Escribo porque quiero

Un lugar donde escribo lo que pienso, sin pensar lo que escribo.

Categoría: Cosas de la vida

Una de atracadores y policías

Hay circunstancias en la vida que te hacen recordar acontecimientos del pasado; algunos buenos momentos vividos pero también otros que no lo son tanto y que salen del fondo de esos recuerdos que guardamos en algún lugar de la memoria.

El reciente robo ocurrido en la casa de mis padres me ha hecho recordar uno de esos momentos algo traumático ocurrido hace más de 30 años y, sin quererlo muy conscientemente y sin ánimo de molestar personalmente a nadie, hacer una analogía de las actuaciones de unos profesionales en dos casos distintos.

Tendría yo unos 13 años y por circunstancias de la vida mis padres regentaban un supermercado en Murcia, en la calle Primo de Rivera, frente a la cárcel vieja, Supermercado Universo se llamaba. Por aquel entonces yo estudiaba 1º de Bachillerato en el Colegio San Buenaventura de los Capuchinos que se encuentra a menos de 5 minutos caminando de allí, y cuando salía de clase al mediodía iba al supermercado, conversaba con los empleados, echaba una mano reponiendo alguna estantería y esperaba a la hora de cierre para irme a comer con mis padres y volver a clase.

Un poco después de las dos de la tarde mi padre bajó la persiana para que no entrase ningún cliente más y con las dos cajeras se dispuso a retirar el dinero de las ventas de esa mañana para ponerlo a buen recaudo. Perfectamente recuerdo que yo me encontraba entre la entrada y una de las cajas, de espaldas a la puerta, cuando escuché el ruido de la persiana metálica al levantarse. Al girarme vi a dos individuos (eran de una raza nómada de piel oscura y cabello negro que probablemente procede de la India y que se extendió por Europa. No quiero que nadie me tache de racista si nombro la etnia) entrando por la puerta de cristales que estaba cerrada pero sin llave y uno de ellos portaba un revolver con el que nos apuntaba y un gran cuchillo el otro, también con expresión amenazante. Por cierto, uno de ellos era natural de nuestro pueblo, Alguazas, aunque dudo mucho que el pobre supiese de dónde ni quiénes eran los que se disponían a atracar.

Todo fue muy rápido: El que llevaba el arma de fuego se lanzó hacia mí que me encontraba entre él y la caja y con el lateral metálico del revolver me dio un fuerte golpe en la sien izquierda. Yo caí al suelo conmocionado y recuerdo vagamente escuchar gritos de pánico de las dos cajeras, gritos de los atracadores  de tipo “¡abre la caja…!” “¡darme todo el dinero o sus mato…!”, y poco más. Cuando logré ponerme en pie vi a mi padre que, tras comprobar que yo me encontraba bien, salió tras ellos gritando “¡ladrones, ladrones!». Quiso la suerte, el azar, o Dios quizás… que justo en el momento que mi padre salía a la calle por la vía lateral en la que se encontraba el supermercado pasaran dos agentes de la Policía Local de Murcia que entonces circulaban en motos “Vespino” de color gris. Los agentes tiraron las motos en medio de la calle y salieron pistola en mano corriendo tras los atracadores. Yo, una vez recuperado aunque algo mareado, salí también tras ellos. Uno fue detenido al instante tras una carrera en la que creo recordar que disparó contra el agente, afortunadamente sin llegar a dar a nadie (creo que llevaban munición de fogueo). El otro se escondió debajo de un coche y minutos después un vecino que lo vio alertó al otro policía que lo sacó a rastras de allí estando yo a su lado y gritándole todos los insultos que se me pasaban por la cabeza, en uno de esos impulsos «gallitos» de la pubertad y sabiendo que poco me podía hacer estando ya detenido.

Un par de agentes de la Policía Nacional me llevaron a mí en el coche patrulla a lo que entonces era el Hospital General Universitario, hoy Hospital Reina Sofía, donde me reconocieron en el Servicio de Urgencias y me hicieron diversas pruebas médicas por si tenía alguna secuela del golpe en la cabeza. Afortunadamente no fue nada grave y a las pocas horas ya estaba de vuelta, con la prescripción de que estuviese en observación esa noche y un par de aspirinas si me dolía la cabeza.

Días después como en las películas: Mi padre y yo al juzgado, rueda de reconocimiento en una habitación oscura con una ventana y seis individuos al otro lado; abogado y fiscal preguntando si los reconocíamos; juicio, una temporada los autores entre rejas y a los meses de nuevo en la calle. Al que era de nuestro pueblo lo volví a ver en alguna otra ocasión, con cierto temor a que me reconociese, dicho sea. Creo que murió años después de esa terrible enfermedad, sin cura en aquel tiempo, y que entre otros motivos estaba causada por compartir jeringuillas infectadas. No le guardo ningún rencor, bastante tenía el pobre por estar inmerso en esa lacra de la droga y tener que delinquir para conseguir lo que le estaba matando.

Recuerdo también que mi difunto y añorado padre al día siguiente buscó a los dos agentes de la Policía Local de Murcia para darle las gracias por lo que hicieron y por su rápida intervención, por la que se pudo recuperar el dinero sustraído. Fueron unos años muy difíciles en los que esa aventura empresarial le trajo a mi padre muchos quebraderos de cabeza. Por suerte y gracias a su tenacidad, esfuerzo y el ser como él era de buena persona y trabajador pudimos salir para adelante y, ni yo ni mis hermanos, notamos realmente lo mal que lo estaban pasando mis padres. Seguro que de no recuperar ese dinero robado le hubiese causado más quebraderos aún de los que tenía.

Esta batallita al estilo “abuelo Cebolleta” viene porque en estos días me ha dado por pensar que si ese atraco hubiese sido con otros protagonistas, quizás en algún otro lugar. Qué hubiese pasado si al salir mi padre corriendo del supermercado gritando que habían atracado, esos dos agentes que pasaban por allí hubiesen frenado su “Vespino” lentamente, le hubiesen puesto el caballete una vez bien estacionada en la acera sin interrumpir el tráfico, le hubiesen dicho a mi padre que se tranquilizase, que no se alterara, pero que eso no era competencia de ellos, por lo que le hubiesen sugerido que llamase al cuerpo competente en ese caso, a la Policía Nacional, desde un teléfono fijo del supermercado (entonces no existían aún los móviles); o quizás siendo muy colaboradores con el ciudadano hubiesen avisado ellos mismos a la Comisaría con su “walkie talkie” dando parte de lo sucedido y cumpliendo con su deber como miembros de un instituto armado de naturaleza civil, de estructura y organización jerarquizada bajo la superior autoridad y dependencia del Alcalde, que desarrolla sus funciones dentro del ámbito municipal. Al rato hubiese llegado un coche Z de la Policía Nacional, los competentes en la materia, y para entonces los dos atracadores posiblemente estuviesen en cualquier bar tomándose unas cañas celebrando el buen golpe que habían dado, incluido un mamporro al pardillo ese que estaba junto a la caja, por si se ponía chulito y les causaba algún incordio.

La sociedad avanza. Tenemos teléfonos móviles, internet, buenos coches… Los jóvenes disponen de wifi, Play Station, tablets… Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad disponen de mejores medios para ejercer su trabajo; está el teléfono de Emergencias 112, tecnología Tetra, drones… pero creo que en otros aspectos más esenciales esta sociedad nuestra va para atrás.

 

Noticia aparecida en la prensa regional al día siguiente

¿Qué ocurre?

Por diversos motivos había decidido alejarme de esto de las redes sociales y toda la mala bilis que de vez en cuando se vierte por aquí. Pero comprendo que hay situaciones en las que una persona debe de expresar a los demás sus alegrías o tristezas, mostrar su disconformidad o denuncia de alguna situación o, como es mi caso, hacer una terapia para sacar lo que llevas dentro a través de la escritura; y ya que lo haces para ti también compartirlo con los demás, no como una exhibición, sino más bien como parte de esa terapia curativa del alma.

Así que aquí estoy de nuevo, dándole a la tecla del ordenador sacando la rabia, impotencia y malestar que llevo dentro, vomitando todos esos sentimientos encontrados en palabras escritas.

Creo que para cualquier persona de bien su vivienda, su hogar, aparte de ser el lugar donde habitas, donde vives, es sobre todo ese lugar en el acudes como refugio, donde te sientes seguro cuando la vida u otras personas crean hostilidades fuera. Es ese lugar de calma, de paz que sientes cuando entras y cierras la puerta y los problemas del día a día quedan fuera. En definitiva, es el lugar al que acudes para sentirte seguro y a salvo de todo.

Pero, ¿Qué ocurre cuándo un familiar en que confías le dices que pase a darse una vuelta por tu casa cuando estás de vacaciones, a echarle de comer al gato, a las 5 de la tarde de un día festivo y se encuentra dentro a dos encapuchados que han revuelto todas tus cosas, todos tus recuerdos de toda una vida, le pegan empujones y puñetazos a ese familiar al verse sorprendidos y se llevan todas tus joyas que más que el valor económico es el valor sentimental que representan de recuerdos, de fechas señaladas así como los ahorros para la Comunión de tu nieto del año próximo que con mucho esfuerzo y sacrificio has ido recaudando durante varios años para hacerle un buen regalo que lo guarde como recuerdo tuyo durante toda su vida?

¿Qué ocurre cuando tu habitación de matrimonio, ese espacio en el que tanto has vivido con tu marido, en el que ha nacido uno de tus hijos, en el que estuviste a punto de morir después de ese parto complicado pero que gracias a Dios y a los cuidados de unos sanitarios de pueblo pudiste superar y en el que hace seis meses la que fue tu pareja, tu amante, tu compañero durante más de cincuenta años expiró ahí y desde entonces para ti era un santuario, un lugar donde seguías teniéndolo presente cada noche, donde hablabas con él, ves que dos desalmados sin escrúpulos lo han profanado, violentado esparciendo su odio, su egoísmo, su falta de valores por cada rincón, abriendo y volcando el contenido de cajones y armarios sobre tu cama sin el más mínimo pudor?

¿Qué ocurre cuando ese familiar magullado y asustado, después del mayor susto de su vida llama al teléfono de Emergencias 112 contando lo sucedido, se persona en las dependencias de la Policía Local de su pueblo informando de lo sucedido, buscando auxilio, consuelo, y el agente de turno le dice que le han avisado del 112 pero que eso no es cosa suya, que ya han dado parte a la Guardia Civil que es la competente de robos en viviendas?

¿Qué pasa por la cabeza de ese familiar que se siente indefenso durante una hora que tarda en acudir la patrulla de la Guardia Civil y piensa que quizás si hubiese algún agente de algún cuerpo armado se podría dar con los autores del robo que han huido por los tejados y de esa forma evitar que continúen actuando impunemente en otra ocasión?

¿Qué ocurre cuando una viuda ha de volver a su casa que han desmantelado, a dormir sola en esa habitación que han estado unos delincuentes, en esa cama que han volcado todas sus pertenencias y con la inseguridad de que si ocurre algo parecido de nuevo estando ella en casa y llama a la Policía Local de su pueblo, ese en el que nació, se educó, se casó, vive… le digan que no es competencia suya y deba esperar una hora hasta que llegue la autoridad competente, allí en su casa sola e indefensa?

¿Qué ocurre con esos agentes del otro cuerpo de Seguridad del Estado, los que son competentes en esa materia, que han de acudir a las llamadas de auxilio de los tres pueblos a los que dan cobertura (Ceutí, Lorquí y Alguazas, aunque su cuartel esté en Molina de Segura), que cumplen con profesionalidad su cometido aunque con impotencia por no poder acudir con más rapidez a tanta llamada, y que ven que su sueldo es ostensiblemente menor al de esos Policías Locales a los que se ha llamado en primer lugar pero que no acuden porque no son competentes?

¿Qué ocurre con esos políticos que ven como en la localidad en la que gobiernan los delitos van en desmesurado aumento pero que manifiestan que el instituto armado de naturaleza civil a su cargo cumple a rajatabla sus funciones ya que hay situaciones que no son de su competencia y que dicen que Alguazas es el pueblo referente en seguridad de los pueblos de alrededor y que los delitos no han aumentado, que decir eso es alarmismo sin fundamento?

¿Qué ocurre cuando esos vecinos afectados por el robo intentan agradecer la labor prestada por la Guardia Civil durante el día de los hechos y en los días siguientes durante las intervenciones posteriores, aconsejando, acompañando, hablando, respondiendo a todas las preguntas o dudas y te dicen modestamente esos agentes cuando les das las gracias que tan solo cumplen con su trabajo y obligación?

De verdad, si alguien me puede responder a alguna de estas cuestiones que planteo se lo agradecería.

Tan solo para finalizar quiero mostrar mi apoyo y agradecimiento público a los agentes de la Guardia Civil del puesto de Molina por su gran profesionalidad, así como también en días posteriores a los cuatro agentes de la Policia Local de Alguazas por acompañarme a entrar en la vivienda de mis padres y comprobar que no había nadie cuando por la sugestión de esas horas vividas no veía seguro entrar de nuevo en ella solo.

Que conste que esto no es una crítica personal contra nadie. Tan solo es una reflexión en voz alta de los sentimientos vividos por mí y mi familia en unas horas muy duras y cuando hay momentos en los que pienso que los profesionales de los cuerpos de seguridad han de velar por sus vecinos más allá de su deber, pues creo que hay una serie de profesiones que deberían ser solo por vocación, no por sueldos o condiciones laborales. Pero repito, es una opinión personal ajena al cargo público que represento.

Una de verano y perros

En el Mar Mediterráneo existen unas 17.000 especies, de las cuales un 26% son microbios (microorganismos) marinos. Si consideramos sólo a los animales, la mayoría de ellos son crustáceos y moluscos, mientras que los vertebrados representan una pequeña parte. En el Mediterráneo hay unas 1.200 especies de algas, gran cantidad de aves marinas y en muchas zonas de costa e islas hay presencia de una especie invasora como es la rata negra; en realidad, el 99% de las islas superiores a 30 hectáreas están invadidas por las ratas negras. Todos estos animales conviven en las aguas o zonas de costa. Todos estos animales evidentemente defecan y después ese es el alimento de otros seres vivos manteniéndose así el equilibrio del ecosistema, al igual que cuando mueren: sus cuerpos se descomponen en formas más simples de materia, en un proceso esencial para reciclar materia finita que se encuentra en un bioma.

A esto hay que sumar las basuras marinas que por acción y efecto del hombre llegan a este mar nuestro. Las basuras marinas se componen de una variedad de materiales, incluyendo fundamentalmente plástico, metal, madera, caucho, vidrio y papel. La mayoría de los plásticos son materiales extremadamente resistentes y persisten en el medio marino durante un período considerable, posiblemente hasta cientos de años.

Por otro lado, la gran mayoría de los eventos de contaminación marina que afectan a la costa mediterránea tienen su origen en el mar (buques o plataformas petrolíferas), aunque no hay que desdeñar los casos de contaminación con origen en la costa, que en ocasiones pueden ser tanto o más importantes, como las refinerías en puertos.

Así que cuando voy con mi perro a una playa alejada de las zonas costeras más concurridas con sus vigilantes, chiringuitos y de fácil acceso, voy a una de esas playas naturales, sin banderas azules, con poca gente para que nadie se pueda sentir molesto con su presencia. Normalmente playas a las que hay que ir en coche, alejadas de núcleos urbanos, de piedras y en las que hay bastante espacio entre otros usuarios para no molestar, pero diciendo a las personas próximas si no les importa que esté el perro allí. Y cuando me baño con él en esas aguas del Mediterráneo que tanta vida albergan, metido el animal en una pequeña balsa inflable para que no moleste a otros bañistas, me toca mucho las pelotas de pin-pong que una señora que está cerca comente en voz alta pero sin dirigirse directamente a mi persona, “que los perros no se tienen que bañar en las playas donde hay gente y niños, que está prohibido…”. Señora, con todos mis respetos… ¡Váyase usted a bañarse a una piscina con bastante cloro no sea que se contagie con alguna enfermedad venérea!

Eso sí, como las leyes le da la razón a la señora y yo, persona incívica donde las halla, estoy infringiendo la ley y atentando contra el decoro y las buenas maneras, saco a mi perro del agua y nos marchamos con el rabo entre las piernas, no sea que aún la señora llame a la Policia Local, me denuncien y todavía abran el Telediario de la Sexta con la exclusiva: “Concejal del pepé de un pueblo de Murcia denunciado por bañar a su perro en la playa y saltándose las leyes a la torera”.

Y alguien me dirá que existen playas especiales donde permiten la presencia perros en Águilas. Pues sí, efectivamente, pero ocurre que la única que he encontrado por estas latitudes es una pequeña con un puesto de alquiler de motos de agua en ella y donde respiras ese agradable olor a gasolina, en la que es difícil el baño por ser de roca resbaladiza, piedras y algún que otro erizo, así como llena de restos orgánicos marinos que la corriente de levante arrastra hasta ahí. Pero claro, así las autoridades se lavan las manos diciendo que ya disponen de playa canina en su municipio.

Así que las gaviotas, los meros, los atunes, los cangrejos, las ratas negras, los niños y los no tan niños podrán seguir meándose y cagándose en la mar salá y mi perro Beethoven se tendrá que quedar en casa no sea que al incívico de su dueño le dé de nuevo por llevarlo a zonas prohibidas para él y que moleste con su presencia a la señora bañista.

 

Adiós a una gran señora

Sí, otro recuerdo que extrapolo a la gran ausencia que tengo.

Hoy se nos ha ido María Dolores Pradera, una cantante que era una gran señora, o una gran señora que era cantante, y con ella se va otro trozo de mi memoria. Esos recuerdos de viajes familiares con los distintos Seat que tuvo mi padre: 1430, 131 Supermirafiori ranchera, o después con el más modernos volkswagen passat (vehículos que fiel a los lazos familiares mi padre siempre compraba en la añorada agencia Seat-Volkswagen de su primo Andrés en la calle Castelló de Madrid) y que en cada uno de esos viajes era raro que no lo pasáramos escuchando una cinta de casete de María Dolores Pradera, entre otras tantas de ese estilo. Viajes que recuerdo desde bien niño a Andalucía, Castellón, Los Narejos, Lagunas de Ruidera, Andorra (varias veces, casi todos los años), Portugal, Francia, Galicia, Mazarrón… arrastrando la caravana Roller que tantos buenos momentos nos dio y que era la ilusión de mi padre.

Ya, cuando nosotros los hijos nos hacemos grandes, los padres han de renunciar a sus gustos e ilusiones por el egoísmo de la pubertad de no querer viajar con ellos y el preferir los veranos con los amigos antes que conocer nuevos lugares en compañía de ellos, y de esta forma mis padres sacrificaron su afición por los viajes y los campings por la estabilidad de una casa en la playa, aunque siempre le quedó la ilusión de, una vez jubilado, poder recuperar ese sueño y poder disfrutar de la libertad de viajar con la casa a cuestas, aunque para ese futuro sería a lomos de una autocaravana. Una ilusión que se marchó con él sin poder hacerse realidad.

Ahora podrá disfrutar en directo allá arriba de la voz melodiosa de María Dolores Pradera que tanto le gustaba y viajando en autocaravana (o lo que allí se lleve) por verdes campos y playas azules. Por mi parte ilustro a esta reflexión este dueto de la Pradera con el gran Sabina, cantante y persona que nada le gustaba, pero como buen padre estoy seguro que me perdonaba que a mí me encantara y que pagase por ir a sus conciertos. Nadie es perfecto…

Madrid de mis amores

Hace justamente un año me regalaste esta bufanda. Por circunstancias que no vienen al caso había perdido aquella que compré de los Ultras Sur en las puertas del Santiago Bernabéu allá por el año 92, y no querías que me quedara con la pena de no llevar una bufanda madridista en una gran final; así que te fuiste al Corte Inglés a comprar una por mi cumpleaños para que la llevase durante la final contra la Juve y celebrar con ella la 12ª Copa de Europa del Real Madrid, ese equipo que desde bien niños nos enseñaste a amar a mi hermano y a mi.

Recuerdo esos primeros partidos que nos llevaste al Santiago Bernabéu a Edu y a mí, a disfrutar del mejor equipo del mundo en compañía de tu primo Andrés y sus dos hijos, Pedro y Andrés, y que años después continué con ese veneno que me metiste en el cuerpo yendo yo solo a alguno de esos grandes partidos, pero siempre buscabas a algún amigo o familiar para que me acompañase y no estuviese solo ante esa mezcla de pasiones, fogosidad, alegrías y algo de violencia que eran las grandes citas contra rivales de toda la vida. Allí pude ver ganar por 5-0 al Madrid contra el Barcelona en el año 95, en la grandiosa época de los Buyo, Amavisca, Sanchís, Luis Enrique, Hierro, Laudrup, Redondo, Zamorano o el gran Raúl González; o ganar la Liga contra el eterno rival del otro lado del Manzanares en la temporada 96-97, cuando aún se peleaba por unos colores y algo antes que el fútbol se convirtiera en un negocio de mercenarios y especuladores. Y después ir a celebrarlo junto a la diosa Cibeles, para después, con esas emociones aún frescas en el cuerpo, coger el coche de regreso a Murcia en una tirada sin dormir.

Ha pasado mucho tiempo desde entonces y esta será la primera vez que no disfrutarás de la final de la Copa de Europa (ahora llamada Champions League) desde aquella primera de 1955, cuando apenas tenías cumplidos los 18 años. Hoy no sufrirás con tu Madrid del alma sentado delate del televisor, ese equipo que tantas alegrías te ha dado, pero también innumerables cabreos que sufrías esas tarde de sábado junto a tu querido cuñado Isidro.

Esta noche pondré a mi lado la bufanda que me regalaste hace un año, en una silla vacía, e imaginaré (o quizás realmente sea así, ojalá así sea) que estás a mi lado viendo la final, protestando ante cualquier decisión arbitral o despotricando ante el fallo de algún jugador de Madrid. Y cerrando los ojos te imaginaré con uno de tus puritos Reig en la mano, al igual que esas tardes de domingo que me llevabas junto al abuelo Eduardo a la vieja Condomina a disfrutar (o a sufrir, más bien) con el Real Murcia, el equipo que te tenía el corazón partido por ser el de tu tierra natal, pero que por circunstancias del fútbol y de la vida quedaba a un segundo lugar cuando del Real Madrid se trataba.

Esta noche el Real Madrid levantará su 13ª Copa de Europa y tú, papá, ahí estarás disfrutando de ese momento junto a tus hijos, sobrinos y nietos. Yo me pondré un año más la camiseta de Raúl, esa que tan buena suerte nos ha dado en las últimas finales europeas.

¡Hala Madrid!

Hoy habrías cumplido 81 años

Hoy, 3 de mayo, habrías cumplido 81 años. Hace unos meses te dije que no te preocuparas, que el que te visitaran los servicios de cuidados paliativos solo era para que tuvieses un mayor bienestar y ajustarte la medicación para que esos dolores tan insoportable que tenías remitieran y te permitieran poder moverte mejor, pero que esas visitas no significaban que estuvieses en el final de tu vida y que ya verías cómo celebraríamos todos juntos tu 81 cumpleaños. Esa fue una de esas afirmaciones que se hacen más con el corazón que con la cabeza, pues aunque se lo pedía a Dios todos los días para que así fuese, la cruda realidad era distinta y el egoísmo de no querer perderte impedía afrontar abiertamente que el final de tu vida estaba muy cerca.

Hoy habrías cumplido 81 años, pero aunque no has podido llegar a esa edad puedes estar muy satisfecho de haber tenido una vida plena, con muchos momentos felices, pero también con otros muchos muy duros que pusieron a prueba tu fe, tu fortaleza, el amor a tu familia y el sacar fuerzas para luchar por darles un bienestar, unos estudios, aun a costa de muchos sacrificios por tu parte. Y superaste la prueba, y con nota. El resultado fue una familia unida; unos hijos que te hacían sentirte orgulloso de cada uno de ellos; unos nietos con los que disfrutabas y que te ganaban fácilmente con un beso, una carantoña o un abrazo; unas nueras y un yerno que te querían como a un padre, pues eras el único abuelo que quedaba en la familia.

Hoy habrías cumplido 81 años, pero te fuiste como eras, con entereza, sin quejarte por tu suerte, afrontando la realidad, e incluso con la valentía de llamar a algunos familiares y amigos para despedirte unos días antes de entrar en ese sueño que prepara al espíritu para su viaje a otra vida; el día de tu entierro le dije a tu primo Andrés (primo, pero que erais como hermanos): “Tenía razón, era la última vez que hablabais cuando te llamó para despedirse”. Te fuiste en tu casa, rodeado de los tuyos; esperaste hasta tenernos a todos junto a tu lecho para marcharte, para encontrarte con Dios, ese Dios al que tanto amabas, pues aunque en esos momentos supongo que toda tu certeza en la Resurrección en otra vida se tambalearía y te surgirían dudas y miedos, tengo la seguridad  que alcanzaste la vida eterna y que todo el bien que hiciste en esos cerca de 81 años te está siendo recompensado. Tu cuerpo quedó aquí pero tú estas gozando junto al Padre, pues, “para que alguien pueda entrar en el Reino de los cielos, es necesario que nazca de nuevo” (Juan 3:3-5).

Hoy habrías cumplido 81 años, y tu huella sigue viva. Hemos ido mamá y yo a visitarte, pero antes hemos pasado a recoger unas rosas frescas para que el dulce aroma que desprenden te acompañe en este día, y hemos visitado tu lugar de trabajo, ese al que el día 3 de enero te llevé por última vez, pues no querías irte sin dejarlo todo bien cerrado, con esa responsabilidad y buen hacer que siempre te caracterizaba. Tus antiguos compañeros de trabajo te recuerdan con añoranza y mucho cariño, y tu sitio continúa vacío. Fuiste un padre para ellos como bien nos han dicho de nuevo. Al igual que para esa persona que te visitó justo una semana antes de dejarnos y que tiene la pena de que no cumplió su promesa de llevarte a su nieto para que lo conocieras; ahora sé que no fue casualidad su visita, que alguna fuerza invisible le dijo que fuese para que os pudierais despedir y daros ese fuerte abrazo con lágrimas de despedida, y esa es la mayor satisfacción con la que se tiene que quedar, el haber podido verte antes de que te fueras.

Hoy habrías cumplido 81 años y te hemos visitado junto con tus cuñados, Dori e Isidro, que han recordado lo bien que lo pasamos en familia justo hace un año celebrando tu 80 cumpleaños, o la fiesta sorpresa que te organizó mamá por tu 70 cumpleaños y que acudiste pensando que íbamos a una comida de las Cofradías y te encontraste allí con decenas de familiares y amigos… ¡Qué felices lo pasamos y cómo cambian las cosas en tan poco tiempo!

Hoy habrías cumplido 81 años… ¡Feliz cumpleaños, papá! Nunca olvidaré aquel abrazo y siempre te llevaré en mi corazón, pues como decía un escritor francés: “La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo.”


Guatemala, país de contrastes. Capítulo VI – Los caminos del Señor

Los caminos del Señor

De nuevo conduciendo por la Panamericana, esa gran carretera que vertebra el continente Americano de norte a sur y que por ese tramo que circulamos, entre Sololá y Quetzaltenango, es una autovía de dos carriles que une esa gran ciudad con la capital. Pero como ocurre en muchos aspectos de este país, desde su construcción hace unos diez años no se han efectuado obras de mantenimiento y el carril derecho de la misma está plagado de socavones como consecuencia del gran tráfico pesado que soporta diariamente y de las intensas lluvias, lo que obliga a ir todo el trayecto por el carril izquierdo que está en mejor estado, aunque con la atención en alerta máxima pues de vez en cuando también encontramos desperfectos en ese trazado que obligan a un brusco viraje para esquivar los socavones.

El día amaneció soleado, como es costumbre en esta época del año, pero conforme avanza la mañana las nubes van ganando terreno cubriendo poco a poco el cielo azul. La carretera Interamericana CA-1 asciende desde el altiplano de Sololá hacia las cumbres de Alaska (de Guatemala, no del norte del continente), llegando hasta los 3.000 metros de altitud en el paso de esas montañas. Me comenta Fernan que desde ese alto se observan la cadena de volcanes guatemaltecos, siendo una imagen preciosa para que un aficionado a la fotografía como yo la inmortalice con su cámara. Pero la visita a la Reserva Natural de Atitlán nos llevó unas cuantas horas, por lo que emprendimos el viaje sobre media mañana, y ese tiempo hizo que las nubes cubrieran ya a esa hora las montañas que estábamos atravesando. A nuestro paso por allí lo que encontramos en el alto fue una espesa niebla que impedía ver el paisaje, por lo que sin detenernos emprendimos el vertiginoso descenso de la carretera con las primeras gotas de lluvia que comenzaban a caer. A mitad de bajada la lluvia se convirtió en una fuerte tormenta tropical que nos acompañó durante un buen tramo, provocando algunas retenciones que obligaban a frenar bruscamente. Una vez pasada la ciudad de Quetzaltenango la autovía se convierte en una carretera de doble sentido, donde los baches (hoyos, como allí les dicen) están por todo el firme, y en más de un tramo el asfalto ha desaparecido completamente, siendo un camino de tierra, barro y socavones. Hay lugares en que es tal el estado de deterioro del firme que personas sin trabajo se dedican a rellenar con tierra los hoyos de la carretera a cambio de unas limosnas que les puedan dar los conductores que por allí circulan. Una labor sin mucho sentido práctico ya que a las pocas horas la tierra ha desaparecido a consecuencia del agua y los vehículos. ¡Esa es la realidad de ese país! Aún con ese firme en tal mal estado (nuestra tristemente abandonada carretera entre Alguazas y Campos del Río está en mejores condiciones que aquella) la Panamericana por allí soporta un tráfico intenso de camiones de gran tonelaje, buses (camionetas) «pick-up» con pasajeros en la parte trasera, y adelantándose unos a otros sin la más mínima medida de seguridad vial ni respeto al código de circulación. Si no querías quedar detrás de un viejo camión asfixiándote con su humo negro tenías que conducir como ellos, llegándotela a jugar en algún que otro adelantamiento. Esto unido a que como ya comenté en capítulos anteriores la visibilidad de nuestro auto era algo reducida por la sufrida lámina polarizada del cristal, hizo que esas dos horas y media entre Quetzaltenango y San Marcos me generasen tal estrés que llegué bastante fatigado de conducir en esas condiciones. Para recorrer los 150 kilómetros que separan Sololá de San Marcos empleamos más de 4 horas y media de viaje en coche.

Durante el trayecto atravesamos el municipio de Nahualá, y en un puente de la carretera mi tío Fernando me contó que en ese preciso lugar, hará unos 12 años, estuvo a punto de morir. Me cuenta que una empresa minera canadiense llamada Montana quería abrir una explotación de oro en San Miguel de Ixtahuacán, pero que el pueblo se oponía pues destruirían amplias zonas de bosque, contaminarían las aguas por el uso de cianuro para separar el oro de la tierra, y que para llevar las grandes maquinarias por esa carretera Interamericana tendrían que quitar numerosas pasarelas peatonales, y a saber si las repondrían después. Así que los indígenas Quichés tomaron la carretera ofreciendo una fuerte resistencia al paso de la maquinaria. La Iglesia guatemalteca quiso mediar en el conflicto, y como mi tío trabajaba en la Oficina de Derechos Humanos del Obispado de San Marcos, don Álvaro Ramazzini, obispo de San Marcos, le sugirió que fuese a observar y a ver si podía apaciguar los ánimos, ya que días anteriores un campesino había muerto y varios habían resultado heridos por disparos de la policía. Él llegó a ese punto en compañía de la secretaria de la Oficina de Derechos Humanos del obispado y de un joven reportero del Canal 7 de televisión. Los indígenas, al verlos con facciones criollas, pensaron que eran espías de la compañía minera y los atraparon atándolos de pies y manos mientras otros gritaban que los rociaran de gasolina y prendieran fuego. Cuenta que eran unas 500 o 600 personas enardecidas, y ante el intenso griterío que había no escuchaban sus explicaciones, que no era de la compañía sino que venía de parte de la Iglesia para informarse de la situación y solidarizarse con ellos. La muchedumbre cada vez estaba más exaltada y los golpeaban con rostros enfurecidos ávidos de venganza. La secretaria que lo acompañaba intentaba desesperadamente ponerse en contacto con el obispo para informarle de la situación, pero los minutos pasaban rápidamente. Quiso el azar (o más bien Dios, creo yo) que entre los campesinos había uno que había llegado de San Marcos y lo reconoció. Entre el gentío se intentaba abrir paso hacia él convenciendo a los demás que iban a cometer una injusticia, que ese hombre decía la verdad y que era de la diócesis de San Marcos, que estaba del lado de ellos. Poco a poco llegó hasta los que lo tenían amarrado y tras una hora de forcejeos y discusiones logró que lo liberaran. Me cuenta que fue uno de los perores momentos de su vida, que pensó que era su final y que después de toda una vida dedicándola a servir a los demás, hallaría la muerte fruto de una burda confusión.

En el trayecto, mientras conduzco intentando adelantar a un gran camión con materiales de obra, me sigue contando que un mes después de aquello la gobernadora de Sololá convocó a todos los alcaldes del departamento y a la población a una concentración multitudinaria en el estadio de fútbol para mostrar su rechazo a la explotación minera. Estaba invitado a ese gran encuentro el Cardenal de Guatemala, monseñor Rodolfo Quezada, como representante de la Iglesia, pero una indisposición a última hora le impidió ir, por lo que delegó su presencia en el obispo de San Marcos, monseñor Álvaro Ramazzini, pero éste tampoco podía por tener un compromiso internacional esos días. Así que propone a mi tío para que vaya como coordinador del Programa de Derechos Humanos del Obispado. Me cuenta que desde el escenario se dirigió a unas 30.000 personas que allí estaban concentradas, solidarizándose con ellas y con sus demandas en nombre de la Iglesia guatemalteca; evidentemente, entre aquella concentración humana estaban escuchándole atentamente los que semanas antes habían querido quemarlo vivo por pensar que era un espía de la multinacional minera. ¡Esas paradojas de la vida!

Entre amenas charlas sobre lo humano y lo divino, entre historias de mayas y conquistadores, llegamos a San Marcos a medio día y con el estómago pidiendo sustancias sólidas, pues desde el temprano desayuno no habíamos tomado bocado y el ajetreado viaje había despertado mi apetito, que desafortunadamente para mi sobrepeso sedentario no lo perdí en esos días. Así que fuimos a un hotel-restaurante que conocía mi tío de cuando estaban viviendo en esta ciudad. Era regentado por un español que había emigrado hace bastantes años a Guatemala y que allí se casó con una nativa. Como era oriundo de Asturias, evidentemente el nombre que puso a su negocio hacia honor a sus orígenes, llamándose “Villa Astúr”. Nos saludó cortésmente su propietario al reconocer a Fernando y, aunque el recinto estaba lleno pues tenían comiendo a un equipo de fútbol de la primera división guatemalteca y de cuyo nombre no me acuerdo, nos habilitó una mesa para que pudiéramos disfrutar de una sopa caliente y un plato de paella, algo poco típico en aquellas latitudes lejanas para unos españoles, pero que nos supo a gloria.

Y después de la comida nos dirigimos hacia la catedral de San Marcos donde nos alojaríamos en la casa parroquial que está aledaña a ella, y que muy amablemente nos ofreció el Padre Toribio Pineda. Al llegar, numerosos colaboradores parroquiales saludaron a mi tío Fernando, pues trabajó durante algunos años con ellos.

Pude observar que parte de la Catedral está a medio construir, ya que la antigua catedral, de la que queda una gran nave central, fue construida entre 1950 y 1960, pero en 2004 la feligresía, autoridades católicas y municipales  promovieron la restauración y ampliación de la misma por los deterioros y daños que distintos terremotos habían causado al edificio. Así que procedieron a su ampliación proyectando una gran cúpula que destaca por su gran tamaño. Actualmente esta cúpula se encuentra estructuralmente terminada, pero en el interior faltan los vitrales, pinturas, suelo, decoración interior, etc. pero no cuentan con presupuesto suficiente para su finalización. En esos días me comentaron que hubo una propuesta de financiación por parte del Gobierno de la Nación, pero que algunos diputados querían un tanto por ciento del presupuesto a modo de “comisión” por su voto apoyando la propuesta, ante lo que el obispado se negó tajantemente para no favorecer y promocionar la corrupción tan implantada en esos órganos gubernamentales. Así que de momento las obras van a un ritmo muy lento, invirtiendo poco a poco las ayudas que aportan los feligreses y algún que otro donativo.

A media tarde fuimos a la misa diaria que oficiaba el Padre Toribio en la Catedral. Aunque ya lo sabía por lo que me comentaba esos días de viaje mi tío, me sorprendió el nivel de compromiso social que tiene la Iglesia en Guatemala, siendo la gran oposición que hay en el país a los distintos gobiernos corruptos. En esos días el gran tema político de conversación en Guatemala era que el Presidente de la República, Jimmy Morales, había declarado persona «non grata» a Iván Velásques, titular de la CICIG (Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala) y le había ordenado abandonar el país inmediatamente (noticia). Este hecho hizo que la ONU y la comunidad internacional mostraran su consternación ante ese abuso de poder. Según se comentaban, esta decisión fue porque el Comisionado había denunciado tramas de financiación ilegal de la campaña presidencial de Morales en 2.015 con dinero procedente del narcotráfico, así como el supuesto fraude y lavado de dinero por parte del hijo y del hermano del Presidente. La Fiscalía de Guatemala y la propia CICIG habían solicitado al Congreso la retirada de la inmunidad al Presidente para poder investigarle. Ante todos estos hechos había gran conmoción política en Guatemala esos días, pues Jimmy Morales había llegado al poder gracias a una campaña electoral en la que decía en numerosas ocasiones «Ni corrupto ni ladrón» en referencia a sí mismo para convencer a los descontentos con los políticos tradicionales, en un país que se había convertido en un narcoestado. Esa tarde, en su homilía, el Padre Toribio leyó los comunicados que habían sacado tanto la Conferencia Episcopal de Guatemala (descarga comunicado aquí) como el Obispado de San Marcos (descarga comunicado aquí) mostrando su rechazo y condena ante el enorme fraude fiscal descubierto y su apoyo a la figura del Comisionado de la CICIG. Esta Iglesia comprometida resulta extraña para alguien que viene de Europa, donde frecuentemente la política está separada de la religión ya que tenemos una democracia (mejorable, sin duda, pero crítica con los corruptos y abusos) con una separación real de poderes y una sociedad donde no hay tantas diferencias sociales como en Centroamérica. Este hecho de denuncias por parte de la iglesia en Guatemala ha originado que muchos obispos, sacerdotes, religiosas y catequistas hayan dado su vida por denunciar la represión contra el pueblo y ser fieles a las enseñanzas de Cristo, porque en Centroamérica se descubre el verdadero proyecto de Dios sobre la humanidad y que queda reflejado en la Biblia. La Biblia señala el camino para vivir como hermanos, sin discriminaciones, siendo todos iguales. Este mensaje, en una sociedad violenta y con tantas discriminaciones sobre el pueblo indígena, resulta incómodo y subversivo. El Evangelio es la buena noticia para los pobres, para los que sufren las consecuencias de un sistema opuesto al plan de Dios, pero una mala noticia para quienes han hecho del dinero y el poder su dios a costa de los pobres. Por este motivo han muerto en Guatemala tantos predicadores del mensaje de Jesús de Nazaret, no convenía que les abrieran los ojos al pueblo.

Días después, el 11 de septiembre, estando nosotros aún en Guatemala, el pleno del Congreso de Guatemala votó en contra de retirarle la inmunidad al presidente Jimmy Morales. Para levantar la inmunidad al presidente eran necesarios 105 votos de los 158 diputados del Congreso, pero solo 25 lo hicieron a favor. A fecha 12 de octubre, día de la Hispanidad, cuando escribo estas líneas, leo en las noticias internacionales que la Corte Suprema de Justicia de Guatemala ha rechazado por segunda vez la solicitud de retiro de inmunidad al presidente Jimmy Morales y por lo tanto la celebración de un antejuicio, en este caso por haber recibido cerca de 50.000 Q (unos 6.000 €)  mensuales por parte del ejército durante nueve meses. (enlace noticia).

Después de la misa acompañamos a su casa al Padre Toribio, donde nos alojábamos. Nos preparó una deliciosa cena a base de sopa de brócoli (la primera vez que probaba esa hortaliza elaborada de esa forma y que estaba deliciosa) y unos tamalitos elaborados con masa de maíz y rellenos de carne, todo ello envueltos en hojas de esa misma planta. Como acompañamiento nos sacó un vino chileno procedente de uvas cabernet sauvignon que estaba riquísimo, y que los tres dimos cumplida cuenta. Toda esta cena la disfrutamos en un agradable ambiente de charla sobre la situación política del país que se alargó hasta bien entrada la noche. El padre Toribio Pineda es una persona comprometida por la causa del Reino de Dios, luchador en defensa de los pobres y las injusticias, comprometido con los problemas de San Marcos, una persona culta, de muy buen trato y con una amena charla. Mis padres tuvieron la ocasión de conocerlo aquí en San Marcos, en los viajes que hicieron con motivo de los varios proyectos que colaboraba la Asociación Amigos de Guatemala, y él pudo visitar nuestro país en una ocasión, que aprovechó para devolver la visita en Murcia. Los dos días que pasamos en su compañía fueron muy interesantes e intensos, como después narraré.

Al día siguiente Fernando tenía unas visitas programadas a varios de sus ahijados, algunos de los tantos que tienen él y Mari Carmen en este país que tanto aman. Durante todos los años que han vivido en Guatemala fueron muchas las personas que quisieron que ellos fuesen sus padrinos, bien de Bautismo, Confirmación o Boda. Supongo que como muestra de agradecimiento de los padres, o los propios interesados, hacia unas personas que les han dado su amor y prestado ayuda, queriendo que los lazos de afecto entre ellos quedasen unidos para siempre. Así que lo acompañé a visitar a algunos de esos ahijados y ahijadas que tienen en San Marcos y que tanto cariño se tienen mutuamente. Primero fuimos a un centro de salud en las afueras de San Marcos donde estaba su ahijada Jane con su niño pequeño, que estaba con fiebre, y la madre de ésta, buena amiga de mis tíos. Estuvimos un rato con ellas, se intercambiaron regalos y aunque querían que las acompañáramos a su aldea, por motivos de tiempo tuvimos que declinar la invitación. Nos llevó de vuelta a la ciudad el hermano de la ahijada, que también había venido a saludarnos, en una pequeña “pick up” en la que de nuevo viajé en la parte trasera mientras Fernan y el joven dialogaban en la cabina (interesantes los adhesivos que colocan por aquí los jóvenes en los autos).

Después volvimos a las dependencias parroquiales donde se entrevistó con otra ahijada, Berony, que vino en compañía de sus niños. Me cuenta que Berony quiso bautizarse ya de edad adulta, con 18 años, puesto que ellos la ayudaron a descubrir el mensaje de Jesús, en un país donde las sectas están haciendo estragos y sus padres pertenecían a una de ellas. Después ella se hizo catequista y continúa trabajando en su comunidad.

Fernando, su ahijada Berony y los niños de ella

Bautizo de Berony

Bautizo de Berony

Fernando y Mari Carmen Padrinos de Boda de Abrahán y Maribel

Tras esa visita cogimos de nuevo nuestro auto para aprovechar la mañana despejada, ya que la experiencia nos decía que por las tardes poco podríamos visitar a causa de las lluvias. Fuimos a la zona en la que vivieron Fernan y Mari Carmen durante nueve años, el cantón de Champlollap. Allí visitamos su antigua casa, donde en el patio crece frondosa la higuera que Fernan plantó hace algunos años, y varios vecinos salieron a saludarlo sorprendidos de verlo de nuevo por allí. Me contó que en ese lugar pasaron unos años muy felices. Él trabajaba, como ya he comentado, de Coordinador del Programa de Derechos Humanos del Obispado, y compaginando esa labor los sábados daba clases en la Facultad de Teología de la Universidad Rafael Landívar, y los domingos impartiendo cursos de formación en distintas parroquias de la diócesis. Mari Carmen trabajaba en el programa diocesano de Medicina Natural, atendiendo sobre todo el alto índice de desnutrición infantil mediante campañas de mejoramiento de cuidados de niños en las poblaciones más necesitadas. Todo ello con el apoyo incondicional del que era obispo por aquel entonces de San Marcos, don Álvaro Ramazzini, y de cuya gran figura hablaré en el próximo capítulo. Al estar en su antiguo vecindario aprovechó para visitar a otro de sus ahijados, Gerardo, un niño espabilado pero algo tímido que se alegró mucho de ver a su padrino. Estando allí en el patio de su pequeña y humilde vivienda se corrió la voz entre los vecinos de su visita, y en un momento la calle se llenó de personas que querían saludarlo, preguntaban por Mari Carmen y nos invitaban a pasar a sus moradas, ofreciéndonos todo tipo de presentes, desde un “tecito”, agua, bebidas refrescantes o que nos sentáramos a tomar unos “tamalitos” con ellos.

En la entrada de la que fue su vivienda con la higuera asomando por el alto de la tapia

Fernan y su ahijado Gerardo

Fernan, Gerardo y sus padres y hermano

Gerardo dando a Fernan unos botes de refrescos

Sin duda que es lo más grande que se han traído mis tíos Fernan y Mari Carmen de aquel país: El aprecio y cariño de sus gentes que a pesar de los diez años que llevan viviendo en Alguazas esas personas de Guatemala no los olvidan y añoran. Como dice Fernando en su libro autobiográfico “El canto del Quetzal(Fernando Bermúdez López. Edit. Nueva Utopía, 2012):

“Confesamos que el pueblo latinoamericano ha sido un gran maestro para nosotros, ha sido nuestra mejor universidad. Nos ha enseñado que la lucha por la dignidad humana, por los derechos humanos, por la justicia es una lucha sagrada, Hemos aprendido a no perder la esperanza y  a tener paciencia histórica, pues los procesos son largos. Hemos aprendido que se necesita muy poco para ser felices, que la felicidad no depende del tener sino del ser. Hemos aprendido lo que significa la vida comunitaria en fraternidad, el espíritu de acogida y la gratitud. Hemos aprendido y vivido la crueldad del sistema capitalista neoliberal, responsable del hambre de los pueblos del sur. Hemos aprendido a actuar localmente y a pensar globalmente.”

Todos estos años de servicio a los demás y a ese país, y los cinco que estuvo al frente de la Oficina de Derechos Humanos del Obispado y coordinador del Movimiento Departamental de Derechos Humanos, mediando en múltiples de conflictos entre autoridades y organizaciones sociales, hicieron que en el año 2007 fuese nombrado como “Ciudadano Distinguido 2007”, en un acto presidido por el Gobernador del Departamento de San Marcos, Axer López, en compañía de los Alcaldes de los 29 municipios. Así mismo, el Alcalde de San Marcos, Carlos Barrios, y el honorable Consejo de la municipalidad de la ciudad de San Marcos, le otorgaron a Fernando y Mari Carmen un reconocimiento por el trabajo realizado durante ocho años. Días antes de su marcha para España toda la Pastoral Social en presencia del obispo D. Álvaro Ramazzini también los despidieron entrañablemente en el colegio de las Franciscanas de la Asunción. Sin duda que tuvo que ser muy emotivo para ellos el dejar atrás ese país y su gentes después de tantos años. Según me confesó, no pudieron decir ni tan siquiera un adiós del nudo que tenían en las gargantas.

Así que con esas emociones aún el cuerpo regresamos a la casa parroquial, pasando antes por el Centro Diocesano donde muchas trabajadoras y hermanas saludaron a mi tío, y donde pudimos observar de primera mano los estragos del terremoto que asoló San Marcos en 2014 destruyendo muchas viviendas. En ese lugar se derrumbó la mitad del edificio, donde estaba la biblioteca y algunas oficinas, pero gracias a Dios no hubo que lamentar víctimas personales pues a la hora que fue el seísmo el edificio se encontraba vacío. Si hubo víctimas en otras zonas de la ciudad y aldeas, causando el terremoto la destrucción de numerosas casas de adobe y el fallecimiento de dos personas. (noticia)

Tras esta visita disfrutamos de un almuerzo en compañía de Toribio, su asistenta y un trabajador del obispado, y esperamos a una nueva visita que nos acompañaría esa tarde. Se trataba del Licenciado Mario Juárez, que ya lo había conocido esa mañana desayunando junto a su hijo y nuestro anfitrión en esa ciudad. Como era ya habitual, sobre las cuatro de la tarde comenzó a cerrarse el cielo y en el poco tiempo que tardó en llegar nuestro visitante comenzó a llover.

Vistas desde nuestra habitación en la casa parroquial de San Marcos

Tenía Fernando pensado que Mario nos llevara de visita a algún lugar por las inmediaciones de San Marcos, pero en vista de la tarde lluviosa que hacía cambiamos el plan por tomar un café en una pequeña y coqueta cafetería de la ciudad y disfrutar de una agradable tarde de charla. El café de Guatemala está considerado como uno de los mejores del mundo, y es diferente en cada región, ya que depende de las características del suelo, clima y altura. Aquí lo consumen como bebida de acompañamiento en desayuno, comidas o cenas, puesto que la forma común de hacerlo es al estilo americano, siendo una bebida más ligera, con menor cantidad de cafeína y un sabor más dulce. Según nos cuenta Mario, en Guatemala se están dando cuenta del producto de tan buena calidad que tienen y que tradicionalmente exportaban el de mejor calidad, consumiendo ellos un café sin darle demasiada importancia a los distintos matices de aromas o sabores. Como consecuencia de este cambio la profesión de barista está en auge en Guatemala, por lo que están abriendo cada vez más negocios como éste en el que estamos, denominado Café Florencia, lugares donde ofrecen el café elaborado al estilo italiano, con máquina espresso (poca cantidad de agua y fuerte, servido en taza pequeña) y disponiendo de una amplia carta de distintas formas de acompañarlo, así como cafés de distintas zonas, tanto guatemaltecas como extranjeras. Semanas después, ya en España, en una famosa cafetería multinacional y que hace poco tiempo abrió una sucursal en el centro de Murcia, encontré café de Guatemala de Huehuetenango, lugar donde iríamos al día siguiente.

Retomando el hilo de aquel día, en aquella cafetería Fernan y Mario recordaron antiguas historias de cuando trabajaban juntos en la Oficina de Derechos Humanos, puesto que nuestro acompañante era el abogado del obispado. Recordaron el fuego cruzado de disparos que sufrieron en Ixchiguán a causa de los conflicto territoriales entre dos municipios, pero que según me dijeron el fondo de la cuestión no eran las lindes entre ese municipio y el de Tajumulco, sino el control de zonas por parte de bandas de narcotraficantes, lo que hizo intervenir a la policía. En esas confrontaciones me cuentan que se hizo uso de armamento pesado, más propio de un ejército que de una redada policial, estando ellos en aquel lugar como testigos directos. Recordaron también el día que por un malentendido entre Fernan y Mari Carmen, ésta, al caer la noche y no regresar su esposo, pensó que lo habían secuestrado. Mario la acompañó en todo momento llegando incluso a poner en alerta al Gobernador departamental, el que antes de poner en aviso a la policía volvió a llamarlo por teléfono, justo en el momento que Fernan lo activaba, pues se encontraba en una reunión en la iglesia de Champollap y llevaba el móvil en silencio. Comentan que para Mari Carmen fueron unas horas de terrible angustia y desesperación, pues habían pasado tiempo atrás por situaciones de amenaza que les obligaban a dormir incluso vestidos cerca de la puerta por si venían a por ellos y tenían que salir corriendo. También me contó Mario las amenazas que recibió él y su familia por defender a los más débiles, por su compromiso por los campesinos y por los Derechos Humanos, hechos que le obligaron a replantearse su vida profesional. En otro rato de la tarde nos contó sus proyectos futuros, sus ganas de visitar en alguna ocasión nuestro país, y que era un ferviente seguidor de la emisora española M80 Radio, que le gustaba mucho la música que ponían. En esa cafetería pedimos que la sintonizaran a través de internet y estuvimos escuchando pop/rock de los años 80 y 90 mientras hablábamos. En esas pocas horas de una tarde lluviosa, acompañados por un excelente café de las faldas del volcán Tajumulco, descubrí a una gran persona, comprometida por los más necesitados, servicial, con una gran humanidad y sensibilidad. Espero que el proyecto que nos contó y del que tan ilusionado estaba sea pronto una realidad, y que en otra ocasión dentro de no mucho tiempo podamos volver a encontrarnos. Sin duda que se merece todo lo mejor que la vida le pueda deparar.

Nos despedimos del Licenciado Mario Juárez (allí es común denominar así a los que tienen estudios universitarios) ya entrada la noche, y de nuevo nos dirigimos a la casa parroquial donde nos esperaba el padre Toribio para la cena. De nuevo una amena cena (esta vez ya sin vino pero con una fresca cerveza Cabro) y tras recoger los enseres pasamos a la zona de estar de la casa donde estuvimos un buen rato de charla amena y donde Toribio nos mostró algunos de los libros que había leído y que reflejaban muy bien la situación tan difícil de Guatemala. En esa conversación, en otras anteriores y en otras futuras de días después, pude comprobar la excelente memoria y capacidad intelectual de mi tío Fernando: los nombre de personas que recordaba, las situaciones, fechas de conflictos, de encíclicas papales, de comunicados de obispos, de acciones de distintos políticos y épocas del país durante el Conflicto Armado, de la firma de los Acuerdos de Paz de 1996 y en qué consistían… ¡en definitiva descubrí en mi tío a toda una enciclopedia viviente!

Cerca de las 10:30 de la noche (altas horas en ese país y más para nosotros que normalmente a las 5:30 nos levantábamos) nos retiramos a nuestra habitación a descansar, pues al día siguiente temprano nos marchábamos de San Marcos hacia otro destino, a Huehuetenango, y teníamos varias horas de conducción por esas carreteras tan deterioraras. Así que con pensamiento de aprovechar las horas de sueño nos acostamos, pero sin saber aún que esa sería una de las peores noches de mi vida, de las más largas y de las que menos pude conciliar el sueño.

Dormíamos en un amplio cuarto con dos camas individuales, una pegada a la ventana donde reposaba mi tío, y otra donde dormía yo que estaba pegada a la pared que colindaba al pasillo, encontrándose a los pies de la cama la puerta de entrada. Al poco de acostarnos escuché que la respiración de Fernan indicaba que había encontrado el placentero y reparador sueño, pero yo tenía la costumbre de leer un poco antes de conciliar el sueño. En eso estaba con el iPad cuando de pronto empecé a escuchar un ligero temblor en los cristales de la ventana; por un momento pensé que se había levantado viento en el exterior y que el ruido era producto del golpeteo de éste en las láminas de vidrio, pero poco a poco esa vibración fue a más hasta que noté que la cama se movía. Me incorporé y  llamé a mi tío: “- Fernan, ¿esto es un terremoto?» le dije. Como si de un resorte se tratase se incorporó dando un salto, saliendo del lecho hacia la puerta y me dijo que me pusiera junto a él en el marco del hueco, que ese sería un lugar más seguro donde estar que a expensas del techo que podría caer sobre nosotros. El ruido cada vez era más intenso y se movían las paredes, el suelo, como si estuviésemos en una batidora gigante. La corriente eléctrica se cortó y en la penumbra de la noche se empezaron a escuchar entre los zumbidos que provenían de las entrañas de la tierra el estruendo de cosas que caían a nuestro alrededor. Pensé que eran las placas del techo de un lucernario que había a mitad del pasillo y por el que entraba la luz durante el día, y que de un momento a otro empezaría a derrumbarse el resto del techo sobre nosotros. Notaba como oscilaba la pared a la que estaba sujeto y me mantenía con las piernas abiertas y los pies fuertemente apretados contra el suelo para no caer rodando. En esos momentos en lo único que piensas es en qué momento aumentará la intensidad del terremoto y todo se derrumbará cayendo sobre nosotros. Piensas en salir corriendo, lo valoras en décimas de segundo pero al estar en un tercer piso, con la puerta de la escalera que da al piso inferior cerrada con llave descartas inmediatamente. Piensas en qué lugar ponerte para que en caso que se caiga el techo sufras el menos daño, si corres a meterte bajo una mesa o en si quedarás consciente para pedir auxilio; piensas en si en ese país los servicios de emergencias darán contigo entre los escombros. Te viene a la cabeza que hace unas horas, cuando por la mañana te contaban lo del terremoto de 2014 una parte dentro de ti pensaba que tendría que ser toda una experiencia vivir una demostración de la Naturaleza de esas características (Fernan me había contado en varias ocasiones su experiencia en el terremoto de México de 1985, que le pilló en el metro de esa ciudad y que causó más de 10.000 muertos y muchos más desaparecidos) pero que ahora que la estabas sufriendo ya no te parece tan fascinante, sino todo lo contrario, angustioso. Piensas en tus padres, en tu esposa, en tus amigos, en que estás a miles de kilómetros y cómo se enterarán de lo que te ha ocurrido, si te encontrarán… El terremoto duró 86 segundos, ¡casi un minuto y medio! pero ese tiempo me pareció toda una eternidad, ¡parecía que nunca iba a acabar! y el cerebro trabaja a la velocidad de la luz, te pasan cientos de pensamientos. Cuando por fin terminó, el padre Toribio salió de su cuarto diciendo que nunca había sentido un terremoto tan largo, que había sido tremendo. Con una linterna y la luz de los móviles pudimos comprobar que no había causado muchos daños en la vivienda; algunas grietas en las paredes, pequeños desconchados en el techo y comprobamos que los ruidos que se escuchaban habían sido por los jarrones, plantas, platos y objetos varios que habían caído al suelo,  así como de una pecera que tenía en la casa y cuyas aguas aún estaban agitadas y sus moradores posiblemente pensando que estarían por fin en alta mar.

Unos minutos después, cuando la luz eléctrica volvió a la ciudad, mis piernas aún temblaban del tremendo susto, y le pregunté a mi tío en tono bromista si seguía el terremoto o eran mis piernas las que se movían del nerviosismo. Por las ventanas pudimos ver que en las calles se concentraban numerosos vecinos que habían salido huyendo de las viviendas al recordar lo que vivieron hace tres años. Cuando se pasó el susto y ya comprobamos que no había pasado nada grave,  gracias a la “wi-fi” de la vivienda contacté con los familiares en España para comunicarles lo que había ocurrido, por si al amanecer llegaban noticias del terremoto no se preocupasen, que estábamos bien. En Guatemala este terremoto fue a las 22:51 de la noche, 6:51 de la mañana en España. Ya con la iluminación eléctrica comprobamos que el sitio que elegimos para resguardarnos no fue un buen lugar, pues la vivienda tenía los techos muy altos y encima de la puerta donde nos habíamos colocado existía un gran cristal que daba claridad a la habitación. Si el terremoto hubiese sido de más intensidad y el cristal hubiese caído sobre nuestras cabezas los daños causados podrían haber sido de gran gravedad. ¡Una vez más mi Ángel de la Guarda estuvo esa noche a mi lado!

 

Los medios de comunicación guatemaltecos en seguida se hicieron eco de la noticia. El terremoto tuvo su epicentro en el Océano Pacífico, en las costas de México cerca de la frontera con Guatemala, con una intensidad de 8,1 grados de magnitud y en el país mexicano según las noticias de los días posteriores supimos que causó 98 muertos. Sin duda fue el terremoto de mayor intensidad registrado en el país. Semanas después, estando nosotros ya en España, el 18 de septiembre, justo el día que se cumplían 32 años del terrible terremoto del 85, otro gran terremoto asoló la Ciudad de México causando más de 225 muertos con una intensidad de 7,1 en la escala de Richter. La diferencia entre ellos es que en éste último el epicentro fue en tierra y las ondas sísmicas fueron mucho más destructivas. El que nosotros vivimos, aunque de mayor intensidad, causó menos daños ya que al ser el epicentro en el mar las ondas sísmicas perdieron poder destructivo. Los países ribereños al Pacífico estuvieron varias horas en alerta por riesgo de tsunami, algo que afortunadamente no llegó a ocurrir ya que el epicentro se localizó a más de 70 kilómetros de profundidad. (Noticia)

Con ese gran susto en el cuerpo y tras hablar con la familia y amigos a través del Wassap, nos fuimos a intentar descansar un poco. La cama estaba llena de trozos caídos del techo y las paredes y me costó bastantes horas poder conciliar el sueño. Recuerdo que de nuevo acostado, por la ventana, en el horizonte, se veían de vez en cuando resplandores y pensé que serían relámpagos de alguna nube lejana. Durante la noche y la mañana siguiente se siguieron produciendo algunas réplicas, aunque de mucho menor intensidad, algunas de ellas las sentí como ligeros movimientos que en la altura de aquel edificio daban la sensación que sufrías un pequeño mareo. Al día siguiente era el tema de conversación de toda la ciudad, aunque esta se levantó como si nada hubiese pasado, la gente hacía su vida normal. Tan solo se suspendieron las clases en el departamento de San Marcos. La peor parte se la llevaron en la localidad de Tacaná, donde se derrumbaron varios edificios, entre ellos la casa parroquial. De esas luces de la noche leí en las redes sociales que no fueron relámpagos, sino que expertos en sismología las asociaban con la carga de energía que se libera durante un terremoto. Decía así director del Instituto Geográfico Nacional de España: «Un terremoto se provoca por la ruptura de una falla, tras acumularse tensión tectónica en la zona. La fricción de las rocas puede generar en su superficie corrientes eléctricas por el flujo de iones que genera.» (Leer más)

Horas antes del terremoto había estado viendo que sobre el Océano Atlántico y acechando al Caribe esos días habían tres grandes huracanes activos a la vez, algo insólito en mucho tiempo: Irma, Katia y José. Eso sumado a este terremoto, todo en un mismo día, hace que te des cuenta de lo insignificantes que somos los humanos ante los designios de esa Naturaleza que tantas veces maltratamos, que estamos aquí porque ella quiere, porque formamos parte de ella, pero que cuando quiera nos puede quitar de la faz de la tierra de un plumazo, y ni nuestra gran inteligencia ni nuestros adelantos tecnológicos podrán evitarlo, y ella se sobrepondrá como tantas veces ha hecho a lo largo de la historia.

 

EL CONTRASTE:

Para comentar los contrastes de este capítulo, me he tomado la libertad de copiar lo que mi tío Fernando escribió en su libro “El canto del Quetzal” (Fernando Bermúdez López. Edit. Nueva Utopía, 2012):

“Creemos que no hay región en Centroamérica con los contrastes que caracteriza al departamento de San Marcos. Refleja la realidad global de Centroamérica y concretamente de Guatemala: Minifundios y latifundios, indígenas, mestizos y criollos, migraciones, áreas urbanas y rural. San Marcos se encuentra al suroccidente de Guatemala, haciendo frontera con México. La población estimada es de más de 900.000 habitantes, la mayoría indígenas mayas de la etnia man.

Posee tres grandes comarcas: La región de la Costa del Pacífico, de clima tropical y caluroso. Es zona de latifundios, rica en producción de café, ajonjolí, palma africana, bananos, tabaco, hule, caña de azúcar y ganadería. En las fincas trabajan jornaleros y colonos, viviendo estos en pequeños poblados, hacinados y en condiciones infrahumanas. Otra es la región del Valle, en el centro del departamento, donde se hubica la capital de San Marcos y San Pedro Sacatepéquez, con una altitud de 2.370 metros sobre el nivel del mar. Y la tercera región el Altiplano, la más alta de Centroamérica, en torno a los volcanes Tajumulco (4.210 metros) y Tacaná (4.012 metros). De clima frío. Es la región más pobre y en la que se concentra la mayor parte de la población indígena.

No podemos dejar de hacer referencia a la belleza de este departamento, su exuberante vegetación, la gran biodiversidad, las altas montañas y volcanes que se elevan casi en vertical desde las tierras bajas de la costa, ríos que descienden con sus aguas frías desde las alturas a las tierras calientes del trópico, y sobre todo, sus gentes, de corazón abierto y acogedoras.”

 

Guatemala, país de contrastes. Capítulo III – Un océano de vivencias

Un océano de vivencias

El primer domingo que pasé en Guatemala fue un día cargado de aventuras. Teníamos previsto visitar el asentamiento de retornados de San Vicente, donde entre los años 1999-2002 la Asociación Amigos de Guatemala de Alguazas financió la construcción de un plan de infraestructuras en dicho asentamiento de la localidad de Guanagazapa, Departamento de Escuintla.

En este asentamiento de retornados del exilio, y con subvenciones de la Comunidad Autónoma de Murcia y distintos ayuntamientos de la región (entre ellos el de nuestro pueblo, Alguazas), se consiguió construir 75 viviendas, una escuela con seis aulas, un salón de usos múltiples, casa de salud, también se logró la introducción y distribución de agua potable y el aplanado de las calles (aquello era un trozo de monte sin ningún servicio). Todo esto fue dirigido para ayudar a 75 familias, unas 311 personas indígenas mayas (de ellas muchas eran jóvenes y niños) que debido al conflicto armado que sufrió el país durante 36 años y el etnocidio que practicaron los gobiernos militares contra las poblaciones mayas campesinas, vivieron refugiados por más de 15 años en el vecino país de México, logrando retornar a su país en Julio de 1998, después de la firma de la paz de 1996. Las pocas pertenencias que tenían las perdieron totalmente debido a la persecución y muerte que algunos de ellos sufrieron durante dicho conflicto, y al retornar a Guatemala del exilio tuvieron que comenzar sus vidas de cero. El Gobierno, tal y como venía reflejado en los Acuerdos de Paz  les dotó de un terreno donde asentarse, pero al no tener medios vivían en chabolas de maderas, plásticos y chapas como único refugio ante las inclemencias.

Esta situación era conocida de primera mano por mi tío Fernando, ya que durante el conflicto armado había estado trabajando en Chiapas (México) con muchos de estos refugiados en la frontera con Guatemala, y cuando finalizó la guerra y pudieron regresar a su país, él también lo hizo, siendo el responsable del Programa de Derechos Humanos del Arzobispado del Departamento de San Marcos. Así que informó de la situación de estas personas a la Asociación Amigos de Guatemala para que, si la Directiva lo consideraba oportuno, continuasen con la labor para la que se había constituido, e iniciasen la elaboración de un proyecto que ayudase estas 311 personas, de forma que pudieran vivir de una forma humilde pero digna, integrándose en la nueva situación de su país. La Directiva lo consideró oportuno y la Asociación se puso en marcha para conseguir las subvenciones necesarias que pudiesen hacer realidad este proyecto.

La Asociación Amigos de Guatemala de Alguazas también financió la construcción de una iglesia en el asentamiento de San Vicente, pero fuera del proyecto de subvenciones oficiales, con colaboraciones de socios, venta de lotería y cenas benéficas.

Así que ese día, puesto que el asentamiento de San Vicente está cerca de la costa del Océano Pacífico, nuestros anfitriones, Lilian y Óscar, se brindaron amablemente a llevarnos hasta él, y ya aprovechar el viaje para que yo viese por vez primera el mayor océano de la Tierra. El domingo 3 de septiembre, la pareja con sus cuatro niños, mi tío Fernando y yo salimos de excursión bien temprano a las playas del Pacífico. Como en el habitáculo cerrado de la “pick up” (como les llaman a los todoterrenos 4×4 con una plataforma abierta atrás) no cabíamos todos, los tres chicos mayores (Edu, Samuel y Jimena) y yo fuimos en la parte trasera. Viajar ahí es algo novedoso para un europeo, pero muy habitual en estos países, viéndose por las carreteras infinidad de camionetas (como nosotros las llamamos) con hombres, niños o mujeres en la parte trasera, y en numerosas ocasiones puestos en pie sin la más mínima medida de seguridad; como digo, algo muy asombroso para un español acostumbrado a que en su país sea obligatorio hasta que los niños lleven colocado un elevador especial en el asiento trasero del vehículo con su correspondiente cinturón de seguridad. Dicho sea de paso, en Guatemala también es habitual ver circular motos sin el correspondiente casco ni por el conductor ni pasajero, incluso por autovías.

Un inciso antes de proseguir: Quiero dejar claro que esto no es una crítica a la sociedad guatemalteca, que mis amigos de ese país no se vayan a ofender por mis palabras, tan solo pongo por escrito las sensaciones que me causaron las costumbres y actuaciones en ese país comparadas con la cultura en la que vivo. Está claro que es un país que hasta hace poco más de 20 años estaba en una guerra fratricida que, entre muchas cosas, supuso un atraso respecto a países de su entorno, poco a poco deberán de ir adaptándose e implantando actuaciones que supongan una seguridad para las personas y el medio ambiente, siempre y cuando sus políticos quieran y se preocupen del bienestar de su pueblo.

Hago mención al medio ambiente porque también es curioso para alguien que cada año ha de llevar su viejo coche a pasar la ITV donde le miden los valores de emisión de CO2 para que los gases de escape no sobrepasen los límites permitidos, el ver viejos carros o camionetas (allí se les llama así a los autobuses) echando al ambiente cantidades insufribles de humo negro, que cuando viajas detrás de uno de ellos has de subir las ventanillas para no acabar intoxicado. Otro aspecto del que deberían concienciarse por el bien de nuestro planeta, aunque comprendo que para mucha de la población guatemalteca su primera preocupación es vivir dignamente.

Retomando la narración de ese día, era toda una experiencia para mi el ir en esa plataforma abierta pudiendo sentir el viento en la cara (que me hacía recordar mis tiempos pasados de motero) y con posibilidad de fotografiar el paisaje sobre la marcha, haciendo una parada durante el mismo para contemplar la majestuosidad de los volcanes que teníamos a la vista: El volcán de Agua y el de Fuego, activo este último y del que sale una imponente columna de humo. El volcán de Fuego tiene una altitud de 3.763 metros sobre el nivel del mar, y su cráter está cubierto de lava. Me comentan mis acompañantes que la última erupción tuvo lugar en el mes de mayo de este año, hace unos cuatro meses ¡Tiene que ser toda una experiencia el poder ver y fotografiar ese grandioso espectáculo de la Naturaleza! aunque también muy peligroso y preocupante para las personas que viven en las poblaciones cercanas. Actualización a 4 de octubre de 2017: El Volcán de Fuego entra de nuevo en erupción estos días.

El viaje al principio era muy divertido, pero cuando llevas una hora sentado en la misma postura sobre una superficie rígida y dura ya no sabes cómo ponerte: se te duermen las piernas ya que con cuatro personas recortadas, el espacio para poder estirar los pies es bastante escaso. Tras cerca de dos horas llegamos a la costa del Océano Pacífico, concretamente a las playas de Monterrico (Taxisco). ¡Es imponente ver ese mar azul turquesa, con esas olas que poco dicen a su nombre! pero lo que más me sorprendió fue la calidez de sus aguas. Esperaba que fuesen aguas frías, como las del Atlántico en el norte de España, pero nada que ver; me metí en el océano hasta las rodillas y puedo asegurar que el agua estaba más caliente que en el Mediterráneo en pleno mes de agosto. Otra característica que me sorprendió fue el color negro de sus arenas, fruto de sus orígenes volcánicos, y el que esos granos de arena diluidos en las agitadas aguas se te metieran por todo el cuerpo mojado, terminando de arena hasta en los mismísimos.

Tras un buen rato en que los chicos se bañaban y, Santiago, el pequeño de la familia jugueteaba en la playa, los adultos nos tomamos unas cervezas bien frescas a la orilla del mar, en un chiringuito donde los pollos corretean entre las mesas y donde las duchas son una tubería colgada del techo en un habitáculo recubierto de plásticos. Todo muy sorprendente para alguien acostumbrado a las comodidades de nuestras playas, donde encuentras lavapiés y duchas cada pocos metros. Y de nuevo recalcar que no es una crítica a este país, sino más bien una crítica a las comodidades a las que estamos acostumbrados, donde nos quejamos cuando no encontramos unos mínimos servicios en una playa cuando en otros países viven sin tantas comodidades y son igual de felices que nosotros, o más.

Después de un rato de playa, cervezas y charla amena, emprendimos la marcha para ir al asentamiento de refugiados de San Vicente, donde teníamos que reunirnos para ver el estado del asentamiento y cambiar impresiones con algunos de sus habitantes, algunos de ellos buenos amigos de la familia. Para llegar hasta allí nuestro conductor, anfitrión y amigo, Oscar, nos tenía planeado una aventura muy bonita y espectacular: Cruzar el coche en un ferry (una barcaza de madera) por los manglares del Canal de Chiquimulilla, cerca de la frontera con El Salvador, un paraje precioso que está protegido como parte de la Reserva Natural Biotopo Monterrico-Hawaii, y donde abundan infinidad de aves migratorias, y según nos dicen, tortugas, caimanes e iguanas. Un protagonista relevante de este canal es el mangle, un árbol que genera formas caprichosas y variadas. En la reserva hay partes que son verdaderos laberintos formados por múltiples canales que solo pueden ser transitados en cayucos o lanchas pequeñas, aunque nosotros navegamos sin salir del canal principal. La travesía duró unos 30 minutos y fue muy bonita, observando y fotografiando todo ese paisaje mientras otras barcas circulaban en sentido contrario al nuestro.

 

La temperatura que hacía allí era la típica de climas tropicales, un día soleado con ese calor cargado de humedad. Al llegar al otro extremo del canal y bajar el coche a tierra, Oscar hizo una parada para refrescarnos, y que yo disfrutara por primera vez del agua de coco, una bebida deliciosa que se obtiene directamente de esa fruta tropical, abriendo el coco un lugareño a golpe de machete, y que tras beberlo utiliza de nuevo las mismas artes para poder comer su delicioso fruto. Sin duda un manjar exquisito que aún estaba mejor gracias a que los cocos estaban almacenados al fresco de una nevera frigorífica. Ello sumado al calor que tenía hizo que me supiese a gloria esa nutritiva bebida.

Después del paseo y refrigerio, de nuevo casi otra hora de viaje en la parte trasera del vehículo por carreteras bacheadas que sumada a la velocidad a la que conduce Oscar era lo más parecido a estar en una montaña rusa. Llegamos a la entrada del camino que conduce al asentamiento donde nos esperaba el bueno de Juan Reynoso, al que seguimos por varios kilómetros circulando por un precioso camino de tierra rodeado de vegetación y con aromas a hierba y tierra mojada, fruto de las recientes lluvias.

Otro inciso: A Guatemala a menudo se la denomina “La tierra de la eterna primavera” a causa de su clima tropical y subtropical que mantienen cierta uniformidad en las temperaturas durante todo el año, aunque existen tres regiones climáticas diferenciadas según su elevación sobre el nivel del mar: la zona templada, la tropical y la de clima frío de montaña. Allí las estaciones no son tan marcadas como en latitudes más al norte o al sur del ecuador. En realidad, las estaciones se reducen a dos: la lluviosa, a la que se le denomina invierno, de mayo a octubre, y la seca, a la que se conoce como verano, de noviembre a abril. Nosotros estuvimos en septiembre, en plena época de lluvias. Lo habitual en esta época es que las mañanas amanezcan totalmente despejadas y conforme avanza el día las nubes ganan terreno hasta que a media tarde caen lluvias, en algunas ocasiones en forma de intensas tormentas tropicales, como bien pudimos comprobar ese día; pero no adelantemos acontecimientos.

Unos kilómetros antes del asentamiento pasamos por un puente sobre el río Asuchillo, y recordé lo que me contó mi madre de la primera vez que vinieron aquí a San Vicente, que tuvieron que vadear el río, ella y mi padre subidos en el coche con el conductor y los demás hombres que los acompañaban cruzando el río caminando, ya que ese puente no estaba aún construido y esa era la única forma para poder cruzarlo. El puente que nosotros cruzamos se construyó hace algunos años, obra que ejecutó el Gobierno de Guatemala con fondos propios y con ayuda de la Asociación Amigos de Guatemala de Alguazas.

Por fin llegamos a San Vicente, donde el recibimiento fue muy caluroso y emocionante. Son muy buenas personas, algunas de las cuales guardo bonitos recuerdos de cuando estuvieron en Murcia en unas jornadas de concienciación que organizó la Asociación. Allí estaban Juan, Lucía, Manuel, Doña Marta (una señora encantadora que allí sigue viviendo con sus 84 años); también estaba Abigail, que la conocimos siendo una niña cuando la Asociación la trajo a España a ver si se podía hacer algo para paliar su ceguera y que ya es toda una mujer, casada y con una preciosa niña; también encontré a Adelaida, la muchachita que vino a España después de muchas cartas intercambiadas con mis padres desde bien niña y que se emocionó mucho al verme, pues pensaba que era otro familiar el que acompañaba a mi tío Fernando y no yo, por lo que se sorprendió mucho al encontrarnos saltándosele las lágrimas de la emoción, pues según me contó guarda muy buenos recuerdos de España y de nuestra familia. También está felizmente casada y con dos niños, y me confesó que estaba ahorrando para volver de nuevo a España con sus niños, que es su gran ilusión poder volver a visitarnos, sobre todo a mis padres Juan Antonio y Ana María. En definitiva muy buenas personas que conocí hará unos 17 años pero que el aprecio y cariño continúan intactos a pesar de la distancia y del tiempo transcurrido.

En el recinto techado pero al aire libre de la humilde casita nos ofrecieron una suculenta comida a base de frijoles, nachos, chicharrones, ensalada, hervido de verduras, pollo cocido, y cómo no, todo acompañado de las tortitas de maíz, indispensables en cualquier comida guatemalteca. Pasamos una agradable comida charlando sobre la situación del país y recordando viejos tiempos, mientras unas gallinas con sus pollitos y patos correteaban entre nosotros.

Tras la comida fui con Manuel a dar un paseo por el asentamiento, donde me enseñó campos de maizales, de piñas, manglares… todo un precioso vergel en ese lugar donde la Naturaleza crece exuberante gracias a la fértil tierra y abundantes lluvias.

De hecho, estando paseando entre los manglares empezaron a escucharse fuertes truenos, cada vez más cerca, y poco a poco las nubes fueron cubriendo el cielo azul, hasta que de repente empezó a caer una intensa tromba de agua que nos caló bastante. Corriendo llegamos al techado de la vivienda y allí nos pusimos al cubierto de esa lluvia torrencial acompañada de fuertes relámpagos que tronaban como si cayesen allí al lado. Cuatro o cinco sonaron aterradores, como si el cielo se fuese abrir sobre nosotros, con una resonancia y un eco como nunca antes había escuchado; pero fue algo muy bonito y espectacular el ver caer esa cantidad de agua por espacio de algo más de una hora, acompañada de esos impresionantes truenos y disfrutando del inmenso aroma que emanaba de esa tierra tan fecunda.

En la espera a que aminorase la tormenta, los patos jugueteaban entre el agua que caía formando pequeños riachuelos, y nosotros continuamos con las amenas charlas cargadas de recuerdos, de proyectos futuros, de risas. Para hacer aún más llevadera la tarde me dieron a probar licha, un fruto de aspecto exterior como un erizo de color rojo; el hijo de Manuel, al ver mi cara de extrañeza sin saber si meterle un bocado o dejarlo en la mesa, me explicó cómo se abría y se extraía el fruto, una pulpa redonda, de color blanco translúcido y con un dulce y agradable sabor.

Vendedor ambulante de licha

Cuando la lluvia apaciguó su intensidad ya estaba oscureciendo, por lo que era hora de emprender el viaje de regreso. Adelaida comentó que tendría que volver a la ciudad de Guatemala en camioneta (uno de esos viejos buses) con sus dos niños, a lo que Oscar se brindó a que viniese con nosotros en el carro para que no llegasen muy tarde a su casa, que él pasaría atrás con nosotros en la parte exterior y dejaría conducir a Lili para que las mujeres fuesen más cómodas y no se mojasen. Menos mal que lo convencimos para que reconsiderase la propuesta y condujese él, no como falta de caballerosidad hacia nuestra anfitriona, ni mucho menos, pero con la lluvia caída, anocheciendo y por esos caminos de tierra era lo más seguro para todos.

Autobuses (camionetas) típicos de Guatemala

Y ahí comenzó la aventura del viaje de regreso: Al salir del asentamiento, bajando una fuerte pendiente nos encontramos con una “pick up” parada pues se le había roto la caja de cambios automática, e interrumpía el paso a los vehículos que entrasen o saliesen del mismo. Nos dijo el conductor, un señor mayor que regresaba a San Vicente, que lo sentía mucho pero que no podía ladear el carro, que no andaba nada y no había sitio donde orillarlo, por lo que deberíamos dar la vuelta y salir por otro camino, mucho más largo y de peor estado. Oscar, esa gran persona dispuesta a ayudar a todo el que lo necesite, se brindó para intentar remolcarlo con su Toyota, tirando con una cadena que llevaba para estas situaciones, pues según comentó viajaba de vez en cuando a la selva del Petén y en más de una ocasión la había tenido que usar. Dio la vuelta a su “pick up” en un estrecho camino haciendo unas cuantas maniobras muy ajustadas, enganchó con la cadena los dos coches y tiró del vehículo averiado por toda la cuesta hacia arriba, usando la gran potencia de la reductora del 4×4 y con nosotros subidos en la plataforma para que con el peso no derrapasen las ruedas sobre la pista mojada. ¡La verdad, parecía una imagen propia de una película de aventuras!: Un rescate bajo la lluvia en medio de una zona boscosa iluminada con los últimos rayos de sol del atardecer que se querían colar entre las nubes, dando a ese cielo grisáceo un color anaranjado con algunos trazos multicolores causados por la refracción en las gotas de agua. ¡Lástima que no pude inmortalizar ese momento! había metido la cámara de fotos y el móvil dentro del coche para que no se mojasen con la lluvia que aún caía y en la subida de los dos vehículos no hubiese sido muy apropiado hacerlos parar para sacar la inmortalizadora de imágenes. Tras varios empujones el potente auto logró superar la pendiente y llevar al carro averiado hasta una amplia zona del asentamiento, frente a las aulas escolares, donde lo dejamos y, después de los correspondientes agradecimientos y despedidas, de nuevo emprendimos el viaje de regreso.

Un viaje que recordaré como uno de los peores de mi vida en coche, pero también de los más intensamente vividos. Calado hasta los huesos, de noche, lloviendo aún con intensidad, las gotas de lluvia sumadas a la velocidad del vehículo parecían alfileres golpeándome en la cara y brazos (como salimos con sol iba en pantalón corto, camiseta y sin tener la precaución de haber cogido el impermeable, aunque lo pensé, pero al final creí que no lo necesitaría sin ser consciente de los cambios atmosféricos de Guatemala). Como he dicho en alguna ocasión, Lili y sus hijos son unas personas muy amables, dispuestas a ayudar, generosas, por lo que al verme en esa situación me dieron la sudadera de uno de los chicos para que me protegiese la cara, ya que argumentaron que al ir él pegado a la pared del habitáculo del coche no le golpeaba tanto la lluvia, y yo la necesitaba más. ¡Como digo, la generosidad de las gentes guatemaltecas! En esa situación salimos a la autovía y, Oscar, le apretaba más al carro para llegar cuanto antes, cosa que no sé qué sería peor, si el frío y los alfilerazos de la velocidad, o el tiempo de ir con las piernas encogidas sobre la dura chapa de la caja del vehículo. A mitad de camino hay un peaje en la autovía y las retenciones para pasarlo nos llevó unos 15 minutos, tiempo que aprovechamos para ponernos de pie y estirar un poco las piernas. Es también impresionante ver en cualquier retención la cantidad de gente que dedican estas colas para vender fruta, zumos, agua, frutos secos, etc. y allí habían decenas de personas caminando cola arriba cola abajo, aguantando la lluvia, para poder ganar unos quetzales con la venta ambulante de esos productos. Tras hacer el respectivo pago, vuelta a pasar frío bajo la lluvia en el exterior del vehículo a 120 kilómetros por hora. Así hasta las proximidades de la ciudad de Guatemala donde por fin dejó de llover, pero aún nos quedaba una última “anécdota” para acabar el día y, que gracias a Dios, quedó solo en eso.

En un momento de la marcha Oscar tuvo que dar un frenazo a causa de una retención inesperada, y el coche que nos seguía al frenar bruscamente para no colisionar con nosotros empezó a derrapar a causa del asfalto mojado. Yo, que iba junto al portón trasero, como si de una película a cámara lenta se tratase, cada vez lo veía más cerca de nosotros y sentía aproximarse el silbido intenso de los neumáticos derrapando sobre la superficie mojada. Cuando creí que el choque era inevitable y nos iba a dar de lleno, me incorporé un poco sobre mi brazo derecho y giré el cuerpo hacia la parte delantera del habitáculo, por si el impacto en los hierros del portón trasero me alcanzaba en la pierna, y en ese justo momento giré la cabeza hacia la izquierda, viendo el morro del coche que nos precedía a escasos cinco centímetros del paragolpes trasero del pick up. Ahí vi también la cara de susto de la pobre mujer que lo conducía, agarrando fuertemente el volante y con los ojos que se le salían de sus cavidades. He de decir que por suerte la señora no dio ningún volantazo, algo que con el estado de la carretera y el tráfico existente en los tres carriles no sé qué hubiese pasado. Mantuvo el coche recto entre la fila de coches de su derecha y la mediana de la izquierda (circulábamos en el carril izquierdo, el más rápido en esos momentos, aunque en Guatemala da igual por el que vayas), quizás a causa del susto, pero que fue lo mejor que pudo hacer. Sin duda que mi Ángel de la Guarda ese día tuvo que emplearse a fondo.

Y así llegamos sanos y salvos a la entrada del condominio (como llaman aquí a los residenciales cercados con altas vallas, barreras para entrar y guardias de seguridad) donde vive la familia que nos aloja, y donde esperaba el esposo de Adelaida para recogerla junto a sus dos hijos. Tras la despedida, al llegar a casa me di una reponedora ducha caliente y Lili nos preparó una sopa para cenar que me supo a gloria, de las mejores que he tomado nunca.

Y de esta forma finalizó este apasionante día por tierras guatemaltecas, dando gracias a Dios por todas las experiencias vividas y por llegar sanos y salvos. Como días después me dijo mi tía Mari Carmen a nuestro regreso a España, eso que para mí fue una gran experiencia era su día a día cuando ellos estaban en Guatemala, y que echa de menos esa sensación de estar viva, el saber qué aventuras te deparará cada nuevo día. Efectivamente, allí, donde no tienes tantas comodidades y seguridad, es donde realmente se vive plenamente cada día.

 

EL CONTRASTE:

Las diferencias climáticas que hay en un pequeño país en una misma época del año. La geografía repercute en el clima de Guatemala. Existen dos cordilleras principales en el país que, en líneas generales, dividen Guatemala en tres áreas geográficas principales: la tierras altas (meseta y zonas montañosas), la región costera del Pacífico, y el departamento de Petén, al norte de las montañas y de características tropicales, Dichas tres regiones de Guatemala difieren en condiciones climáticas debido a las diferencia de altitud que producen contrastes pronunciados entre las tierras bajas – cálidas y húmedas- y las más secas y frescas regiones montañosas.

El clima de la región costera del Pacífico forma parte del área climática tropical. Las llanuras de Petén y las tierras bajas selváticas se caracterizan por su clima tropical húmedo. Junto a la zona tropical y la templada, en Guatemala existe también una región de temperaturas frías situada en las elevaciones superiores a los 2.000 metros de picos y cordilleras. Las temperaturas por el día son más frescas que en la zona templada y al anochecer descienden por debajo de los 0° e incluso llegan a caer heladas y nieve. El Departamento de San Marcos, donde también estuvimos, y que hablaré en otro capítulo, tiene el municipio poblado más alto de Guatemala y Centro América, Ixchiguán, con 3.200 metros sobre el nivel del mar.

Uno más de la familia

En numerosas ocasiones me he preguntado si los animales tienen alma, y si cuando mueren ésta va a algún tipo de limbo, algún lugar donde son eternamente felices.

Desde bien niño he vivido rodeado de animales. Recuerdo en casa de mis abuelos maternos, Fernando y Soledad, había una perra pequeña, de color canela y que llevaba esa característica por nombre, con la que jugaba y correteaba siendo yo un niño, así como también había algunos gatos que repelaban las sobras de comida; y pájaros, que cuidaba mi tío Jesús en un altillo de aquel fresco y coqueto patio lleno de geranios. También tenían, como en cualquier casa tradicional de huerta, pollos, conejos, gallos, y demás animales para el consumo de la familia, en una época en que el autoabastecimiento era la forma de vivir, una vida humilde, sin lujos, pero feliz.

En casa de mis padres, Juan Antonio y Ana, siempre recuerdo también el convivir con distintos perros (Amedia, Brummel, Cora, Pequi, Chispa, Luna, Chico) y algún que otro gato (Ágata, Merengue, Octava… y ahora Negrita), casi siempre fruto del amor, pasión o “capricho” de mi padre hacia los animales, y con las primeras reticencias de mi madre, pero que después de esas primeras objeciones eran queridos y mimados por ella como uno más de la familia. Y efectivamente, todos estos animales en un momento concreto de nuestras vidas han sido uno más de la familia; hemos jugado y reído con ellos, nos han acompañado en momentos difíciles; los hemos cuidado y mimado ante cualquier accidente doméstico o enfermedad y cuando se han marchado de nuestro lado hemos sufrido y llorado por ellos, pues cada uno de estos animales ha dejado una parte de su ser en nuestros corazones.

Conocí a Mari Luz hace ya 19 años, y a los dos años de estar como novios un pequeño cachorro, mezcla de bichón maltés con mestizo, llegó a nuestras vidas. Una pequeña bola de pelo blanca, juguetona y poco obediente, rasgo característico que ha marcado su carácter toda su vida. Lo vimos crecer desde sus pocos meses de edad, y nosotros también fuimos creciendo con él, y junto a él la familia fue haciéndose más grande con nuevos sobrinos que iban llegando a nuestras vidas, y que decían que Paco era su primo peludo. Mi suegra, Anita, lo crió desde bien pequeño como un “hijo”, quedándose en su casa cuando nos íbamos a trabajar (su nieto peludo) y dejándole marcadas, con sus juegos propios de la niñez perruna y esa típica desazón en el periodo de dentición, numerosas patas de sillas y mesas, recuerdos que aún perviven en su casa.

Hoy ha sido un día muy duro. Después de diecisiete años con nosotros, compartiendo muy buenos momentos, y acompañándonos, sobre todo a Mari Luz, en otros no tan buenos, nos hemos tenido que despedir de él. Llega un momento en que, por esa ley de la vida, los hombres sobrevivimos a numerosos animales, entre ellos los perros, y nuestro Paco con sus 17 años ya era un anciano con múltiples achaques y algunas limitaciones.

Nos queda la satisfacción que ha tenido una vida plena, cargada de amor, y ha vivido como uno más de la familia. También nos queda el consuelo que ha tenido una muerte digna, sin sufrimiento, y estaremos eternamente agradecidos a Bárbara y Carmen, de Clínica Veterinaria Doctor Bernal, por su gran humanidad, cariño y buen hacer en estos momentos difíciles para nosotros; Bárbara, ese ángel que irradia cariño, bondad y humanidad, que conoció a Paco con pocos meses de vida y desde entonces lo ha visto crecer, y que era la que mejor lo entendía cuando lo llevábamos a pelar, pues su carácter hacía que fuese una tarea un tanto complicada: “Los amores de Paco me vuelven loca, yo me muero por Paco y… Paco por otra” le recitaba cuando lo peinaba.

Ahora ya descansa bajo una morera en la huerta, su nuevo hogar, y seguro que esa morera crecerá aún más espléndida gracias a su cuerpo, a su ser, fusionando en ella la energía cósmica que mueve el Universo y que se transforma dando vida de un lugar a otro, de un ser vivo pasando a otro. Allí está junto a su “hermana” Plata, la gata que era de mi suegra Anita, que se criaron juntos desde niños en esa relación de amor-desamor entre dos animales de especies tan distintas y que nos dejó también hace un par de años.

Después de una mañana cargada de emociones y sentimientos tras la comida he dado una cabezada, fruto del cansancio y algunas noches de descanso interrumpido. Y he tenido un sueño, algo extraño en mí en esos cortos ratos de siesta. He soñado que Mari Luz y yo estábamos en un hotel de playa, un alto edificio con un restaurante acristalado en el último piso. Estaba anocheciendo y entrábamos en ese recinto, yendo directamente hacia uno de los ventanales que daban a la playa. Allí de pie, mirando hacia abajo veíamos a nuestro perro Paco jugando con las olas en la orilla, corriendo felizmente… y me he despertado.

Decía al principio que no sabía si los perros tenían alma; ahora estoy convencido que sí la tienen, y ese sueño ha sido inspirado por la de nuestro querido perro Paco que ha venido a despedirse, a decirnos que no nos preocupemos ni lloremos por él, que está feliz en algún lugar con un mar azul y de fina arena correteando y jugando con las olas, esperando que algún día nos volvamos a encontrar y volver a estar juntos los tres.

Hasta siempre, Paco.