, junto con su esposo Robin. Una agradable pareja muy comprometida con la realidad de su país, muy humanos y solidarios con la gente necesitada. Ella y su marido trabajan en su oficina de abogados y son también profesores en la facultad de derecho de la universidad en Huehuetenango. Con ellos dos salimos a dar una paseo por Chiantla y cenamos en una pizzería de la localidad.

A la mañana siguiente, domingo, en el colegio tenía Fernando otra actividad programada con motivo de nuestra visita. En el Colegio de la Sagrada Familia los sábados y domingos imparten clases a personas que trabajan entre semana con la finalidad de apoyarles para que consigan una vida más digna para ellas y sus familias. Este programa de estudios está promovido por el IGER (Instituto Guatemalteco de Educación Radiofónica), una institución privada, sin dependencia política o confesional, de carácter no lucrativo. Su cobertura incluye alfabetización, primaria y ciclo básico y se imparten clases en español e idiomas mayas. Estos programas gozan del reconocimiento del Ministerio de Educación, por lo cual los estudiantes obtienen diplomas oficiales después de finalizado cada ciclo de estudios. En el Colegio “La Sagrada Familia” también trabajan como Centro de Promoción de la mujer. Así que la hermana Juana María Mansilla pidió a Fernando que diese una charla a los cerca de los cien chicos y chicas que acudían a clase ese día. La charla trataría sobre las desigualdades del mundo y los problemas de la migración. Fue una charla muy amena e instructiva. Fernan explicó la gran parte de la población mundial se encuentra en el hemisferio sur, el 80%, mientras que en el norte está el 20% de la población. Por contra, el 80% de la riqueza del Planeta Tierra está en manos del 20% de la población, mientras que el otro 80% tiene que conformarse con el 20% restante. ¡Gran paradoja!

En otro punto de la charla Fernando preguntó a los jóvenes asistentes cuántos de ellos tenían algún familiar emigrado en Estados Unidos, que levantasen la mano. Prácticamente todos la levantaron.

Ese es otro gran problema de este país, los jóvenes ven su futuro emigrando a Estados Unidos, muchos de ellos de manera ilegal. La Unicef señala que el 90.5 por ciento de quienes emprenden el viaje busca aumentar sus ingresos económicos mediante un empleo en el extranjero (sobre todo en Estados Unidos), así como para enviar remesas y cumplir con el sueño de construir una vivienda digna, cosa que ven imposible si permanecen en Guatemala. La pobreza, la falta de oportunidades de empleo, la desigualdad y la violencia, empuja a muchos a salir. Tal decisión, sin embargo, conlleva el riesgo de ser deportado o, en el peor de los casos, a ser atracado, violados, capturados por mafias de trata de mujeres, de tráfico de órganos, llegando muchos incluso a morir en el intento. Es por ello que Fernan incidió que esa no es la solución, que tienen que prepararse académicamente y humanamente para cambiar su país, para hacer que, Guatemala en este caso, pero igual otros muchos países del mundo, la política esté al servicio de sus ciudadanos y no de los poderes económicos o del narcotráfico, o de la industria armamentística. Tienen que solucionar su país desde dentro, no huyendo.

Después puso una presentación sobre lo que está sucediendo con los refugiados en el Mediterráneo, el mayor drama humano en la actualidad desde la II Guerra Mundial, que aunque pilla muy lejano a Guatemala la situación es muy simila a la de otras zonas del mundo: El sur emigra hacia el norte, el norte explota al sur. Fernan relató sus vivencias junto a Mari Carmen en el campo de refugiados de Katsikas, en Grecia, donde pasaron un mes colaborando y recabando testimonios con los que después escribió el libro “El grito de los refugiados”, del que ya ha sacado la 4ª edición.

Fue algo más de una hora de interesante conferencia en la que los jóvenes asistentes permanecieron muy interesados y tomando notas.

Al término se abrió un turno de preguntas. Tras esta charla, los alumnos se quedaron en la sala y prosiguieron con sus clases. Me chocó el hecho que, tanto en el alumnado del Colegio de la Sagrada Familia como en prácticamente todos los colegios del país, los alumnos vistieran con uniforme, algo que pensaba que sin tan mal estaba la situación económica de muchas familias era un contrasentido gastarse un dinero en uniformes. Se lo comenté después a la hermana Juana María, y la respuesta que me dio es totalmente coherente: En Guatemala existen 25 etnias, 22 de ellas de origen maya, y luego están los ladinos y criollos. Como he comentado es un país con una gran discriminación hacia los indígenas, y en muchos colegios el que una alumna fuese vestida con su traje indígena era motivo de burlas de otros compañeros con mayores recursos, dándose también la discriminación por la forma de vestir. El uniforme hace que todos sean iguales, y que nadie sobre salga de otros por tener mejores vestimentas.

Para el resto de la mañana de domingo nos habían programado una excursión por la cercana la Sierra de los Cuchumatanes, en compañía de otro gran amigo de mi tío, Ricardo, el que nos llevaría de excursión en su carro por, y nos acompañaría también Carmen María, una profesora del Colegio de la Sagrada Familia que llevaba poco tiempo allí y no conocía mucho la zona. Carmen María fue profesora muchos años en un colegio de la capital de Guatemala, pero por distintas causas decidió dejarlo e irse a dedicar su tiempo con las religiosas de La Sagrada Familia y dar clase a esas niñas con escasos recursos económicos; y por lo que nos comentaba ahora estaba muy feliz en este lugar. El destino de la excursión era conocer el pueblo de Todos Santos, inmerso en la sierra a 2.500 metros de altitud. Durante el trayecto nos cuenta mi tío Fernando que en 1981, en plena Guerra Civil (Conflicto Armado Interno como se le ha llamado en Guatemala tras los acuerdos de paz de 1996) la hermana Juan María lo acompañó a visitar el pequeño pueblo de al que nos dirigíamos, y que al llegar tras dos horas y media de camino les sorprendió encontrar a la entrada del pueblo ver hombres armados que los saludaban amablemente. Cuenta que en la localidad reinaba un ambiente festivo, con personas tocando marimbas en el parque central y la bandera del EGP (Ejercito Guerrillero de los Pobres) ondeaba en el balcón de la municipalidad (ayuntamiento) junto a la de Guatemala. Por las calles había gran número de guerrilleros charlando con la población. Dice que la sensación era que el pueblo de Todos Santos se sentía liberado. Días después, el ejército invadió el pueblo con helicópteros y tanquetas y los guerrilleros tuvieron que huir a las montañas, produciéndose numerosos asesinatos y secuestros por parte de los militares.

Entre estas amenas charlas fuimos ascendiendo por la carretera de montaña, que aunque algo estrecha y con numerosas curvas el firme estaba en buen estado, lo que hacía que el viaje no se hiciese muy pesado. Paramos en un mirador donde se observaba todo el valle de Chiantla y Huehuetenango, tiempo que aprovechamos para hacer algunas fotos.

Este mirador está dedicado al poeta Juan Diéguez Olaverri, y en él hay varios grabados en piedra de los versos sobre los Cuchumatanes que hicieron celebre a este poeta guatemalteco. La historia relata que el poeta visitaba este lugar para inspirarse y escribir sus poemas, tomaba los bellos paisajes como referencia y los plasmaba en sus letras.

¡Oh cielo de mi Patria!
¡Oh caros horizontes!
¡Oh azules, altos montes;
oídme desde allí!
La alma mía os saluda,
cumbres de la alta Sierra,
murallas de esa tierra
donde la luz yo vi!

Del sol desfalleciente
a la última vislumbre,
vuestra elevada cumbre
postrer asilo da:
cual débil esperanza
allí se desvanece:
ya más y más fallece,
y ya por fin se va.

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Continuamos ascendiendo hasta una gran planicie a más de 3.000 metros de altitud donde paramos de nuevo para contemplar el bello espectáculo de esa imponente naturaleza, con unas preciosas flores silvestres de color rojo que delimitaban la carretera y caminos, como si fuesen flechas de fuego que apuntaban al cielo azul.

 

En el camino encontramos a varias personas haciendo “auto stop” y ataviados con los trajes típicos de esa zona, los hombres pantalón y camisa de rallas y las mujeres vistosos cortes (faldas) y huipiles bordados a mano. Aunque nos había advertido que no recogiésemos a nadie en la carretera, pues era una forma muy común de atraco, en esta ocasión sí lo hicimos pues en esta zona rural de montaña la inseguridad no es tanto como en las grandes ciudades o concurridas carreteras. Así que nuestro conductor Ricardo paró en dos ocasiones para que, primero un joven, y después una joven madre con su niño, montasen en la parte trasera del “pick up” para llevarlos hasta la población de Todos Santos. Un gesto de solidaridad en ese país con tanta inseguridad.

Al entrar en la población encontramos prácticamente a todos los vecinos ataviados con sus trajes típicos, unos que salían de la misa dominical, otros que descansaban en la plaza del pueblo, otros comprando o vendiendo en un coqueto mercado, y algún que otro ya algo pasado de “tomar” más de la cuenta.

Entramos a visitar la iglesia donde nos recibió el párroco amablemente y que nos contó que el terremoto de la noche del jueves había causado una enorme grieta en la fachada principal del templo.

Después insistió en que lo acompañáramos hasta su casa, una vivienda aledaña a la iglesia y que estaba decorando con muy buen gusto. El párroco era una persona joven, muy agradable, y con buen gusto para el vino, pues disponía en un mueble tres botellas de vino de Rioja Marqués de Riscal. Una vez que nos despedimos de él fue el tema de conversación y bromas entre nosotros cuatro, sobre todo entre Ricardo y yo, comentando entre risas que bien se podía haber marcado el padre un detalle y habernos “donado” una de esas botellas para la comida. Ya nos puso los dientes largos e intentamos compar algún vino por el pueblo para la comida, pero la tarea fue infructuosa. Tuvimos que conformarnos con unas cervezas Gallo.

Tras dar un paseo por el pueblo, hacer fotos a la población previa solicitud de permiso para fotografiarlas (no siempre, la verdad, muchas fotos fueron «robadas». A la población de Guatemala, como en cualquier parte del mundo, no les gusta que las fotografíes) emprendimos el regreso parando antes en un restaurante de carretera donde según nos comentó la hermana Juana María hacían un estupendo cordero asado (así se le llama allí echo la brasa). La verdad, aquello que nos pusieron dudamos si era cordero o más bien algún viejo choto cansado ya de vivir, nada que ver con el cordero segureño de nuestra tierra y que tanto añoraba en aquellas latitudes transoceánicas.

En esa excursión conocí a otra gran persona, Ricardo, una persona también comprometida con la realidad de su país y con una alegría que contagiaba a los demás. Esto quiero destacarlo ya que su historia personal es dramática y te hace ver el poder que tiene el ser humano para sobreponerse ante las adversidades. Conocía su historia por mi tío Fernando, la había contado en varias ocasiones, y cuando cogí un poco de confianza con él dudaba si sacar el tema o si se sentiría incómodo de hablar de ello. Durante la comida en aquel restaurante llamado “Amparito” me decidí a preguntarle, y con toda naturalidad habló de su tragedia:

Ricardo trabajaba también en la defensa de los pobres y denunciando la explotación que sufren los campesinos en Guatemala por parte de los grandes terratenientes que se apoderan de sus tierras y los expulsan de sus humildes casitas. Un día, estando él fuera de su domicilio, unos sicarios enviados por alguien que le incomodaba la labor que realizaba fueron a su domicilio donde se encontraban su mujer y su hija de unos tres años. Amenazaron a su mujer y en un forcejeo uno de los sicarios golpeó a la niña, causándole la muerte. Esto hizo que dejaran todas sus pertenencias, su familia y se fuesen de Guatemala. Vinieron a España, concretamente a Murcia. Aquí estuvieron algunos años, pero la muerte de la niña pasó factura a la pareja y se separaron. Ricardo estuvo trabajando unos meses en Irlanda, luego se marchó a Canadá, estuvo unos años y después regresó a su país natal donde está inmerso en un proyecto para educar a adultos y del que está buscando financiación. Pretende crear una escuela para padres para que tengan apoyo psicopedagógico para acompañar en la educación de sus hijos, que den educación y orientación sexual, terapia familiar, terapia a madres solteras y terapia a los hijos que sufren las consecuencias de la desintegración familiar. Según refleja en su proyecto “Porque se entiende que la familia es concretamente el ámbito donde podemos prever individuos mental y psicológicamente sanos”. Espero que tenga suerte y que este proyecto pueda pronto ser una realidad.

Ya por la tarde esperamos en la congregación a monseñor Álvaro Ramazzini, obispo de Huehuetenango y buen amigo de mis tíos Fernando y Mari Carmen, y gracias a ellos de mis padres y de toda nuestra familia, el cual vendría a visitarnos y pasar esa tarde con nosotros.

 

Fernando conoció a don Álvaro en el año 1981 cuando era rector del seminario nacional y descubrió a una persona sensible al dolor del pueblo, solidario con los necesitados, comprometida en la defensa y promoción de los derechos humanos. En 1989 nombraron a Álvaro Ramazzini Obispo de San Marcos y realizó un largo viaje por todo el departamento para conocer la realidad de la mayoría del pueblo guatemalteco, ese pueblo empobrecido, carente de servicios de salud y de educación, sin tierras, marginada. Según manifestó don Álvaro, la realidad impactó en su vida, y optó por ser un pastor de todos, pero con preferencia en los más pobres. Esto le ha supuesto estar amenazado de muerte en varias ocasiones, ha sufrido atentados por parte de los sicarios de los grandes terratenientes, pero también ser galardonado con numerosos premios nacionales e internacionales, destacando La Orden “Monseñor Gerardi a los Derechos Humanos” de la iglesia de Guatemala y el premio “Pacem in terris”, premio que también fue concedido en su tiempo a John Kennedy, a Luther King y a la madre Teresa de Calcuta. Fue Presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala y de América Central. En San Marcos trabajaron estrechamente mis tíos con monseñor Álvaro Ramazzini, y en sus numerosos viajes por Europa aprovechaba en ocasiones para visitar Murcia y nuestro pueblo de Alguazas, haciendo alguna escapada para bañarse en las aguas del Mediterráneo en Mazarrón, lugar al que nos dijo que le gustaría regresar pronto. Esperemos que así sea.

Pasamos una agradable tarde en compañía de don Álvaro y las hermanas de la congregación, compartiendo un té y hablando ellos de tiempos pasados, de la triste realidad del país, de proyectos futuros… todo en un ambiente de gran humanidad, de sencillez, de espiritualidad, de fraternidad. Aquello era una isla en medio de tanta injusticia que sufre ese gran país pero que gracias a esas personas que dan su vida por los demás hace que no se pierda la esperanza en un mundo más humano y solidario, en el Reino de Dios que proclamó Jesús de Nazaret. Así es la Iglesia de Guatemala y de América Latina, una iglesia que sigue la enseñanza de Jesús. La Iglesia ha tomado una opción profética en defensa de los pobres, de la justicia y de la ética frente a la escandalosa injusticia de los poderosos. En América Latina hay una separación total de la Iglesia respecto a los poderes políticos, por eso se siente libre para denunciar lo que está mal. Y por eso también es el continente en donde más mártires (obispos, sacerdotes, catequistas, religiosas…), ha habido en los últimos tiempo, por ejemplo Monseñor Óscar Romero o el sacerdote de Santiago Atitlán y del que hablé en el Capítulo IV, Francisco Stanley, beatificado el pasado mes de septiembre.

EL CONTRASTE:

Guatemala tiene una población de 16 millones y medio de habitantes. La mayoría de la población de Guatemala es ladina (mestiza) con el 40%, indígena maya el 39% y blancos o criollos de origen europeo el 20%, principalmente descendientes de alemanes y españoles.

En Guatemala hay más de 1 millón de personas mayores de 15 años que no saben leer ni escribir. Por etnias, el 40% de los indígenas mayores de 15 años es analfabeto, porcentaje dos veces superior al de los no indígenas, el 20%. Ocurre casi lo mismo con la escolaridad promedio, ya que para los indígenas es de tan sólo 3,8 años frente al 6,5 de los no indígenas. Este indicador es aún más bajo en el medio rural, donde la escolaridad promedio es de poco más de 2 años para los niños y de poco más de 1 año para las niñas. Los expertos estiman que por cada 100 niños en Guatemala, menos de 40 continuarán hasta primer curso y sólo 18 completará diversificado. En las escuelas primarias, un promedio de 19% de estudiantes abandonan la escuela cada año. Solamente el 38% de los jóvenes en edad para estudiar la secundaria, se matriculan. Este es el porcentaje más bajo en América Latina.

Guatemala es el país centroamericano en el que más niñas, niños y adolescentes trabajan. Las últimas estadísticas muestran que alrededor de 507.000 niñas y niños guatemaltecos de siete a catorce años trabajan. De este grupo de niños y niñas, un 12% trabaja y estudia; un 8% sólo trabaja; un 62% estudia y un 18% no realiza ninguna actividad. Estos últimos entran en el grupo de la niñez en riesgo, ya que la mayoría de las veces se desconoce qué están haciendo.

Si se analiza el trabajo infantil en Guatemala, parece ser un fenómeno masculino. Por ejemplo, en el grupo de 7 a 14 años, el 66% son varones, pero, en realidad, las niñas laboran en trabajos ocultos y, sobre todo, en quehaceres del hogar y en casas particulares, por lo que muchas veces no aparece como trabajo infantil. Por otra parte, es un trabajo sobre todo rural, de ayuda a las familias, que muchas veces no está remunerado. Otra característica de este fenómeno es que el índice de trabajo infantil es más alto entre la población de niños y niñas indígenas, con un 56%, en comparación al 44% no indígena. (Fuente UNICEF)